Noticias médicas

Publicado el 9 de febrero de 2009

Polémica en Italia

Llegó a su fin la agonía de Eluana

Murió ayer, tras pasar 17 años en coma.

Fuente: La Nación

Después de permanecer 17 años en coma, a las 20 de ayer (las 17 en la Argentina) llegó a su fin la agonía de Eluana Englaro. En el centro de una encendida batalla política y de un debate que dividió y conmocionó como nunca a los italianos, Eluana, de 38 años, murió cuatro días después de que un equipo médico le suspendiera la alimentación e hidratación artificial, en cumplimiento de una sentencia de la Corte de Casación, la máxima instancia judicial del país.

Eluana, que había sufrido un gravísimo accidente automovilístico el 18 de enero de 1992, murió justo cuando el Senado había comenzado a discutir un proyecto de ley impulsado a último momento por el gobierno de Silvio Berlusconi para evitar "una condena a muerte".

Berlusconi, que en los últimos días se había transformado en el máximo defensor de la vida vegetativa de Eluana, lo que lo llevó a enfrentarse tanto con el padre de la mujer como con el presidente de la República y la Justicia, expresó su "amargura" por el hecho de que la acción del gobierno no haya alcanzado "para salvar una vida".

Si bien en el Parlamento, que esperaba aprobar la ley "a medida" mañana, en tiempo récord, se hizo un minuto de silencio por Eluana, inmediatamente después hubo peleas y escándalo entre legisladores del gobierno y de la oposición. El revuelo empezó cuando un senador oficialista, Gaetano Quagliarello, denunció: "¡Eluana no murió: fue asesinada!". Las réplicas de la bancada de centroizquierda no tardaron en llegar. "Se sigue haciendo el enésimo acto de escándalo político sobre la muerte de Eluana", dijo la senadora Anna Finocchiaro. "Con todos los medios posibles, trataremos de oponernos a este proyecto", afirmó, por su parte, la senadora opositora Emma Bonino, del Partido Radical, quien denunció "una ola gigantesca, televisiva y de la prensa escrita, de manipulación de la verdad".

En un clima de altísima emotividad en todo el país, hubo gritos parecidos entre los numerosos activistas pro vida que se encontraban fuera de la clínica La Quiete, de Udine, en el Nordeste, cuando trascendió la noticia del fallecimiento. "¡La mataron! ¡La mataron!", clamaron algunas voces, mientras muchas otras comenzaron a rezar.

En una nueva táctica para intentar detener lo que consideraba eutanasia, práctica ilegal en Italia, el gobierno había puesto en las últimas horas en la mira a la clínica La Quiete. Esta había sido considerada "no apta" por inspectores del Ministerio de Salud, por lo que durante toda la jornada había habido rumores de que la policía iba a declarar "bajo secuestro" la habitación de la planta baja donde estaba Eluana, sin alimentación desde hacía cuatro días, y con sedantes.

Tal como la justicia había autorizado en noviembre pasado, después de años de idas y venidas, la joven había sido llevada allí el martes pasado desde Lecco para emprender su último viaje, tal como su papá, Beppino Englaro, siempre había querido.

"Sí, nos ha dejado, pero no quiero decir nada. Sólo quiero estar solo", dijo anoche entre lágrimas Beppino, que no se encontraba junto a su hija cuando murió (ver aparte), pero que pasó los últimos diez años de su vida luchando para que la justicia reconociera la voluntad de su hija de no vivir en ese estado vegetativo, tal como ella le había dicho poco antes de morir, después de ver a un amigo en coma tras un accidente.

Dudas y reacciones

"Murió de improviso, y es algo que no preveíamos. Tuvo una crisis repentina; la autopsia que ya había sido programada tendrá la última palabra", explicó Carlo Alberto Defanti, el neurólogo que seguía desde hacía años a Eluana.

