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/ Publicado el 13 de mayo de 2026

Lenguaje, cerebro y envejecimiento

Las huellas lingüísticas de la senectud

Las dificultades para encontrar palabras, las pausas y los cambios en el discurso pueden ser parte del envejecimiento normal… o las primeras señales de Alzheimer. El neurocientífico Adolfo M. García explora cómo el habla y el lenguaje se convierten hoy en herramientas clave para distinguir entre ambos procesos y anticipar el deterioro cognitivo.

Autor/a: Adolfo M. García

Fuente: Nature Reviews Psychology 5, 312-326 M. (2026). Speech and language in healthy ageing and Alzheimer’s dementia

La frontera lingüística entre el envejecimiento saludable y el patológico

La primera vez que el nono olvidó la palabra “cuchara”, pasó desapercibido. La décima vez, nos preguntamos en silencio: “¿Che, esto será lo que pasa cuando pasamos los 70 o deberíamos preocuparnos?” Esa frontera entre el envejecimiento normal y el Alzheimer temprano es difícil de precisar. Para trazarla, los expertos emplean baterías cognitivas extensas, registros cerebrales costosos y marcadores biológicos invasivos. Sin embargo, existe otra lente, más simple, para observar el cerebro envejecido: la forma en que hablamos. En una revisión reciente, tuve oportunidad de especificar cómo cambian el habla y el lenguaje en el envejecimiento saludable y en la enfermedad de Alzheimer, a fin de responder una pregunta sencilla: ¿qué es “normal” y qué no en la conducta verbal del adulto mayor? 

Voces que envejecen

Las manifestaciones lingüísticas del envejecimiento saludable suelen analizarse comparando adultos mayores y jóvenes. Si grabás a personas sanas de 70 u 80 años mientras nombran imágenes, leen palabras o cuentan una historia, emerge un patrón claro. Sus órganos de fonación (la lengua, los labios, el paladar, las cuerdas vocales) se mantienen funcionales. La voz puede volverse un poco más grave o más aireada; las oraciones pueden requerir un poco más de esfuerzo; pero, en la conversación cotidiana, la mayoría de los adultos mayores sigue siendo perfectamente comprensible.

Los cambios más importantes aparecen en la rapidez y eficiencia con que encuentran y usan las palabras. Las personas mayores tardan más en reconocer y recuperar palabras y experimentan más momentos de “punta de la lengua” (cuando el significado está disponible pero el término resulta esquivo). Sin embargo, su vocabulario suele ser más rico que el de los adultos jóvenes. El léxico mental crece a lo largo de la adultez, incluso si tardamos más en acceder a él.

La gramática corre por otro carril. Cuando se pide a los mayores que juzguen si una oración es gramatical o que procesen estructuras complejas, su desempeño se asemeja al de los adultos jóvenes. Puede haber un pequeño costo en velocidad o complejidad, pero su capacidad para organizar palabras y grupos de palabras generalmente se mantiene indemne.
 
Las cosas se complican en el nivel discursivo. A muchos adultos mayores se les dificulta seguir conversaciones rápidas, sobre todo en entornos ruidosos. Estas habilidades de nivel superior dependen de funciones cognitivas más amplias, como la atención y el control ejecutivo, que también son vulnerables al envejecimiento.
 
En general, el envejecimiento implica numerosos cambios en el habla y el lenguaje. Sin embargo, estos no se observan de manera uniforme en todos los dominios y no comprometen la comunicación espontánea. Por lo tanto, no son desadaptativos. He ahí un punto crucial para distinguir las características lingüísticas del envejecimiento de las del Alzheimer.

Cuando es más que envejecimiento

Para entender el impacto del Alzheimer en el habla y el lenguaje, la estrategia básica es comparar a personas mayores con y sin la enfermedad. Los pacientes suelen mostrar déficits tempranos en tareas léxico-semánticas. En pruebas que requieren nombrar o generar palabras de una categoría semántica, las personas con Alzheimer producen menos palabras en total, recurren más a términos comunes y genéricos, y cometen más errores semánticos. Las pausas para encontrar palabras se vuelven más largas y frecuentes. Las historias se vuelven menos informativas y coherentes, más dependientes de frases hechas. Incluso cuando la gramática está intacta, el mensaje comienza a deteriorarse.

