Entrevistas

Publicado el 13 de marzo de 2008

Proyecto UNAM

La medicina es una misión social

El patólogo Ruy Pérez Tamayo habla de su quehacer profesional y de dos de sus pasiones: la enseñanza y la escritura

Autor/a: Rafael López

El doctor Ruy Pérez Tamayo, jefe del Departamento de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina de la UNAM, en el Hospital General de México, ha dedicado casi 50 años de su vida al estudio de la cirrosis hepática y cerca de 20 al de la amibiasis.

En el arranque de esta entrevista habla precisamente de esos graves padecimientos “de la pobreza”, que aquejan a un número muy alto de mexicanos:

—La cirrosis es un estado terminal. Se llega a este trastorno hepático por dos caminos: el alcoholismo y la hepatitis viral C. Ella es la causa de muerte más frecuente en sujetos masculinos de entre 25 y 40 años de edad. Cuando yo era estudiante había una especie de dogma que afirmaba que, una vez establecida, la cirrosis devenía en crónica. Hasta hace poco no teníamos ninguna cura para ella. La podíamos prevenir, evitando el alcoholismo y controlando al paciente con hepatitis viral C, mediante tratamientos antivirales; pero, una vez establecida la cirrosis, no teníamos nada qué ofrecer. En colaboración con los doctores Rojkind y Kershenobich desarrollamos, en animales experimentales, métodos para obligar al hígado a regresar a su estado normal. Ya los hemos aplicado en pacientes y hemos obtenido muy buenos resultados, aunque todavía nos falta. Hay que recordar que, con esta enfermedad, el hígado tiene un exceso de tejido fibroso. Ahora, tras años de estudio, una de las contribuciones de nuestro grupo de investigación es haber postulado que la cirrosis se puede curar. Nosotros dijimos que sí, que era posible revertirla, y estudiamos los mecanismos por los cuales la fibrosis puede desaparecer. El organismo cuenta con esos mecanismos, pero los pierde cuando la cirrosis aparece. Lo que nosotros estamos investigando actualmente es cómo puede recuperarlos para que el tejido fibroso excesivo desaparezca del hígado.


¿Y que puede decir acerca de la amibiasis?

—Es producida por el parásito Entamoeba histolytica, que se adquiere por vía oral al ingerir alimentos contaminados. Es una enfermedad con alta morbilidad y no desarrolla inmunidad, por lo que un individuo puede enfermar de amibiasis, curarse y volverse a infectar. Los médicos mexicanos la conocemos muy bien, la hemos tratado con mucha frecuencia, la diagnosticamos con precisión y tenemos excelentes drogas para combatirla; no obstante, sigue siendo endémica en nuestro país; la razón fundamental de esto es la pobreza. Con todo, hay algunos aspectos de ella que desconocemos. No sabemos qué hace el parásito para producir la enfermedad. Encontramos que la amiba misma no es responsable en su totalidad del daño tisular. La amiba propicia en el organismo la creación de un ambiente anaerobio, con ausencia de oxígeno, aunque para ello necesita la colaboración del hospedero, es decir, del sujeto parasitado, sea humano o animal experimental. El hospedero reacciona en contra de la presencia de la amiba y, como consecuencia de esto, se crea una zona sin circulación sanguínea donde la amiba puede sobrevivir debido a la falta de oxígeno. Éste es un dato de mucho interés porque ahora podría decir que ya tenemos la solución terapéutica de la amibiasis y que, cuando un individuo se infectara con una amiba, sólo habría que evitar que respondiera para que la amiba muriera sola. Sin embargo, lo que sucede es que, cuando el médico recibe al paciente, la amiba ya está establecida. Entonces la debemos erradicar, utilizando otros medios. Contamos con medidas terapéuticas muy efectivas para curar al enfermo de amibiasis; pero cuando sale curado del consultorio, va a la taquería de la esquina, come tacos contaminados con quistes del parásito y vuelve a enfermarse. Ahí tenemos un problema social, de salud pública, que tiene otra solución.


¿Qué hace un patólogo?

—Un patólogo es un médico especialista que estudia las causas, los mecanismos y las consecuencias de las enfermedades. Para obtener esa información cuenta con diferentes técnicas y métodos de trabajo. El método tradicional es el examen morfológico, que consiste en analizar, mediante técnicas morfológicas que son fundamentalmente visuales, los cambios que ocurren en los órganos y los tejidos a nivel estructural. El instrumento característico que se usa con este método es el microscopio; pero también se utilizan los ojos, la visión macroscópica de las cosas.


¿Cómo ha evolucionado la patología?