"Es extraño que, a sólo tres días y medio del inicio de la suspensión de la nutrición artificial, Eluana haya muerto", dijo, por su parte, Gianluigi Gigli, otro neurólogo que, desde la vereda de enfrente, luchó hasta último momento para salvar a la mujer, y que ayer pidió que se efectuaran "inmediatamente los análisis toxicológicos y la autopsia judicial para conocer la verdadera causa" de la muerte repentina de Eluana.

El Vaticano, que batalla desde hace años para que en Italia no haya nada parecido a la eutanasia, como ocurre en otros países europeos, y que en los últimos días había aplaudido la cruzada ética emprendida por el gobierno de Berlusconi, tuvo una reacción dura.

"Fue un homicidio", sentenció el cardenal portugués José Saraiva Martins, que manifestó un "inmenso dolor ante la violencia con la que ha sido suprimida esta vida humana".

"Que el Señor la reciba y perdone a quien la ha llevado a ese punto", clamó, por su parte, el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, una suerte de "ministro de Salud" del Papa, que consideró que si la muerte de Eluana se debió a una intervención humana, "fue un delito".

Otro tono tuvo la declaración del padre Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, que llamó a que la muerte de Eluana fuera "motivo de reflexión tranquila y de búsqueda responsable de mejores vías para acompañar en el debido respeto por la vida, en el amor y en el cuidado atento a las personas más débiles".

Benedicto XVI, en tanto, se refirió por tercer día consecutivo de manera indirecta al caso, al señalarle al nuevo embajador brasileño en la Santa Sede que "la santidad de la vida debe preservarse desde la concepción hasta su fin natural".

Mientras la clínica de Udine se convirtía anoche en lugar de peregrinación de centenares de personas que se acercaron para rezar, dejar velas, flores o carteles en apoyo de la familia de Eluana, en el mundo político no se aplacaban las polémicas. Miembros del gobierno denunciaban que había habido un homicidio y la oposición de centroizquierda acusaba al Berlusconi de haber intentado involucrarse y capitalizar un asunto humano privado.

En un marco de gran exaltación, sólo llegaron palabras moderadas de boca del presidente, Giorgio Napolitano, que volvió a ser atacado por el oficialismo por haberse negado el viernes pasado a poner su firma a un decreto de urgencia que tenía como fin impedir la muerte de Eluana.

"Ante el epílogo de un largo y trágico caso -dijo Napolitano-, el silencio que un natural respeto humano exige de todos puede dejar espacio sólo a un sentimiento de profunda participación en el dolor de los familiares y de quienes estuvieron cerca de la pobre Eluana."

Las claves del drama

18 de enero de 1992: a los 20 años, Eluana Englaro queda en estado de coma vegetativo irreversible tras un accidente automovilístico.

1999: el padre de Englaro, Beppino, comienza una batalla legal para que desconecten el tubo de alimentación de su hija, alegando que antes del accidente ella había expresado su deseo de no ser mantenida con vida artificialmente.

9 de julio de 2008: por primera vez en Italia, una corte de apelaciones de Milán autoriza que se interrumpa la alimentación e hidratación. Los fiscales federales apelan el veredicto.

8 de octubre de 2008: la Corte Suprema italiana rechaza la apelación de los fiscales federales e indica que Beppino puede desconectar el tubo de alimentación. El 13 de noviembre, la Corte de Casación ratifica esa autorización.

6 de febrero de 2009: los médicos de una clínica en Udine dejan de alimentar a Englaro para dejarla morir. El primer ministro Silvio Berlusconi emite un decreto de emergencia ordenando que se reanude su alimentación, pero el presidente Giorgio Napolitano se niega a firmarlo. Eluana muere tres días más tarde.

Polémica en Italia
Dramático testimonio sobre el fin de Eluana
Pesaba 40 kilos y estaba irreconocible

Elisabetta Piqué, Corresponsal en Italia

ROMA.- Eluana Englaro estaba "irreconocible" respecto de las fotos que todos conocen, y verla en su cama de la clínica La Quiete "fue devastador".

