La medicina contemporánea parece organizada alrededor de certezas: evidencia, protocolos, algoritmos. Sin embargo, en la práctica cotidiana persisten zonas de conflicto donde esas herramientas no alcanzan. Allí, el médico se enfrenta a decisiones atravesadas por la incertidumbre, el contexto y las limitaciones del sistema.
En ese cruce se sitúa el Dr. Juan González Grima, conocido en redes como “Doctor popi” y autor del libro El precio de la bata blanca, quien en un enriquecedor diálogo con IntraMed abordó sin concesiones aquello que muchos prefieren callar: el desgaste, el dinero, la vocación y lo que implica seguir eligiéndola.

Entrevista
En el prólogo de tu libro planteás una pregunta muy directa: ¿qué es ser médico hoy? Después de escribir El precio de la bata blanca, ¿tu respuesta cambió?
Es una respuesta que cambia día a día y que cada uno de nosotros responderá a lo largo de su vida. Pero sí se volvió más incómoda y más honesta. Antes podía responder desde una idea más idealista; hoy entiendo que ser médico es habitar una tensión constante: entre la ciencia y lo humano, entre el sistema y el paciente, entre lo que sabemos y lo que no. Lo que no debería cambiar es la estructura fundamental sobre la cual construimos el concepto de médico. Creo que debemos devolver a esta profesión a ese lugar.
En tu recorrido aparecen dos motores para estudiar medicina: la curiosidad científica y el deseo de ayudar. ¿Cuál sostiene más cuando la realidad pesa?
Sin dudas, el deseo de ayudar a otros. Es lo que más tiempo puede sostener a un médico en la lucha. Quienes están en esta profesión por eso tienen trabajo y tareas de sobra. Ojalá la profesión sea justa con ellos.
Muchos estudiantes imaginan la medicina como una carrera académica, pero vos la describís como un estilo de vida. ¿Cuándo se empieza realmente a vivirla?
Cuando entendés que lo que aprendiste tiene consecuencias reales. La larga curva de aprendizaje demuestra que para ser eficaz y útil para un paciente hace falta un esfuerzo y un sacrificio mayor que en muchas otras profesiones.
En el libro planteás que es más peligroso creer saber que aceptar no saber. ¿Estamos formando médicos con dificultades para tolerar la incertidumbre?
El mundo está criando personas con dificultades para tolerar la incertidumbre. No sé si eso está bien o mal. Pero los buenos médicos la aceptan como una realidad y dedican gran parte de su vida a intentar reducirla. Esto no es para tibios. Es una profesión que exige una entrega casi total. Bienvenidos los que toleren la incertidumbre o estén dispuestos a aprender a hacerlo.
También planteás que el médico debería ser más que un técnico. ¿Qué está faltando en la formación?
Falta integrar. Hay mucha información, pero poca visión global. Se enseña a diagnosticar, pero no siempre a comunicar, a educar o a entender el contexto del paciente. La salud no empieza ni termina en el consultorio. Y si queremos recuperar el respeto social, tenemos que empezar por valorizar nuestra profesión nosotros mismos.
Durante años se habló de la medicina como vocación. ¿Sigue siendo una fortaleza o a veces justifica condiciones inaceptables?
Creo que hoy necesitamos médicos profesionales. En el libro digo que la vocación, como combustible, puede haber quedado obsoleta, como una máquina a vapor. Aquellos que la tengan, dichosos ellos. Pero no debería ser una exigencia implícita para sostener condiciones que no son justas.
En el libro abordás temas incómodos como el dinero o el desgaste. ¿Por qué la medicina evitó hablar de esto?
Por la prostitución de la palabra vocación. Muchos médicos se posicionaron como mártires y eso terminó generando una expectativa social difícil de sostener. Pero la economía médica es clave. No es lo mismo atender a un paciente en 45 minutos que en 10. Cuando los honorarios son bajos, aumenta la cantidad de pacientes y disminuye la calidad de atención. Es una consecuencia directa.
Muchos médicos sienten que trabajan más y ganan menos. ¿Es una profesión maltratada?
Es una profesión denostada. Y en gran parte eso empezó por los propios médicos. Sólo las nuevas generaciones, con formación y conciencia, pueden devolverle el valor que merece. Ser un buen médico tiene un costo, y no deberíamos darlo por sentado.
En ese contexto, ¿dónde está hoy el principal problema?
En el propio colectivo médico, que no ha sabido defender sus condiciones. El sistema de salud y la formación son consecuencia de eso. El honorario más bajo se establece cuando otro médico lo acepta.
Si el médico deja de ser el centro del sistema, ¿qué lugar ocupará en el futuro?
Los que logren adaptarse van a persistir. Los que no, quedarán obsoletos. Probablemente estemos para acompañar al paciente en procesos diagnósticos y terapéuticos cada vez más mediados por la tecnología.
Después de escribir el libro, ¿qué le dirías a un joven que quiere estudiar medicina?
Que el precio es muy alto. La pregunta es si ese precio es justo. Hoy parece estar a la baja. Algunos creemos que se puede revalorizar, pero entiendo a quienes lo ven como una inversión pesimista.
¿Qué tipo de médico necesita hoy Latinoamérica?
Uno que entienda que la educación nunca es gratuita. Alguien siempre la paga: con tiempo, dinero o esfuerzo. Y que, a partir de eso, valore la profesión y trabaje para devolverle el lugar que merece.
*Dr Juan González Grima. Médico cardiólogo. Máster en Ecocardiografía. Comunicador en salud. Si desea adquirir el libro, puede contactarse con el autor en sus redes sociales (@doctor.popi)