Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, fecha establecida por la Federación Mundial de la Obesidad para concientizar sobre esta enfermedad multicausal que muchas veces no es reconocida como tal, ya sea por mensajes confusos o por falta de información. Así lo sostiene la Dra. Virginia Busnelli, médica especialista en Nutrición con orientación en obesidad y actual presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), en diálogo con IntraMed.
Más allá de la desinformación que circula en redes sociales, la experta advierte que existe “una deuda académica” en materia de obesidad. Al tratarse de una patología históricamente subestudiada y subdiagnosticada, persiste la confusión entre pacientes y profesionales, lo que refuerza el estigma. Con el objetivo de aportar evidencia y herramientas clínicas, la Dra. Busnelli acaba de publicar su libro Obesidad (dirigido a profesionales de la salud), además de haber escrito otros títulos como ¿Es estrés o tu tiroides? y ¿Cuánto te pesa tu peso?. Aquí, sus palabras.
Hoy sabemos que la obesidad es una enfermedad crónica multifactorial. ¿Por qué sigue costando que se la entienda de ese modo?
Creo que cuesta que sea vista como enfermedad por falta de conocimiento. Aún no se la comprende en profundidad porque durante muchos años fue subestudiada y, para gran parte de la sociedad, sigue asociándose a un problema de voluntad. Esa mirada implica una falla moral, cuando la ciencia demostró hace tiempo que se trata de una enfermedad crónica, recidivante y progresiva en la que intervienen múltiples factores que la persona no puede controlar: biología, genética, hormonas, señales de apetito y saciedad en el cerebro, factores metabólicos, psicológicos, sociales y ambientales.
En la práctica, muchas veces se reduce la obesidad a un problema de peso: si alguien baja, “está haciendo las cosas bien”; si no lo logra, se interpreta como falta de esfuerzo. Pero sabemos que, cuando se produce la pérdida de peso, el cuerpo activa numerosos mecanismos que aumentan el hambre y favorecen la recuperación del peso perdido. Esa es la biología de la obesidad: la obesidad protege a la obesidad para que el peso vuelva.
Por eso, los cambios de hábitos no se reducen solo al factor alimentario y deben sostenerse en el tiempo, porque estamos frente a una enfermedad crónica.
¿Cómo impacta el discurso social de la "fuerza de voluntad" en los pacientes?
Impacta de manera muy compleja. Es una mirada reduccionista y simplista que configura lo que llamamos estigma. El paciente vive una experiencia muy negativa con su peso, siente culpa y vergüenza, y termina creyendo que se trata de un déficit de autoexigencia o autocuidado. Y al no comprender la naturaleza crónica de la enfermedad, puede entrar en ciclos repetidos donde piensa que “hacer dieta” es la solución. Esto genera recurrencias y recaídas constantes.
Ese mismo estigma es lo que hace que muchas personas tarden años en consultar a un profesional por miedo a ser juzgadas. Cuando finalmente lo hacen, muchas veces ya presentan comorbilidades u otras enfermedades asociadas.
¿Qué cambios observó en los últimos 5-10 años en prevalencia y perfiles de pacientes?
En primer lugar, hay mayor prevalencia: cada vez más personas viven con esta enfermedad. En segundo lugar, observamos mayor severidad, con más casos de obesidad grado 2 y 3.
Si bien en Argentina los datos disponibles son prepandémicos, las encuestas nacionales de factores de riesgo ya mostraban una tendencia sostenida al aumento. Según la última medición de 2018, la prevalencia había crecido casi un 75 % respecto de la primera encuesta. Y hoy el escenario es aún más preocupante.
También vemos un inicio cada vez más temprano: niños, adolescentes y adultos jóvenes con obesidad sostenida desde la infancia. Y, como consecuencia, la aparición de comorbilidades en etapas más precoces, como resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, apnea del sueño e hipertensión en adultos mucho más jóvenes que antes.
¿Cómo cambió el abordaje terapéutico en los últimos años, tanto desde lo farmacológico como lo no farmacológico?
Aunque hoy se habla de nuevas herramientas y fármacos innovadores, el cambio conceptual más importante ocurrió hace varios años, cuando comenzamos a hablar de tratamiento crónico y tratamiento combinado. Es decir, intervenir en múltiples dimensiones y no solo en la alimentación. También entendimos que la restricción alimentaria estricta y el “dietar” deterioran el vínculo con la comida y dificultan el proceso.
