Puntos de vista

/ Publicado el 31 de enero de 2026

Control cognitivo a prueba

Los errores también enseñan: cómo las personas ajustan su comportamiento tras equivocarse

Una nueva investigación explora el control cognitivo y revela que la cautela tras un error no siempre garantiza el éxito.

Autor/a: Marcos Pietto

Fuente: UADE

Detectar y corregir errores es una habilidad clave para adaptarnos y alcanzar nuestros objetivos. Este conjunto de procesos se conoce como control cognitivo, también denominado funciones ejecutivas o autorregulación, y gracias a ellos las personas podemos monitorear nuestras conductas y corregirlas cuando nos equivocamos.

A todos nos pasa: estamos por mandar un mensaje, elegimos el chat equivocado y enseguida mandamos el siguiente mensaje mucho más atentos. O estamos cocinando y, por agregar sal dos veces, en la próxima cucharada dudamos un segundo antes de seguir. Ese ‘freno’ natural es parte del mismo mecanismo que hemos estudiado.

A veces, cuando nos equivocamos, nos volvemos más cautelosos en los pasos que siguen y respondemos un poco más lento la próxima vez. Ese cambio ocurre gracias al control cognitivo, que nos ayuda a notar el error y ajustar nuestra conducta. Pero no siempre logramos detectar o corregir nuestros errores. A veces, esa cautela no alcanza y terminamos cometiendo un nuevo error. ¿Ser más cautelosos después de un error siempre mejora nuestro rendimiento o a veces puede dificultarlo?

Para responder a este interrogante, nuestro equipo de investigación analizó qué ocurre inmediatamente después de que las personas cometen un error, y 57 voluntarios realizaron la tarea clásica de la psicología cognitiva, conocida como la tarea de Simón, la cual permite examinar cómo las personas procesan los errores en tiempo real.

En nuestros estudios, las personas a veces tenían unos segundos para recuperarse del error y otras debían responder casi inmediatamente. Esa diferencia cambia muchísimo la manera en que ajustamos nuestra conducta. Si te equivocás y tenés unos segundos para pensar, tu cerebro puede acomodarse mejor, como cuando te frenás un instante antes de volver a hablar. Pero si te equivocás y enseguida tenés que responder de nuevo, actuás casi por reflejo y esa cautela no siempre ayuda.

Los participantes deben responder lo más rápido posible al color de un estímulo, ignorando la posición en la pantalla donde aparece. En estos casos, los participantes se enfrentan a un conflicto entre lo que ven y lo que deben hacer, lo que aumenta la probabilidad de equivocarse y permite estudiar cómo se detectan y corrigen los errores.

Los resultados del estudio mostraron que las personas respondían impulsivamente cuando cometían un error en comparación con cuando respondían correctamente. Además, después de un error, las personas tendían a responder con mayor cautela, aunque esa cautela no siempre se traducía en un mejor desempeño.

La efectividad de esa respuesta dependía del tiempo disponible entre un error y el siguiente ensayo. Cuando las personas contaban con un intervalo largo, la cautela resultaba más beneficiosa y podían ajustarla según el tipo de error cometido. En cambio, cuando el intervalo era corto, esa cautela parecía reflejar un ajuste más rígido e ineficiente.

En otras palabras, no toda cautela posterior a un error implica un proceso adaptativo. Cuando el tiempo es escaso, el aumento de cautela puede ser una respuesta automática, mientras que, con más tiempo disponible, las personas lograrían ajustar su conducta de manera más flexible y efectiva. Esto se refleja en los distintos tipos de errores que cometen las personas, errores más rápidos e impulsivos frente a errores más lentos. El ajuste del comportamiento fue proporcional al tipo de error solo cuando las personas disponían de más tiempo, mientras que, cuando el tiempo era menor, ese ajuste resultaba más rígido y no variaba según el tipo de error.

Estos hallazgos aportan evidencia a un debate vigente en neurociencia cognitiva: ¿Responder más lento después de equivocarnos refleja una estrategia de control adaptativo o un déficit cognitivo temporal? Ni la cautela ni su efectividad son siempre iguales. Nuestros resultados sugieren que dependen del tiempo que tenemos entre un error y el siguiente desafío, y del tipo de error que cometemos. Estos hallazgos abren nuevas preguntas sobre cómo el cerebro logra recuperarse y aprender de sus propios fallos.

En un mundo donde equivocarse es inevitable, entender cómo reaccionamos justo después de equivocarnos es clave para mejorar aprendizajes, entrenar la atención y también intervenir en situaciones donde la autorregulación funciona de manera menos eficiente.

 

 


* Marcos Pietto, docente e investigador de la Licenciatura en Psicología de UADE.