Muchos dominios, como la articulación, la fonología básica, gran parte de la gramática, permanecen normales en etapas leves. Así, los pacientes pueden parecer fluidos incluso mientras su sistema semántico subyacente se deteriora. Por supuesto, conforme la enfermedad progresa de leve a moderada y severa, múltiples habilidades colapsan aún más y los déficits se vuelven evidentes, cuando no irreversibles.

Esta combinación de cambios generalizados en el léxico y el discurso, con una preservación parcial de la estructura sonora y la sintaxis, ayuda a distinguir el Alzheimer temprano del envejecimiento saludable. Algunas de estas diferencias lingüísticas aparecen años antes del diagnóstico clínico, a veces antes de que la persona o su familia noten que algo anda mal. Entonces, ¿cómo se captan estos patrones? El abordaje más reciente para ello radica en análisis digitales del habla y el lenguaje (ADHL).

El software, ese oído afinado

Imaginá una breve tarea verbal, como describir una imagen o narrar una historia. Con un micrófono, algo de código y los modelos adecuados, el ADHL puede captar características como la duración de las pausas, la velocidad, el vocabulario y la complejidad sintáctica. Estas características alimentan modelos de aprendizaje automático para distinguir el envejecimiento saludable del Alzheimer temprano, estimar la gravedad de la condición y detectar personas en riesgo antes de que los síntomas sean evidentes.

Los resultados son prometedores. Combinaciones de características temporales y semánticas pueden acercarse o incluso igualar las pruebas cognitivas tradicionales, detectar qué tan avanzada está la enfermedad, e incluso predecir quién desarrollará demencia a futuro. Esto es notable porque el ADHL es barato, rápido, no invasivo, se puede implementar de forma remota y es escalable.

Pero también hay dificultades. Los modelos suelen construirse con conjuntos de datos pequeños y ruidosos, principalmente de muestras angloparlantes y de altos ingresos. Las investigaciones multilingües aún están en sus inicios, a pesar de que más del 80% del mundo no habla inglés. La adopción clínica enfrenta desafíos clave, como barreras regulatorias, falta de datos normativos y reservas por parte de los profesionales clínicos. Se están logrando avances para superar estos problemas en países de altos ingresos, pero no tanto en países de ingresos bajos y medios. Si no tenemos cuidado, estas herramientas, capaces de democratizar la salud cerebral, podrían terminar ampliando las desigualdades globales.
  

Hacia dónde vamos

Los cambios en el habla y el lenguaje no son un detalle superficial del envejecimiento y la demencia; son centrales para la autonomía, las relaciones y la calidad de vida. Cuando se esfuman las palabras, también lo hacen las historias, los chistes, las discusiones y los gestos de cariño. Sin embargo, estos mismos cambios resultan ser biomarcadores ricos y poco aprovechados de la salud cerebral. Con mejores métodos, muestras más grandes y diversas, un uso responsable de la inteligencia artificial y la colaboración entre clínicos, lingüistas, científicos de datos, pacientes y cuidadores, podemos transformar un acto humano simple (hablar) en un poderoso aliado para la prevención, el diagnóstico y el cuidado.

Quizás ahí radique la promesa más humana de estas herramientas: no en reemplazar la mirada clínica, sino en llegar antes, cuando todavía hay margen para comprender, decidir y acompañar. Porque, frente al Alzheimer, anticiparse no es solo diagnosticar mejor: es ganar tiempo para vivir con más claridad y menos temor.

Figura 1. Algunas capacidades lingüísticas difieren notablemente entre adultos mayores sanos y adultos jóvenes sanos, y también entre adultos mayores sanos y adultos con demencia tipo Alzheimer.


 Autor

Adolfo M. García
Centro de Neurociencias Cognitivas, Departamento de Ciencias de la Vida y del Comportamiento, Universidad de San Andrés, Buenos Aires, Argentina
Global Brain Health Institute, University of California, San Francisco, San Francisco, CA, Estados Unidos, y Trinity College Dublin, Dublín, Irlanda
Departamento de Lingüística y Literatura, Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Chile, Santiago, Chile