Usted fue la primera en realizar una angioplastía coronaria en el país, hace 21 años. ¿Cómo reaccionó la comunidad frente a este hecho, tomando en cuenta que usted era una mujer joven?
Bien. Las mujeres en medicina siempre estuvimos más limitadas, en el sentido de que adquirir la confianza del paciente costaba un poco: la mayoría esperaba ver a un hombre o, si no, a una mujer mayor. Cuando me encontraban a mí, que era muy joven, se sorprendían. Ese paciente al que le realicé la primera angioplastía coronaria, lo tomó muy bien. Notó que teníamos seguridad y conocimientos del tema y confió en nosotros. En estos 20 años la situación ha variado muchísimo; las mujeres nos hemos incorporado fuertemente en todos los terrenos de la medicina. Hay especialidades que son típicamente masculinas, por ejemplo, la urología, porque se supone que un paciente va a preferir ver a un varón. Pero en clínica médica o cardiología la cantidad de mujeres que hay es muy grande y la aceptación de los pacientes es ya habitual.
¿Ocurre lo mismo con la comunidad médica, con los colegas?
Sí, lo mismo que ocurrió con los pacientes se repitió con los colegas. Lo que pasa es que las mujeres tenemos más de una función, sobre todo cuando somos amas de casa, estamos casadas y tenemos hijos. Tenemos limitaciones horarias: cuando terminamos de trabajar debemos volver a casa y organizar las cosas cotidianas: la comida, los chicos. Entonces, en las sociedades científicas que requieren de un tiempo extra al horario habitual de trabajo, las mujeres estamos relegadas por una cuestión de horarios, no por una cuestión de capacidad.
Sin embargo, usted llegó a ser presidenta de la SAC en 1992. ¿Cómo transitó ese año de intensa actividad?
Fue dificultoso, porque mi hija tenía 5 años. Llevaba mucho trabajo a casa y lo hacía cuando mi nena se dormía. Valió la pena, pero fue un esfuerzo grande porque empleaba horas que le robaba a mi familia. Hoy en día, con la ayuda de la informática, sería más fácil. En ese momento todas las tareas de contestación de cartas o programación de congresos los hacía desde mi casa, con gente que me ayudaba y que se trasladaba hasta allí para trabajar conmigo.
Pasando a los temas eminentemente científicos, ¿cuál es la diferencia en la morbimortalidad luego de la inclusión del stent y las terapias trombolíticas?
La diferencia, en una sola palabra es: enorme. En aquel momento la angioplastía sin stent era bastante segura porque el método en sí era bueno, pero con resultados a mediano y largo plazo bastante pobres. Solamente se lograba recuperar la mitad de los pacientes, la otra mitad seguía con síntomas o necesitaba una nueva angioplastía o una cirugía. Pero desde que se incorporó el uso del stent, la angioplastía se convirtió en una intervención relativamente simple. Sin minimizar sus riesgos y caer en una reducción que no es cierta, si bien la angioplastía sigue siendo una técnica cuya aplicación merece mucho respeto porque si uno comete un error puede costarle caro al paciente, la técnica se ha simplificado mucho y toda la tecnología ha hecho que, en manos de gente bien entrenada, sea un procedimiento absolutamente seguro.
En la comparación entre el uso de trombolíticos y la angioplastía con stent, debemos recordar que los trombolíticos se utilizan en caso de infarto agudo y actúan positivamente en el 50 a 60% de los casos. Pero la angioplastía con stent logra la recuperación del 95% de los pacientes. Por eso, cuando uno puede optar por la angioplastía, el paciente tiene mejor pronóstico.
Pero la realidad es que hace falta una tremenda tecnología que hay cada vez en más lugares, pero no está a disposición de todos. En cambio, la aplicación de un trombolítico está al alcance de cualquier cardiólogo instruido.
Al hablar de patologías cardiológicas, ¿cuál es el grupo etáreo más afectado? ¿Las mujeres forman parte de ese grupo?
Con respecto a la edad crítica de los pacientes, en el hombre comienza a los 40 años y, en la mujer, unos 15 años después. El pico en la mujer es alrededor de los 66 años y, en el hombre, a los 56. Es rarísimo que una mujer que menstrúa padezca de enfermedad coronaria porque sus hormonas la protegen. Frente mismo nivel de stress, el 90% de las mujeres que menstrúan -a no ser que tengan alguna alteración genética, el colesterol muy alto, sean fumadoras o tengan hipertensión- están protegidas por las hormonas.
Es importante que quede claro que las mujeres nos morimos de enfermedad coronaria igual que los hombres, solo que -en promedio- lo hacemos siete años después.
Además, como somos mayores cuando entramos en la enfermedad coronaria, nuestro estado general es peor: mayor incidencia de diabetes, mayor obesidad.
Finalmente, ¿encuentra más mujeres dedicadas a la cardiología en los últimos años?
El número de cardiólogas no es el mismo que el de cardiólogos, pero no estamos muy lejos. Por ejemplo, el Hospital Italiano tiene una muy buena residencia en cardiología. No es fácil entrar porque hay puestos para 3, 4 o 5 profesionales. En los últimos años, hay más mujeres que hombres. Lo cual habla bien del Hospital, porque no manifiesta prejuicios.
A diferencia de lo que ocurría hace 20 años, hay infinidad de jóvenes doctoras, algunas embarazadas, trabajando dentro de la especialidad.