¿Es éste un documental sobre Leopoldo Federico o sobre su director, Cristian Pauls?
Enigma de difícil resolución, porque el segundo largometraje del realizador de Sinfin (La muerte no es ninguna solución) parece por momentos tanto un sensible retrato del primero como una sincera confesión del segundo. Es que, quizás, si para bailar un tango se necesitan dos, para filmarlo también.
Y si hay que rescatar el presente, antes que se vuelva pasado, Por la vuelta es un film necesario. También sincero y emotivo. Pauls elude la fácil tentación de hacer un espectáculo for export. En su lugar, se acerca, casi timidamente, a uno de los mejores bandoneonistas con pudor y calidez. Y Federico lo deja hacer manifestando las mismas condiciones. En silencio, con algún diálogo o con la acariciante melodía de un tango, Pauls pasea la cámara por la casa del músico, recorre las calles que aquel recorrió, trata de imaginar el Buenos Aires que frecuentó y le sirvió de inspiración, interrumpe su película cuando su personaje cae gravemente enfermo, la retoma con su recuperación. Deja que Federico hable, a veces espontáneamente. Otras incitándolo. Mientras el fuelle no rezonga, lo deja citar a sus admirados colegas.
El espíritu de Troilo y Piazzola andan por ahí. En una grabación o en la lectura de una discusión epistolar. También Cortázar, Maffia, Laurentz y Demare. Pauls lo registra ensayando y enseñando. Caminando y observando. No es una película nostálgica ni melancólica. Es que la vitalidad y voluntad de Federico no lo permite. Es cadenciosa, sentimental y vivificante. Como el tango. Como lo sentirá todo aquel que no haya reemplazado su corazón porteño por una hamburguesa con papas fritas.
Por la vuelta se estrena el jueves 5 de junio en el Centro Cultural Ricardo Rojas y se proyectará durante todo el mes . Las funciones serán los lunes a las 15 y los jueves a las 22.