Legados que cumplir
Guillermo Boido
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
Universidad de Buenos Aires
Escribe Erich Fromm que ninguna idea, por potencialmente enriquecedora que sea, puede influir profundamente en los hombres si previamente no es experimentada en carne propia por aquél que la crea y la propone. Ésta es la condición del profeta. Por ello, Sócrates o Cristo han podido serlo y merecen ser así llamados. Pero a la muerte del profeta le subsigue el sacerdote. El sacerdote afirma difundir el mensaje del profeta, pero, en realidad, en muchos casos, asegura que la idea del profeta ha de tener una “formulación correcta” para ser comprendida por las gentes, pues éstas son por naturaleza incapaces de velar por sí mismas, dirigir su propia vida, comprender en profundidad aquel mensaje. La idea del profeta pierde entonces su vitalidad, se convierte en una mera fórmula. El sacerdote, de este modo, administra la idea del profeta y ello le permite ejercer el poder. Invocando la herencia del profeta, intenta controlar a las gentes en pensamiento y acto, e incluso, nos dice Fromm, protege así sus intereses de clase. Así, allí donde el profeta ha predicado y vivido la idea de libertad, el sacerdote la administra, de acuerdo con su propia formulación, y afirma que el hombre no es aún capaz de ser libre. El sacerdote, en este ejercicio del poder, decide quién es el creyente y quién el réprobo, quién ha de ser premiado y quién ha ser castigado. Por ello, el sacerdote puede perseguir, encarcelar, torturar y asesinar en nombre de la libertad que pregonaba el profeta. La historia es testigo de ello.
A estas dos categorías que nos presenta Fromm, permítaseme agregar una tercera: la del maestro. El maestro difunde la idea del profeta sin adulteraciones. No cree que haya que reformularla, porque el mensaje está allí, en las palabras del profeta. No se propone administrarla en su propio beneficio. No desea ejercer el poder. También el maestro vive, padece, la idea del profeta, pero su misión, su destino, es ofrecer a todos y a cada uno de nosotros la posibilidad de que la vivamos y padezcamos tal como lo ha hecho el profeta. El maestro sostiene que convertir la idea del profeta en una fórmula es pervertir su pensamiento. Por todo ello, aborrece, denuncia al sacerdote, se convierte en su enemigo más peligroso. Porque, si el mensaje del maestro llegase a calar hondo entre las gentes, quedaría en evidencia toda la inhumanidad y el egoísmo del sacerdote, todo ese andamiaje que el sacerdote ha construido para controlar a las gentes en pensamiento y acto. Como consecuencia, el sacerdote, en ejercicio de un poder del que carece el maestro, puede declararlo réprobo y digno de castigo por traicionar la idea del profeta. Es más, puede delegar en sus fieles la tarea de castigar al maestro.
Nuestra época parece estar hecha a la medida de sacerdotes que no requieren de profetas. Estos nuevos sacerdotes no necesitan reformular ideas: les basta con entregarnos fórmulas que ellos mismos han concebido. Nos dicen: hemos despertado de un sueño, todo era una ilusión. Inocentemente, hemos creído en la utopía, en los valores del pensamiento crítico, del conocimiento y la expresión, de la alteridad, del compromiso social con los desposeídos. El recurso a la razón es ilusorio, afirman, y la fraternidad, un trasto viejo. La historia es el relato de un idiota, carece de sentido. Toda profecía supone un legado histórico que cumplir, nos dicen los maestros, pero los nuevos sacerdotes nos liberan de ese compromiso, de esa responsabilidad, porque ya no hay profecías. Las ideologías han muerto, afirman, en términos de la más siniestra ideología. Y a cambio de que aceptemos la desesperanza, a cambio de que aceptemos que ellos pensarán por nosotros, ¿qué nos ofrecen estos nuevos sacerdotes? Nos ofrecen los fetiches de la superficialidad, de la frivolidad, de la estulticia, de la fama, de la irracionalidad y el fanatismo, del mercado, del egoísmo, de la salvación personal por el recurso a la corrupción y a los juegos de azar. Los maestros, como siempre lo han hecho, denuncian a los nuevos sacerdotes. Pero éstos, para castigar a los maestros, no recurren ya a la cárcel o el destierro: les basta con exigirnos que les destinemos la indiferencia. Si la modernidad era un discurso vacío, nos dicen los nuevos sacerdotes, el maestro predica acerca de caducas profecías, esto es, de espejos en los que ya no podemos reflejarnos. El maestro es, por tanto, un vendedor de añejas ilusiones. Estos sacerdotes nos piden, nos exigen, que destinemos la indiferencia al mensaje de los maestros, que los dejemos predicar en el desierto, y es más: que seamos el desierto.
