El estudio indica que en mujeres en la treintena que ya han dado negativo en tres tests de Papanicolaou previos, extender el cribado a una vez cada tres años comporta un incremento del riesgo mínimo, del orden de 3 o menos nuevos cánceres de cuello uterino por cada 100.000 mujeres.
En comparación, ese riesgo es de similar magnitud al del cáncer de mama masculino en varones de 45 a 64 años, cuya incidencia es de tan sólo 1 a 4 casos por 100.000 individuos al año.
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New England Journal of Medicine
http://content.nejm.org/