Hoy el tratamiento es más individualizado: no todos comen igual ni necesitan lo mismo. Los cambios deben ser progresivos y sostenidos en el tiempo. En un contexto de gran confusión —donde se debate si la banana engorda o si se puede comer de noche— muchas personas han suprimido nutrientes tras realizar múltiples dietas.
El objetivo no es solo reeducar en hábitos alimentarios, sino diseñar un plan personalizado, seguro, amoroso y gradual.
En cuanto a lo farmacológico, existen herramientas desde hace tiempo, pero hoy contamos con mayor evidencia y nuevas moléculas, incluidas inyecciones de aplicación semanal. También están el intervencionismo bariátrico y la cirugía bariátrica. Cada recurso debe indicarse según las características y el contexto del paciente.
¿Cómo se integra la nutrición con la salud mental y la actividad física en un tratamiento?
La nutrición, la salud mental y la actividad física deberían conformar un triángulo inseparable. Es fundamental trabajar las emociones, porque detrás de la ansiedad o la culpa pueden aparecer atracones. O, en otros casos, conductas restrictivas vinculadas a autoestima o trauma.
Muchos pacientes creen que deben empezar exclusivamente por la alimentación y el ejercicio. Pero cuando no pueden sostenerlo, es necesario priorizar el abordaje psicoemocional. A veces, cuando se destapan historias de maltrato o autoexigencia extrema y se transmite que el proceso es “a tu tiempo y para vos”, recién entonces puede habilitarse el cambio.
¿Qué evaluación hace de las políticas actuales en materia de alimentación y etiquetado?
Son medidas prioritarias y representan un avance importante. Sin embargo, resultan insuficientes si no se acompañan con educación alimentaria en las escuelas y con un acceso económico real a alimentos saludables. También es clave regular el marketing dirigido a la infancia.
El etiquetado ayuda a decidir mejor, pero no compensa por sí solo un ambiente obesogénico.
Además, debe fortalecerse la formación de los profesionales de la salud. Existe una deuda académica: la obesidad ha sido subestudiada, subdiagnosticada y subtratada. Muchos pacientes escuchan frases como “bajá unos kilos y después te opero”, pero nadie les explica que tienen una enfermedad llamada obesidad ni cuáles son sus opciones terapéuticas.
Esto perpetúa la culpa. Un paciente no cuestiona tomar medicación para la hipertensión de por vida, pero si se le indica tratamiento farmacológico para la obesidad, pregunta cuánto tiempo deberá usarlo. Y es importante entender que la obesidad es la madre de más de 250 enfermedades.
¿Qué estrategias deberían priorizarse para empezar a afrontar la obesidad?
La estrategia debe ser humana. Comprender la biología de la enfermedad y entender que el tejido adiposo se desregula, que existen alteraciones en las señales de hambre y saciedad, y que el hambre aumentada es un síntoma, no un defecto moral.
La corpulencia aumentada es un signo clínico, y el descontrol hormonal es neurobiológico. Por eso, el acompañamiento debe estar libre de juicio y centrado en la comprensión.
¿Quisiera dar algún mensaje clave para los profesionales de otras especialidades que reciben a pacientes con obesidad?
Que la obesidad es la enfermedad más prevalente a nivel mundial y está asociada a múltiples patologías. Diagnosticarla y tratarla es indispensable.
Cualquier integrante del sistema de salud puede explicar de manera clara y respetuosa qué le sucede al paciente y ofrecer un trato digno. Juramos velar por el bienestar de quienes atendemos, y debemos honrar ese compromiso trabajando en equipo: nutricionistas, kinesiólogos, cardiólogos, profesionales de salud mental y profesores de educación física.
Reducir el estigma y la culpabilización es parte del tratamiento. Solo así habrá menos sufrimiento.
*Dra. María Virginia Busnelli (MN 110351). Médica especialista en Nutrición con orientación en obesidad. Presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN). Directora Médica del Centro Médico CRENYF. Creadora y directora académica del centro de docencia CEAR residencias medicas. Directora de la diplomatura de Obesidad SAN y la Academia de Obesidad. Médica comunicadora en salud con más de 800 mil seguidores en sus redes sociales y medios de difusión masiva. Speaker en Congresos Nacionales e Internacionales Autora de los libros ¿Es estrés o tu tiroides?, Cuanto te pesa tu peso y Obesidad.