He escrito estas breves reflexiones pensando en un maestro de muchas generaciones: Gregorio Weinberg. No se trata aquí de resumir las infinitas expresiones de su magisterio, en cátedras, clases, conferencias, escritos, traducciones, proyectos educativos y científicos nacionales e internacionales. Ni siquiera de destacar su credo humanista, su protagonismo social orientado a extender sin límites su concepción de una cultura viva y democrática. Pero sí destacar la energía y la dureza con que ha denunciado la prédica de los nuevos sacerdotes de la posmodernidad y el neoliberalismo, de su cultura light, de su profundo desprecio por los valores y derechos humanos, de su esencial egoísmo, de su intenso amor por la muerte. Alguna vez, en un rapto fugaz de desaliento, Weinberg nos ha dicho con dolor acerca de ellos: nos han robado la razón y la esperanza. Pero yo quisiera desmentirlo. Han tratado de hacerlo, pero no lo han logrado, al menos en la conciencia de aquéllos cuya tarea primordial es sostener los valores de la civilización. Porque la palabra de maestros como Weinberg no ha caído en tierra yerma. De ese magisterio hemos heredado ese amor por la razón y la esperanza que ningún sacerdote ha podido arrebatarnos. Y ya no se trata de traer aquí solamente el testimonio de mujeres y hombres de mi generación. Nosotros, en épocas a menudo aciagas, incluso en años de plomo, hemos tratado de recoger ese legado histórico. No sé si lo hemos logrado, pero al menos lo hemos intentado. Prefiero pensar, en cambio, en las jóvenes generaciones. La juventud no es sólo aquélla que aparece en los medios, en los programas televisivos de la farándula, en las revistas del espectáculo o incluso en las noticias policiales. Hay un sector de la juventud que los medios ignoran, que trabaja silenciosamente en el aula o el taller, en la biblioteca, en el laboratorio, en los ámbitos de la creación cultural, filosófica, educativa, científica y tecnológica. Tampoco a ellos los nuevos sacerdotes han logrado quitarles la razón y la esperanza. Con infinito dolor, ellos construirán un futuro. Será una empresa ardua. Pero lo harán. Y en ese futuro habrá, como lo hay ahora, para nosotros, lugar para la utopía, para el pensamiento crítico, para la solidaridad. Y habrá también, querido maestroWeinberg legados históricos que cumplir.
Con ligeras modificaciones, este texto fue publicado en Mendoza, A. (comp.), Del tiempo y las ideas. Textos en honor de Gregorio Weinberg, Buenos Aires, 2000, en ocasión de cumplir el profesor Weinberg ochenta años de edad.
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Dr. Gregorio Weinberg (1919-2006), breve reseña.
Escritor, investigador, docente y pensador. Gran humanista y maestro de muchas generaciones.
Títulos:
Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires.
Profesor Honorario de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad.
Con anterioridad: Profesor Titular de Pensamiento Argentino y Latinoamericano (Dto.Filosofía) y de Historia de la Educación Argentina y Latinoamericana (Dto. Ciencias de la Educación), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
Cargos desempeñados:
Director del Centro de Documentación Internacional (Proyecto Conjunto Gobierno Argentino / UNESCO).
Director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina.
Director y Vicepresidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Miembro del Consejo para la Consolidación de la Democracia (con jerarquía de Secretario de Estado).
Profesor Titular de Historia de la Educación Argentina y Latinoamericana; de Pensamiento Argentino y Latinoamericano y Cátedras todas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
Miembro de la Academia Nacional de Educación
Vicepresidente del CONICET (1986-1988),
Consultor de Naciones Unidas y de UNESCO
Miembro de la Comisión Internacional, con sede en París, encargada por la UNESCO de preparar la "Historia Científica y Cultural de la Humanidad" y Vicepresidente de la
Comisión Internacional con sede en París encargada por la UNESCO de preparar la "Historia General de América Latina".
Presidente del Consejo Superior de FLACSO con sede en Costa Rica.
Director de la Biblioteca "Dimensión Argentina".
Premios y distinciones recibidas:
Primer Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires. Género Ensayo
Premio Nacional de Literatura. Género Ensayo
Premio Mecenas.
Premio Konex de Brillante- Humanidades.
Premio Konex de Platino- Teoría e Investigación.
Diploma al mérito Fundación Konex-Humanidades
Diploma al mérito Fundación Konex- Literatura.
Premio Consagración Nacional.
Premio Interamericano de Cultura Gabriela Mistral.
Condecorado por el Gobierno Francés con la Orden de las Artes y las Letras y la Orden de las Palmas Académicas.
Declarado Ciudadano Ilustre por la Honorable Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Medalla Aristóteles concedida por la UNESCO.
Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.
Doctor Honoris Causa de la UBA.
Entre sus obras se destacan:
El descontento y la promesa (Ed. de Belgrano). Mariano Fragueiro. Un pensador olvidado (Ed.Solar). Modelos educativos en la historia de América Latina (4a. ed. Ed.A/Z). Ilustración y educación superior en Hispanoamérica (ANE). La ciencia y la idea de progreso en América (FCE).Sarmiento, Bello, Mariatégui y otros ensayos (ANE). Historia de la Educación Latinoamericana e Historia de la Tradición Científica de América Latina."Mariano Fragueiro. Pensador Olvidado" ."El descontento y la promesa" ."Ensayos sobre la educación y cultura" ."Modelos educativos en la historia de América Latina" ."Tiempo, destiempo y contratiempo" ."La ciencia y la idea de progreso en América Latina 1860-1930" ."Sarmiento, Bello, Mariátegui y otros ensayos".