Al día siguiente de la muerte de Eluana, que permaneció 17 años en coma y cuyo caso reavivó la polémica sobre la eutanasia, comenzaron a revelarse terribles detalles del estado en el que se encontraba. Englaro falleció luego de que el sábado pasado se le interrumpiera la alimentación artificial, de acuerdo con una sentencia que el gobierno de Silvio Berlusconi intentó impedir hasta el final.

"Eluana no murió de muerte natural, fue asesinada", dijo ayer Berlusconi al acusar al presidente de izquierda Giorgio Napolitano por el desenlace del caso.

Según una periodista de la RAI, Marinella Chirico, que pudo verla el domingo, Eluana estaba muy lejos de ser esa mujer que "hasta podría tener hijos" de la que había hablado el premier Berlusconi.

"Estaba totalmente irreconocible, era una mujer completamente inmóvil, que los enfermeros estaban obligados a mover cada dos horas para evitar que su cuerpo se llenara de llagas", dijo Chirico.

"Era una situación devastadora", añadió la reportera, que, como seguía desde hace años el caso, mantiene una estrecha relación afectiva con la familia Englaro. De hecho, ésta le ofreció ver a Eluana cuando desde el gobierno de Berlusconi comenzó a ponerse en duda el estado real de la mujer de 38 años, que había sufrido en 1992 un accidente automovilístico.

"Como la polémica seguía creciendo y Beppino [el padre de Eluana] estaba muy angustiado porque no le creían cuando decía que su hija estaba en condiciones desesperadas, querían que la viera un periodista, pero también alguien de confianza", explicó Chirico.

Otros detalles del estado de la mujer los brindó el Corriere della Sera que, sobre la base de revelaciones del padre, escribió que Eluana pesaba menos de 40 kilos y que tenía los brazos y las piernas encogidas. Agregó que sólo podía yacer de lado porque con el vientre hacia arriba podía ahogarse por los líquidos que le fluían de su estómago atrofiado, y que permanecía apoyada sobre el lado derecho del cuerpo, lo que le causaba llagas y laceraciones en la piel, que tenía hasta en la cara. Además, se le habían afilado las facciones del rostro y los párpados permanecían medio cerrados en forma casi constante.

"Lo sé, sería el arma atómica. Viendo las fotos de cómo es hoy Eluana muchas personas callarían", había dicho el padre antes de la muerte de su hija. Beppino Englaro batalló judicialmente más de diez años para cumplir con la voluntad de su hija de no seguir viviendo como un vegetal, tal como le había revelado poco antes de entrar en coma.

El Corriere también reveló que en la región del Friuli, donde queda Udine, la ciudad donde murió Eluana, su padre, tildado por algunos "un verdugo", deberá moverse con escoltas.

A la espera del resultado de la autopsia, trascendió que Eluana será enterrada en la tumba que tiene su familia en el pueblo de Paluzza. Aunque aún no hay fecha, no habrá ceremonia fúnebre, sino tan sólo una bendición.

EL PAÍS  -  Sociedad - 11-02-2009

Italia después de Eluana
Pidan perdón a Beppino Englaro

Por Roberto Saviano 
 
Como italiano, siento la necesidad de esperar que mi país pida perdón a Beppino Englaro. Perdón porque a los ojos del mundo ha demostrado ser un país cruel, incapaz de comprender el sufrimiento de un hombre y de una mujer enferma. Y que se ha puesto a gritar, y a acusar, animando a uno y otro bando. Pero no había bandos. No se trata de apostar por la vida o la muerte. No es así.

Beppino Englaro no era partidario de la muerte de su hija, y hasta su mirada muestra las huellas del dolor de un padre que ha perdido toda esperanza y felicidad, e incluso belleza, a través del sufrimiento de su hija. Beppino debía ser respetado como hombre y como ciudadano independientemente de lo que cada uno piense. También, y sobre todo, si no pensaba como Beppino. Porque ha sido un ciudadano que se ha dirigido a las instituciones, y porque luchando dentro de las instituciones y con las instituciones sólo ha pedido que se respetase la sentencia del Tribunal Supremo.

