Noticias médicas

Publicado el 19 de noviembre de 2012

Lo que antes se prohibía, ahora se permite

La nueva crianza

Hace 25 años no se recomendaba que los bebés durmieran con los padres o que se les hiciera upa cada vez que lloraban. Los pediatras de hoy aconsejan todo lo contrario. Y cuanto más apego, mejor.

Fuente: Clarin.com

Por Mariana Israel

En la cama, con los padres
Durante décadas, el colecho estuvo prohibido. Ahora se promueve.

Hace un cuarto de siglo, los bebés eran como “mini adultos”: no había que hacerles upa porque se malcriaban. Si lloraban, el mandato era dejarlos solos para que se fortalecieran. ¿Las comidas? No más de seis al día, como cualquier régimen estricto. Se respondía solo a necesidades fisiológicas: cambiarlo, alimentarlo y dormirlo. Pero, desde entonces, la puericultura y la psicología infantil impulsaron el apego, una crianza centrada en el contacto permanente entre padres e hijos. Se entendió que los recién nacidos tenían otras demandas.

“ La base de la nueva crianza es reconocer las necesidades del bebé.

Aprender a ver qué le falta y qué está pidiendo. Es encontrar el lenguaje del chico”, explica la pediatra Carolina Marotta, del grupo Familia y Crianza de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Esto repercute en el modo de cuidarlo, tan radicalmente que contradice los antiguos manuales de pediatría. Por ejemplo, la posición para dormir, clásicamente boca abajo, ahora es boca arriba. “Sabemos que reduce un 80% los casos de muerte súbita”, explica Silvia Monzón, puericultora del Hospital Fernández. Y si de dormir se trata, los pediatras recomiendan que repose en el cuarto paterno al menos hasta los seis meses, porque también disminuye el riesgo de muerte súbita. “Hace 20 años, a los 20 días ya dormían solos”, recuerda el pediatra Eduardo Peszkin, coordinador general del Area Ambulatoria del Hospital Garrahan.

El polémico colecho, prohibido por décadas, es promovido por algunos especialistas.

 Los detractores argumentan que es poco seguro para el bebé y que atenta contra la sexualidad de la pareja. Otros, como Monzón, lo ven como un “signo de la época”: “Como trabajan ambos padres, si el bebé no duerme bien, es más fácil llevarlo a la cama que pasar la noche sin descansar”. Para Carlos Wahren, jefe de Pediatría del Hospital Italiano, “esta costumbre varía según la cultura y es muy frecuente en los países orientales, cuyas estadísticas muestran menos casos de muerte súbita”. “El contacto directo durante las horas de sueño favorece que el bebé incorpore las distintas fases del sueño, y logra una sincronía en los ritmos respiratorios de madre e hijo”, asegura Soledad Martín, puericultora y directora del Centro de Orientación y Asistencia para la Primera Infancia.

¿Y si el bebé llora?

Al contrario de lo que se predicaba hace 25 años, hoy aconsejan contenerlo . ¿Darle el chupete? Sí, pero en algunos casos. “Antes se lo daban a modo de tapón, para que se callara. Ahora su fin es ayudarlo a alcanzar un estado de relajación, sobre todo antes de dormir”, describe Marotta. Peszkin agrega que en el pasado se ofrecía el chupete enseguida después del parto. Hoy se recomienda esperar unos 20 días, hasta que se consolide la lactancia.

Justamente, la lactancia fue otro de los grandes cambios . Una mamá de clase media alta, hace 40 años amamantaba solo el primer mes. Hoy, los pediatras enfatizan los beneficios protectores de la leche materna y oscilan entre recomendar la “teta a libre demanda” y una “libre demanda controlada”, es decir, cada 2 horas durante el día y cada 3 de noche, los primeros 6 meses. “La lactancia es “de mutuo requerimiento”: lo que el bebé demanda, pero también cuando la mamá quiere y puede”, dice Marotta.

Otro de los pilares del apego es el babywearing (portar al bebé): enlazado en el fular, una tela especial, se fomenta que los padres carguen al niño a todos lados. Se cree que así será más independiente y seguro de sí mismo, al revés de las antiguas suposiciones de que hacer “upa” era malcriar. “Se fue pasando de una postura rígida a un respeto de la demanda del bebé –afirma el doctor Wahren–. Es un patrón mas plástico”.

