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Publicado el 24 de agosto de 2006

Procedimientos

Ligadura de trompas: la experiencia del Hospital Álvarez

Tres años antes de la ley, en Flores, un equipo de profesionales implementó un modelo serio de anticoncepción quirúrgica.

Las mujeres se fueron enterando de boca en boca. Muchos hijos y varias cesáreas son los motivos más frecuentes por los que las mujeres eligen la anticoncepción quirúrgica. Hasta ahora, los hombres no lo pidieron.

Por María Farber. Especial para Clarín.com.

A sus 28 años Juana acaba de tener a su octavo hijo por cesárea. Había pensado, en su séptimo embarazo, hacerse una ligadura de trompas. Pero en aquel momento, el hospital donde se atendía no hacía el procedimiento. Llegó el octavo y Juana ya estaba decidida: "no daba más, así que empecé a averiguar dónde podía hacerlo", dice. En el Hospital Alvarez de la Ciudad de Buenos Aires, durante su cesárea programada, ligó sus trompas. "Me explicaron todo, me preguntaron si no iba a arrepentirme dentro de unos años, si no voy a querer embarazarme de nuevo cuando los chicos ya estén grandes. Pero estoy segura, no quiero más hijos. Y quiero algo definitivo".

El derecho a la anticoncepción quirúrgica es ley nacional desde el 9 de agosto pasado. Sin embargo, en el Hospital Alvarez, la ligadura tubaria, o ligadura de trompas, se realiza desde hace tres años . "Empezamos en 2003 porque en ese momento el secretario de salud del Gobierno de la Ciudad firmó una resolución basada en el consenso de expertos sobre ligadura de trompas, que resolvía dos cosas: que la ligadura es una intervención que no necesita pedido judicial ya que puede ser dirimido por el profesional médico y, segundo, que tampoco es necesario el consentimiento del cónyuge. A su vez teníamos otra discusión: la ley de ejercicio profesional decía que lo que dañara o pudiera impedir la fertilidad eran lesiones graves, mientras que nuestro código profesional lo tiene aceptado por incapacidad o riesgo de vida de la madre", explica Diana Galimberti, directora del hospital.

Finalmente el debate dio frutos, se diseñó un protocolo, un consentimiento informado y un instructivo para los médicos . Aún al desamparo de la ley, los criterios de la OMS y resoluciones de la defensoría del pueblo, funcionaron como resguardo. El servicio se puso en marcha. "Para nosotros quedó definido que la salud es un bien biopsicosocial, no la ausencia de enfermedad, entonces el caso de una mujer que puede tener un daño psicológico y corre riesgo su salud mental, tiene tanta validez como el caso de una mujer que tuvo ocho cesáreas y puede romperse el útero en un nuevo embarazo", dice Galimberti.

Desde 2003 hasta ahora unas 150 mujeres ligaron sus trompas, el promedio de edad de las pacientes es de 35 años y siete es el número de hijos promedio. Ninguna de las mujeres que lo realizaron expresaron arrepentimiento. Del total de nacimientos que se producen en el hospital, el cuatro por ciento va acompañado de la decisión de una ligadura. El 36 por ciento de los procedimientos se realizaron durante una cesárea, el 13 inmediatamente después dar a luz y un cuatro por ciento no estuvo relacionado al momento del parto. "En principio planteamos esto como una intervención en relación al embarazo. Nosotros somos un servicio de obstetricia por lo tanto nuestras pacientes son embarazadas", explica Analía Messina jefa del servicio de obstetricia.

Alejandra tiene 31 años, acaba de tener a su sexto hijo, padece anemia crónica, tuvo varias cesáreas. Su salud fue uno de los factores que la llevó a pensar en una ligadura, y también las dificultades para mantener a los chicos. "Tenía muchas dudas que pude resolver. Investigué el tema durante todo este tiempo. Venía prácticamente todas las semanas y finalmente tomé la decisión. Fue mi decisión más que nada, a mi marido le daba un poco de miedo, pero lo convencí. Me pareció una buena opción en mi caso personal. Es algo seguro, que no me va a fallar. Ahora la lucha va a ser criar a los hijos hasta que sean grandes y después pasaremos a tener el rol de abuelos". Graciela comparte la preocupación por su salud y por los chicos, a sus 34 años y con tres hijos decidió hacer la ligadura. "La decisión tuvo que ver con mi salud, porque soy hipertensa y tuve a mis hijos por cesárea. Lo decidí con mi marido, pero es algo muy personal de la mujer. Elegí este y no otro método anticonceptivo porque es irreversible y no quiero tener más hijos. Para tener chicos hay que ser responsable por ellos; para mí, con tres está bien."

"El proceso de toma de decisión es muy importante y muy respetado. Esta decisión implica un antes y un después en la vida de una persona", explica Messina. "Mucha gente pide la ligadura porque no tuvo acceso a otros métodos anticonceptivos. Por eso siempre les ofrecemos otras alternativas no definitivas y muchas veces aceptan. Se trata de trabajar bien en la toma de decisión. Las pacientes se llevan a su casa un consentimiento informado que es muy explicativo. Luego, si avanza con la idea, hacemos una serie de preguntas que nos garantizan que la paciente tomó la decisión en forma libre e informada. Se escucha, se informa y se le da tiempo", subraya Messina. La decisión es definitiva, si bien existen técnicas para revertir la ligadura, las posibilidades de éxito son pocas. "Les explicamos que si bien existe un procedimiento, nosotros acá no tenemos los recursos para hacerlo. Tampoco tenemos la capacidad aquí y ahora para hacer una fertilización asistida. Todo esto queda claro. Por eso el consentimiento informado dice que esta es una decisión permanente".


Cuándo no

Existen situaciones en las que no se recomienda la anticoncepción quirúrgica. "Según literatura internacional sabemos que las mujeres menores de 30, sin hijos, o con una situación emocional o social inestable, hay más posibilidades de que se arrepientan", explica Analía Messina. Si aparecen dudas respecto de un caso, los médicos buscan consenso con otros especialistas como sociólogos y psicólogos.

Cuando la intervención se programa durante la cesárea o en el postparto, puede suspenderse si la salud del recién nacido está en riesgo. "Si el resultado perinatal no es certero, si hay algún problema con la salud del bebe, no hacemos el procedimiento, esperamos. Nos comprometemos a hacerlo seis meses más tarde, cuando el peligro haya pasado", señala Messina.