Sin duda, quienes no comparten la postura de Beppino (y la que Eluana había transmitido a su padre) tenían el derecho y el deber, impuesto por su propia conciencia, de manifestar su oposición a que se interrumpiesen la alimentación mediante sonda y la hidratación. Pero la batalla debía hacerse siguiendo la conciencia de cada uno, y no intentando intervenir poniendo trabas al Tribunal Supremo. Beppino ha preguntado a la ley y la ley le ha confirmado que tenía derecho. ¿Ha bastado esto para desencadenar la rabia y el odio contra él? ¿Es la caridad cristiana la que hace que le llamen asesino? Hace que un grupo de personas que no saben nada del dolor de una hija inmóvil en una cama le increpen como a un conde Ugolino que, igual que en el Infierno de Dante, devora a sus hijos por el hambre. Y dicen estas idioteces en nombre de un credo religioso.

Pero no es así. Yo conozco una iglesia que en mi pueblo es la única que se encuentra en territorios más complejos, junto a las situaciones más desesperadas, la única que ofrece dignidad de vida a los inmigrantes, a quienes son ignorados por las instituciones, a quienes no consiguen salir a flote en esta crisis. La única que proporciona alimento y que está presente entre aquellos que no encontrarían a nadie que les escuchara. Los padres combonianos, igual que la comunidad de San Egidio, el cardenal Sepe, y también el cardenal Martini, son órdenes, asociaciones y personalidades cristianas fundamentales para la supervivencia de la dignidad de mi país.

Conozco esta historia cristiana. No la de la acusación a un padre indefenso y solo y con la fuerza del derecho. Beppino, por respeto a su hija, ha difundido fotos de Eluana sonriente y bellísima, precisamente para recordarla en vida, pero podría mostrar el rostro hinchado y deformado de los últimos años que ha pasado tumbada en una cama, sin expresión y sin pelo. Pero no quería vencer con la fuerza del chantaje de la imagen, sino sólo con la fuerza del derecho que hace que una persona decida su propio destino. A quienes pretenden hacer méritos con la Iglesia fingiendo a menudo afecto hacia la pobre Eluana les pregunto: ¿dónde estaba la Iglesia cuando atronaba la guerra contra Irak? ¿Dónde están los políticos cuando la Iglesia pide humanidad y respeto para los inmigrantes apiñados entre Lampedusa y los abismos del Mediterráneo? ¿Dónde están estos políticos cuando la Iglesia, a menudo en ciertos territorios la única voz de resistencia, solicita una intervención decisiva en el sur y contra las mafias? Sería bonito poder pedir a los cristianos de mi país que no crean en quienes sólo se sienten con ánimos para especular sobre debates en los que no hay que demostrar nada con hechos, sino sólo tomar partido.

Lo que ha faltado estos días, como siempre, ha sido la capacidad de percibir el dolor. El dolor de un padre. El dolor de una familia. El dolor de una mujer inmóvil desde hace años y en una situación irreversible y que había expresado a su padre una voluntad. Y que personas que ni siquiera la conocían y que no conocen a Beppino ahora pongan en duda esa voluntad. Y que demuestran poco o ningún respeto al derecho. Incluso cuando se considera que no es posible compaginar este derecho con la moral de uno, y precisamente porque es un derecho se puede ejercer o no. Ésta es la maravilla de la democracia. Comprendo la voluntad de empujar a las personas a no disfrutar de este derecho. Pero no a negar el derecho en sí. El espectáculo que en España, igual que en Europa, ha dado Italia de un país que ha especulado por enésima vez. Muchos políticos han vuelto a utilizar el caso Englaro para tratar de crear consenso y distraer a la opinión pública, en un país al que la crisis ha puesto de rodillas, y en el que la crisis está permitiendo a los capitales criminales devorar a los bancos, donde los sueldos están congelados y no parece que haya solución.

