Expertos como Pilar García Alonso, oncóloga del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, se muestran partidarios de que los pacientes aprovechen esta posibilidad. “Cuando la enfermedad ya está avanzada la calidad de vida se convierte en un objetivo fundamental, y la quimioterapia oral consigue mejorarla ofreciendo además la misma eficacia que el tratamiento estándar por vía intravenosa”.
Por otra parte, el riesgo de toxicidad asociado a este tratamiento “es bajo”. De esta forma, al enfermo se le dan unas recomendaciones de uso para que evite, por ejemplo, la exposición al sol, ya que el fármaco hace que la piel sea más sensible a los rayos solares.
Sin embargo, tal y como explica esta oncóloga, “el paciente no corre ningún riesgo insalvable”. Así, la incidencia de efectos secundarios como las diarreas severas no supera el 15% de los casos. “En general, los problemas que pueden surgir, como náuseas, vómitos o diarreas pueden ser perfectamente atendidos en el servicio médico más cercano”, añade.
Por ello, García Alonso señala la importancia de que el paciente sepa que no asume ningún riesgo grave si decide marcharse estos días lejos de su hospital, puesto que algunos enfermos son reacios a tomar esta decisión. “Es duro, pero no sabemos si éstas pueden ser sus últimas vacaciones o si más adelante estará peor. Por eso es importante animarles a que pierdan estas reticencias para alejarse de su centro”.
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