La charla de Marcelo D’Agostino sitúa la oncología digital como una pieza clave de la transformación de los sistemas de salud en las Américas y subraya que el debate ya no es “si” digitalizar, sino “cómo” hacerlo de manera equitativa, interoperable y segura. D’Agostino es referente regional en sistemas de información y salud digital de la OPS/OMS, con foco de trabajo en la transformación digital de los sistemas sanitarios en las Américas.
Su planteo enmarca la oncología digital dentro de una agenda más amplia de salud digital, que incluye historia clínica electrónica, telemedicina e inteligencia artificial; tecnologías que en la región han pasado de ser “innovaciones en discusión” a convertirse en componentes asumidos del modelo de atención.
El ponente plantea que el cáncer es un caso de uso privilegiado para la transformación digital, porque combina alto volumen de datos, trayectorias asistenciales largas y necesidad de coordinación multiprofesional.
* Iniciar la reproducción en el minuto 24:36 para ver la presentación de Marcelo D’Agostino.
La oncología digital es el uso integrado de herramientas de salud digital (registros electrónicos, teleoncología, IA, navegación digital, plataformas de información y soporte a decisión) para transformar la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el acompañamiento de las personas con cáncer.
Esta transformación no se reduce a incorporar tecnología, sino a rediseñar procesos clínicos y organizacionales para mejorar acceso, continuidad de la atención y resultados clínicos, con énfasis en la equidad regional. La digitalización en oncología puede acelerar la adopción de modelos de medicina de precisión y de atención centrada en el paciente, siempre que se cuente con datos interoperables y con marcos éticos claros.
En las Américas, no obstante, hoy tenemos una brecha de conectividad e infraestructura. Muchos países y regiones carecen de la conectividad, el equipamiento y los recursos humanos necesarios para sostener redes de oncología digital, lo que amplifica las desigualdades existentes. Además, hay una fragmentación de los sistemas de información (registros oncológicos, historias clínicas, sistemas de imágenes, plataformas de laboratorio) que impide acompañar el “viaje digital” del paciente con cáncer a través de todo el sistema.
Esto se condice con una capacitación insuficiente del personal de salud y de los equipos de gestión, lo que es un obstáculo crítico para que las soluciones digitales se traduzcan en cambios reales en la práctica. Del lado de los Estados, D´Agostino resalta la ausencia o insuficiencia de regulaciones adaptadas a la IA, al uso secundario de datos, a la telemedicina y a la seguridad de la información, especialmente en contextos oncológicos.
D’Agostino enfatiza que la IA en salud —y en particular en oncología— debe entenderse como tecnología para aumentar la capacidad de los equipos, no para reemplazarlos. Y describe desafíos socioculturales específicos: la resistencia a la adopción de la IA, la tendencia a antropomorfizar chatbots y sistemas inteligentes, y una mediatización exagerada de la IA que genera expectativas irreales o miedos infundados.
La región ya cuenta con marcos estratégicos aprobados por los ministerios de Salud que pueden guiar la oncología digital, como las estrategias regionales de eSalud y de sistemas de información para la salud lideradas por la OPS. Esta última, como institución rectora, defiende un modelo basado en principios para la transformación digital del sector salud (gobernanza, interoperabilidad, seguridad, arquitectura de información, talento humano, enfoque en equidad, entre otros), que deberían ser aplicados explícitamente al campo oncológico.
Pero para ello, y antes que el cambio cultural en IA, es importante ordenar los procesos: lo que no está claro en la práctica clínica no se puede llevar con éxito a un software, menos aún en un dominio complejo como la oncología.
El mensaje central de D’Agostino es que la oncología digital representa una oportunidad histórica para reducir inequidades y mejorar los resultados en cáncer en América Latina, pero solo se materializará si la región enfrenta deliberadamente sus brechas de infraestructura, gobernanza, regulación y capacidades humanas, con un cambio cultural que debe ser correlativo a un cambio en las perspectivas de los Estados. En el fondo, la necesidad es tener un ecosistema de colaboración entre instituciones, desarrolladores tecnológicos, organismos reguladores y pacientes, con estándares comunes.