—Desde un punto de vista histórico, mi especialidad, la patología, se inició con el desarrollo de las autopsias. El paciente fallece; entonces, el patólogo llega, abre al paciente, estudia sus órganos y trata de establecer una correlación entre lo que encuentra macroscópicamente y microscópicamente, y los síntomas que aquél presentaba. A esto se le llama correlación clínico-patológica. Después, con el paso de los años, se empezó a generalizar el estudio morfológico, con microscopio, de fragmentos de tejidos de pacientes vivos, proporcionados por los cirujanos. Si durante una operación el cirujano se encuentra con un órgano con aspecto anormal, toma un pequeño fragmento y se lo entrega al patólogo. Éste lo lleva al microscopio, lo analiza, hace un diagnóstico y finalmente le dice al cirujano qué encontró mediante su análisis. A esto se le conoce como patología quirúrgica. Una tercera forma de estudiar las enfermedades es mediante el análisis de las células aisladas, obtenidas por medio de frotis o de preparaciones por toque. El patólogo debe tener los conocimientos necesarios para poder distinguir —observando células aisladas— distintos tipos de enfermedades. A esto se le conoce con el término genérico de citopatología, y como se utilizan células escamadas, a veces se le agrega el apellido exfoliativa. Hay una cuarta forma, en la cual el patólogo, en lugar de estudiar las enfermedades en el ser humano, las reproduce en animales de investigación. Esto le permite hacer análisis que no puede realizar en pacientes, pero que resultan muy necesarios para poder alcanzar sus objetivos. A esto se le conoce como patología experimental.


¿Hay una relación entre el método científico y la creatividad?

—La metodología científica está conformada no por uno, sino por diferentes métodos que dependen de cada disciplina y de los objetivos perseguidos. Pero la creatividad, la capacidad de imaginarse cómo podría ser la realidad, cómo podríamos explicar un fenómeno, y de buscar si la realidad es de esa manera en que la imaginamos, es, en última instancia, lo que representa la investigación científica. El primer paso, tener ideas a partir de la observación de algún fenómeno cuya explicación no conocemos, es esencialmente creativo. El siguiente paso, con frecuencia, consiste también en crear, pero ahora una explicación hipotética de ese fenómeno, en función de la analogía con otros procesos semejantes, y en poner a prueba las ideas generadas en el primer paso para ver si son correctas. Ahora bien, en el mundo de la investigación no sólo científica, sino también periodística, económica, política, histórica, surge a menudo un fenómeno peculiar conocido con el nombre de serendipia, el hallazgo inesperado, fortuito, accidental. Frecuentemente, la serendipia nos permite avanzar en el conocimiento científico. Todos hemos tenido la suerte de trabajar en un campo, esperando cierto tipo de resultados, y de repente encontramos algo distinto de lo que habíamos planeado y nos vamos por ahí... Yo digo que, en general, la manera como se hace la ciencia es muy sencilla y consta de dos pasos: primero, tener ideas, y segundo, ponerlas a prueba. 


Semblanza

Ruy Pérez Tamayo (1924- ), médico mexicano, importante investigador, nació en el puerto de Tampico, Tamaulipas; estudió medicina en la UNAM y se especializó en Patología con el Dr. Isaac Costero en México y con Drs. Gustave Dammini y Lauren V. Ackerman, en los E.U.A. Fundó y dirigió durante 15 años la Unidad de Patología de la Facultad de Medicina de la UNAM en el Hospital General de México, y durante 10 años el Departamento de Patología del Instituto Nacional de la Nutrición.

A lo largo de muchos años su investigación gira en torno a los mecanismos de la fiebre reumática, al mismo tiempo que presta atención a diversos aspectos de la patología, tanto de interés endémico como a nivel más general (mundial o regional). Entre sus contribuciones más importantes se encuentra la descripción del efecto de la metionina en la cicatrización de las heridas, amibiasis cutánea y criptococosis, así como la descripción, en México, de enfermedades tales como la neumonitis reumática, la reticulosarcoma de partes blandas, mesotolioma peritoneal, los tumores del corazón y pericardio, la aterosclerosis, el carcinoma primario del hígado, la tuberculosis y la cirrosis intersticial difusa, entre otras.

Pérez Tamayo ha publicado incontables artículos relacionados con su especialidad, así como polémicos artículos relacionados con la divulgación de la ciencia; además cuenta con numerosos reconocimientos, entre los que destacan el doctorado honoris causa de la Universidad de Yucatán, su nombramiento como miembro del Colegio Nacional desde 1980 y de la Academia Mexicana de la Lengua (1987). Cabe apuntar que el doctor Pérez Tamayo es miembro de más de 20 sociedades científicas, entre las que sobresalen la Academia de la Investigación Científica de México (1960), Asociación Mexicana de la Historia de la Medicina (1966) y la American Association of Pathologist (1987).

* Foro consultivo y Enciclopedia Encarta