Fernanda Gómez, psicóloga perinatal, coincide con el médico y sostiene que “más que seguir una teoría, hoy los padres se concentran en lo que su hijo necesita y lo que es funcional para la familia”. Gómez difunde esta filosofía en grupos de crianza y desde sus blogs, Gestando Criando y Yo soy mamá canguro. “ El contacto piel a piel es tan necesario como la alimentación . Los bebés necesitan estar a upa”, declara. Esto implica un desafío, en una sociedad donde el tiempo tiene precio. La puericultora Martín concluye que “aceptar que ese tiempo es necesario para el despliegue de la individualidad del ser en desarrollo, es generar un cambio importante en la crianza de nuestra cultura”.


Las técnicas para dormir al bebé, según pasan los años

Eduard Estivill, médico catalán, es autor del best-seller “Duérmete niño” (1996), donde promueve un método estricto y riguroso para inculcar hábitos de sueño en los chicos. Asegura que “cumplido el primer medio año de vida, a lo sumo 7 meses, un pequeño ha de ser capaz de dormirse solo, en su propio cuarto y a oscuras, y hacerlo de un tirón (unas 11 o 12 horas seguidas)”. Para lograrlo, propone un patrón rígido. Advierte a los padres de los recursos de “manipulación” de los niños para que no los dejen solos. Y postula “lo que no debemos hacer para dormirlo”: cantarle, mecerlo, pasearlo, tocarlo o dejar que nos toque, darle palmaditas, darle una mamadera o amamantarlo o ponerlo en nuestra cama.

Desde la vereda de enfrente, el pediatra español Carlos González, referente de la “nueva crianza”, explica en su libro “Comer, amar, mamar” (2009), que el niño llora “porque no sabe adónde se ha ido su madre. Tardará varios años en comprender que mamá está en la habitación de al lado”. Sostiene que nuestros hijos están “genéticamente preparados para dormir en compañía” y que los genes “nos impulsan a mantenernos despiertos cuando nos sentimos amenazados, y a dormir sólo cuando nos sentimos seguros”. Rechaza la idea de dejar llorar al niño de noche.


Testimonios

“Elegimos criar con apego”

Testimonio I. Familia Vilcinskas

Camila Vilcinskas, mamá de Santiago (3 años) y Federico (3 meses), decidió desde el primer momento “ser protagonista” de su maternidad. “Empecé a ir a la Liga de la Leche durante mi primer embarazo. Así fui aprendiendo y entrando en este mundo de nuevas alternativas”, cuenta esta mamá de 33 años, hoy aspirante a ser líder de la Liga. Su trabajo como asistente social no le impidió llevar una crianza con apego: se sacaba leche para las horas que no estaba y Gustavo, su marido que es chef y trabaja mayormente de noche, cuidaba a Santi en su ausencia. Santiago tomó la teta a demanda hasta los dos años y compartió cama con sus padres. “Compramos una cama grande y la poníamos contra la pared por seguridad. Más adelante, conseguimos una cuna de colecho”, describe. Cuenta que le decían que nunca más iba a poder sacarlo de la cama, pero el proceso de “desapego” fue muy natural. “Empezó a dormir siesta en su cuarto y a la noche se dormía en nuestra cama pero lo pasábamos a la suya, hasta que un día no quiso volver más”, comenta.

“Pusimos una cuna especial”

Testimonio II. Familia Schmull

Martín Schmull (32) y Aldana Díaz (35) viven en Parche Chas con sus hijos Uma, de 5 meses, y Facundo, de 10 años. Son adeptos a la permacultura, una filosofía que promueve medioambientes humanos sostenibles, así que encontraron en la crianza con apego la alternativa más natural y coherente con sus creencias. “A Uma la cargo en el fular (una tela que se anuda de distintas formas para portar el bebé en el pecho o en la espalda)”, cuenta Aldana. El colecho fue un poco más “conflictivo” al principio. “Cuando se lo propuse a Martín, me miró con cara rara. Teníamos una cama chica, iba a ser incómodo”, confiesa. Pero encontraron la solución: una cuna especial, que tiene tres barandas y un lado que va pegado a la cama de los padres. “Queda a la misma altura, así que puedo hacerle palmaditas a Uma cuando no puede dormir”, describe Aldana, que asegura que su hija “nunca llora”. Cuando se le pregunta sobre cómo hacer para adoptar la crianza con apego, afirma que es algo instintivo. Y que “se empieza de a poco, viendo si le resulta tanto al bebé como a los padres”.