Pero ésta es otra historia. Precisamente en un momento de crisis, de frases hechas, de poco respeto, Beppino Englaro ha dado fuerza y sentido a las instituciones italianas y a la posibilidad de que un ciudadano de nuestro país aún pueda tener esperanza en las leyes y en la justicia. Creo que esto debe ser evidente también para quienes no aceptan que se quiera suspender un estado vegetativo permanente y consideran que cualquier forma de vida, incluso la más inerte, debe ser tutelada. Quizá el error de Beppino haya sido la ingenuidad y la corrección de creer en las posibilidades de justicia en Italia. Y en cambio, debía emigrar, igual que emigran todos los que quieren una vida mejor y distinta. Desde Italia ya no se emigra sólo para encontrar trabajo, sino también para nacer y para morir. Y para obtener justicia.

Me he preguntado por qué Beppino Englaro, como, por otra parte, alguien le había sugerido, no consideró oportuno resolverlo todo a la italiana. En los hospitales muchos susurraban: "¿Por qué convertirlo en una batalla simbólica? Se la lleva a Holanda y asunto concluido". Otros aconsejaban el acostumbrado método silencioso, dos billetes de 100 euros a una enfermera experta y todo se habría resuelto enseguida y en silencio. Eutanasia clandestina.

Como en la película Las invasiones bárbaras [Denys Arcand], en la que un profesor canadiense con una enfermedad terminal y presa de horribles dolores se reúne con sus amigos y familiares en una casa junto a un lago y, gracias al apoyo económico de su hijo y de una enfermera competente, practica la eutanasia de forma clandestina.

Y quizá sólo en estas circunstancias consigues explicarte la historia de Sócrates y sólo ahora entiendes, después de haberla escuchado miles de veces, por qué bebió la cicuta en lugar de escapar. Todo esto se vuelve actual y resulta evidente que ese querer permanecer, esa vía de escape ignorada, y de hecho aborrecida, es mucho más que una campaña a favor de una muerte digna individual; es una batalla en defensa de la vida de todos.

Beppino Englaro, con su batalla, ha abierto un nuevo camino, ha demostrado que en Italia no existe nada más revolucionario que la certeza del derecho. Si en mi tierra fuera posible dirigirse a un tribunal para ver reconocido, en un plazo de tiempo adecuado, la base del propio derecho, no sentiríamos la necesidad de recurrir a otras soluciones.

Y a él le corresponde el mérito de habernos enseñado a allanar el camino de las instituciones, y a recurrir a la magistratura para ver afirmados los derechos de uno en un momento de profunda y tangible desconfianza. Y a pesar de todas las peripecias burocráticas, al final ha demostrado que en el derecho tiene que existir la posibilidad de encontrar una solución.

Por una vez en Italia la conciencia y el derecho no emigran. Por una vez no hay que salir fuera para obtener algo, o solamente para pedirlo. Por una vez no buscamos que nos escuchen en otro lugar; es imposible que un ciudadano italiano, independientemente de su forma de pensar, no considere a Beppino Englaro un hombre que está devolviendo a nuestro país esa dignidad que a menudo nosotros mismos le quitamos.

Imagino que Beppino Englaro, al mirar a su Eluana, sabía que el dolor que ha sentido su hija es el dolor de cualquier individuo que lucha por la afirmación de sus derechos. Ha hecho que se descubra de nuevo una de las maravillas olvidadas del principio democrático, la empatía, cuando el dolor de uno es el dolor de todos. Y así, el derecho de uno se convierte en el derecho de todos.

Estas palabras mías terminan dando las gracias a Englaro, porque si mañana en Italia cualquiera puede decidir si en caso de encontrarse en estado neurovegetativo quiere ser mantenido en vida por las máquinas durante décadas o elegir su final sin emigrar, como siempre, se lo deberemos a él. Es esta Italia del derecho y de la empatía la que permite respetar y comprender también elecciones distintas en las que sería hermoso reconocerse.