Noticias médicas

/ Publicado el 13 de agosto de 2007

Encuesta on line del Consejo Nacional de la Mujer

Las argentinas tienen apenas una hora y media libre por día

El dato surge de promediar la forma en que distintas mujeres distribuyen las horas de un día típico. Del relevamiento surge que la mayor cantidad de tiempo la dedican al trabajo no pago en la casa y la familia.

Pilar Ferreyra

Qué es lo que pierde una mujer que tiene un empleo, cría a sus hijos y se encarga de la cocina, de planchar, de limpiar y de ordenar la casa? El tiempo para disfrutar. O para no hacer nada. O hacer sólo lo que tiene ganas de hacer. Lo que pierde es el tiempo libre.

Eso es lo que demuestran los resultados de una encuesta on line realizada por el Consejo Nacional de la Mujer (CNM) y que buscó determinar cómo afecta el trabajo remunerado y las tareas de la casa en la vida cotidiana de las argentinas de todo el país. ¿El resultado? Contundente: en promedio, ellas cuentan con apenas una hora y media de tiempo libre por día.

La agenda femenina promedio está completa: según los datos obtenidos, dedican ocho horas por día en promedio a trabajos no remunerados y destinan en promedio cinco horas diarias a trabajar a cambio de una retribución.

Las 700 respuestas de la encuesta tuvieron una mayoría de mujeres de entre 30 y 50 años que viven en grandes ciudades y que lograron alcanzar un buen nivel educativo.

Una de las cosas que les resta tiempo libre a las mujeres es el cuidado de otras personas. Todos necesitan ser cuidados y por lo tanto cuidar. Los niños y los adultos enfermos necesitan más intensidad de cuidado. Cuidar siempre implica un compromiso afectivo y de tiempo para ambos sexos. Sin embargo, la mayor parte del cuidado está en manos femeninas. "La asignación de los cuidados fundamentalmente en las mujeres, implica tener menos autonomía", analiza la economista Valeria Esquivel, investigadora docente de la Universidad Nacional General Sarmiento, quien concluye: "Si a ese compromiso no lo asumimos todos sino más las mujeres, entonces la autonomía relativa de ellas es menor que la de los varones".

En la encuesta, el promedio indicó que la mayor parte del día de la mujer se va en actividades no remuneradas con el siguiente detalle:

· Prácticamente dos horas en las tareas de limpieza del hogar.

· Casi una hora y media al cuidado de los niños y ancianos; y en actividades como llevarlos a pasear o a la casa de amigos.

· Casi una hora y veinte minutos en hacer la comida.

"El trabajo asignado socialmente a la mujer sin pago alguno continúa permeando a todas las mujeres por igual", enfatiza la presidenta del Consejo Nacional de la Mujer, María Lucila Colombo.

La división sexual del trabajo -construida culturalmente- determina que el trabajo doméstico sea exclusivo de las mujeres. En consecuencia, condiciona la inserción económica femenina, sus posibilidades de carrera y la forma en que se relacionan con los demás. La economía del cuidado -que estudia los costos y valores físicos y simbólicos que esconde el cuidado femenino del hogar y de los otros- argumenta que si las mujeres no cuidaran de los chicos, los hijos no estarían alimentados, ni educados y no podrían crecer. Que si no cuidaran de los maridos y de otros adultos, estos no estarían en condiciones de ir a trabajar o debieran destinar parte de su trabajo a cuidar de sí mismos. En tal sentido, la economista Corina Rodríguez Enríquez, investigadora del Conicet y del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (CIEPP), analiza: "Las empresas contratan una fuerza de trabajo a la que le pagan un valor menor del que deberían. Ese costo que los empresarios no pagan y que cada ser humano necesita para estar disponible para las empresas, es el costo que cada día es provisto en forma gratuita por las mujeres".


El tiempo es ajeno
Lucas Guagnini
lguagnini@clarin.com

Los perfiles "promedio" son siempre polémicos. Hechos de la suma de individualidades -en este caso, respuestas voluntarias por Internet sin muestreo- y la división por la totalidad, el resultado no corresponde a ninguna y representa un poco a todas las que contestaron. En algo coincidieron: dedican la mayor parte de su tiempo al trabajo y la casa. Mi duda, seguramente machista, es una sugerente ausencia: ¿por qué el rubro "la pareja" no sumó ni diez minutos?


TENDENCIAS : ESPECIALISTAS BRITANICOS HABLAN DEL "PRECIPICIO DE VIDRIO"

El difícil equilibrio femenino cuando llegan a puestos altos

Ellie Levenson
THE GUARDIAN. ESPECIAL

Deje de preocuparse por las limitaciones para ascender. Cuidado, más bien, con subir demasiado. Le darán un puesto altísimo, pero con fracaso garantizado.

Debería ser un motivo de celebración: un ascenso fantástico con montones de responsabilidades y, con suerte, reconocimiento incluido. Después de años de avanzar a paso lento, finalmente consiguió el puesto que siempre sintió que merecía. Pero hay un problemita: la descripción del trabajo le exige hacer lo imposible.

¿Le suena familiar? Si usted es mujer seguramente le resultará una historia conocida. Una cosa es poder acceder a un puesto alto en la jerarquía y romper el techo de vidrio de los ascensos y otra muy distinta es sobrevivir al "abismo de vidrio", un puesto que tiene todas las probabilidades de fracasar.

Según los investigadores de la Universidad de Exeter que inventaron el término "abismo de vidrio", es más probable que a las mujeres les den puestos arriesgados que a los hombres que son ascendidos a puestos superiores.

Según Jayne Chace, gerente de marketing de la empresa de software Acision, una de las razones es que, como a las mujeres sigue costándoles llegar al nivel más alto, cuando les ofrecen una función superior aprovechan la oportunidad, por difícil que sea el cargo. Los hombres tienen más opciones de puestos para elegir.

"A veces estamos más dispuestas a aceptar una función muy difícil porque pensamos que tal vez no se presente otra oportunidad", dice Michelle Ryan, que forma parte del equipo de investigación de la Universidad de Exeter.

"Algunas mujeres nos han contado que si tienen éxito, les dan otro puesto de riesgo. Terminan considerándolas bomberos. Por supuesto los hombres también asumen puestos difíciles, pero cuando las mujeres llegan a cargos altos, la posibilidad de que sea uno de riesgo son más altas".

La falta de apoyo para las mujeres que llegan a puestos altos es el centro del fenómeno del "abismo de vidrio", dice Adrian Lock, del Instituto Roffey Park de gestión empresarial. "Cuando alguien que es diferente llega a este tipo de puesto alto hay una serie de presiones que no existen para otros", dice.

Estas presiones significan que pueden necesitar otro tipo de apoyo. "Mucho tiene que ver con las expectativas de otros en la empresa. Surgen sospechas de amiguismo; o algunos tienen expectativas poco realistas". El efecto da como resultado muy pocas posibilidades de estar a la altura de las expectativas y hace que si la mujer se equivoca, el más mínimo error se infla de forma desproporcionada.

TRADUCCION: Cristina Sardoy