Art & Culture

/ Published on October 9, 2007

Mentiras, malditas mentiras y estadísticas...

"La mediana no es el mensaje"

Stephen Jay Gould reflexiona ante su diagnóstico de una enfermedad mortal.

Index
1. Su último libro publicado en español
2. «Las noticias de mi muerte se han exagerado mucho»

Acabo de llegar
Por Stephen Jay Gould
Drakontos/Traducción: Joandomenec Ros/531 páginas/

Hacer buena ciencia y divulgarla igualmente bien son dos capacidades que coinciden raramente en una sola persona. Si a eso se agrega la preocupación por participar en debates de interés público, el conjunto se reduce todavía más. Stephen Jay Gould es uno de los nombres que encabeza esa breve lista, casi llegando a constituirse en un arquetipo. Profesor de Harvard, hizo aportes fundamentales sobre la teoría de la evolución; también desarrolló un estilo propio en el ensayo de divulgación. Y no se privó de utilizar sus armas literarias en batallas políticas, como las que buscaban vincular raza, inteligencia y pobreza para justificar las desigualdades, en un revival de darwinismo social promovido por sectores conservadores entre los años ochenta y noventa en los Estados Unidos.

Acabo de llegar. El final de un principio en historia natural , publicado en inglés en 2002, es su último libro. Gould recibió tratamiento por un tumor durante varios años; incluso había hecho estimaciones sobre su sobrevida en un texto muy elogiado que vinculaba cáncer y estadística, "La mediana no es el mensaje". Pero en este libro no habla de su cercana muerte. Sí de la vida, de sus etapas, de su "maravillosa" variedad y persistencia. Y de sugestivas coincidencias numéricas que parecieran autorizar el cierre de un ciclo.

El primer trabajo técnico de Gould, Ontogenia y Filogenia, llegó a las librerías con demora, en 1977. Eso hizo coincidir su lanzamiento con el de su primera obra de divulgación, Desde Darwin. Reflexiones sobre historia natural. La casualidad fue celebrada en una reseña de The New York Times y confirmó la doble vocación del autor: "no puedo negar que aquel artículo ayudó a impulsar una carrera que entonces se hallaba atascada en la infancia", admite en el Prefacio.

Veinticinco años después, Acabo de llegar se publicó en simultáneo con La estructura de la teoría de la evolución, tratado que articula los aportes de su trayectoria como investigador. Más números redondos: con los textos recopilados en este décimo libro, el autor suma 300 ensayos preparados originalmente para la revista del American Museum of Natural History . La tercera coincidencia tiene que ver con su historia personal y, digámoslo, su patriotismo: terminó la escritura en 2001, cien años después de la llegada de su abuelo materno a Nueva York, exactamente un 11 de septiembre.

De coincidencias y cruces están hechos los ensayos de Gould, que se agrupan en este volumen en ocho apartados. En "Conexiones disciplinarias", por ejemplo, brilla un Vladimir Nabokov especialista en mariposas azules. Nada de amateurismo: hasta el éxito de Lolita , el ruso, que pasó seis años en Harvard, "podría haber sido identificado (por los criterios convencionales de dinero ganado y tiempo invertido) como lepidóptero profesional y escritor aficionado".

"Precedentes y secuelas darwinianos" también tiene grandes personajes. Allí se dilucida por qué un caballero conservador, el zoólogo británico E. Ray Lankester, asistió al funeral de Marx. Y se muestra de qué manera las ideas de Freud sobre la neurosis se vinculan con los aportes evolucionistas.

Las idas y vueltas, los detalles curiosos de la historia de la ciencia son el punto de encuentro de la sección "Ensayos sobre la paleontología de las ideas". Entre Paracelso y las "piedras judaicas" -espinas fósiles de erizos de mar-, Gould menciona a un Kirchner (Athanasius), cuya "doctrina de las indicaciones", de 1664, mostraba la vinculación de las partes enfermas del cuerpo con una planta medicinal, una constelación y un planeta.

Tres largas secciones -más de un tercio del libro- están dedicadas a su especialidad. "Lanzando los dardos: seis epítomes evolutivos" es netamente política. Allí surge el Gould polemista, y reaparecen sus clásicos contendientes. Se lo percibe enojado con "el mal uso" de Darwin por parte de la izquierda y la derecha norteamericanas. Y fastidiado cuando habla del diseño inteligente, una versión remozada del creacionismo que busca introducir ideas religiosas en las clases de ciencia desde hace casi cien años.

En esa línea, en uno de los ensayos de "Valor natural" vuelve a la cuestión de la clasificación de las razas de Blumenbach, para insistir en que la ciencia no puede sustraerse al alcance de la ideología. Por su parte, "Significado y diseño de la evolución" reúne piezas más conceptuales: se disfruta, entonces, al Gould profesor.

El volumen cierra con la sección "Triunfo y tragedia en el centenario exacto de Acabo de llegar , 11 de septiembre de 2001". Por momentos costumbristas, por momentos entrañables, los cuatro textos fueron agregados tras los atentados, cuando Gould consideró "un deber" dejar en claro "el predominio abrumador de la simple decencia y bondad, un aspecto central de nuestro ser como especie, que fácilmente resulta enmascarado por los raros actos de maldad espectacularmente destructiva".

Este Gould emocionado explica también un escrito que brilla solitario. El que dedica a su familia y a sus corresponsales. Confiesa el autor: "De todas las cosas que echaré de menos al concluir esta serie de ensayos, notaré de manera más profunda la pérdida de la amistad y la interacción con los lectores."

Hay un souvenir que vincula estos dos universos afectivos: un lector genealogista le hizo llegar copia del registro de la entrada al país de su abuelo, su bisabuela y sus tías. Acabo de llegar repite en su título este ensayo preliminar. Son las palabras que "Papá Joe" escribió en su diario, apenas desembarcado. Cerca del final, Gould elige despedirse con la esperanza de un emigrante que toca tierra tras un largo viaje.

© LA NACION. ADN Cultura 



 

«Cuando tenía cinco años, mi padre me llevó a ver al Tyrannosaurus del American Museum of Natural History. Estando frente al animal, un hombre estornudó; yo me tragué saliva. El animal se alzaba inmóvil en toda su grandeza. Al salir, anuncié a mi padre que había decidido ser, de mayor, paleontólogo».

Stephen Jay Gould (1941-2002), paleontólogo de profesión y profesor en la Universidad de Harvard desde 1967, es un pensador polifacético. No sólo la paleontología constituye su pasión, también la geología, la biología, la astronomía, la historia, la filosofía, la música y el béisbol. 

La obra científica de Gould parte, reafirmándola pero alterándola, de la teoría evolutiva de Darwin. Desde la publicación al 1927, junto con el paleontólogo también norteamericano, Niles Eldredge, del artículo Equilibrio discontinuo: una alternativa al gradualismo filético, ha llegado a ser una figura central en el ámbito del darwinismo. De su numerosa bibliografía podemos destacar: Desde Darwin (Ever Since Darwin: Reflections in Natural History), 1977; Ontogeny and Phylogeny, 1977; El pulgar del panda. Ensayos sobre evolución (Panda''''''''''''''''''''''''''''''''s Thumb: More Reflections in Natural History), 1980; La falsa medida del hombre (The Mismeasure of Man), 1981, La sonrisa del flamenco. Reflexionas sobre historia natural (The Flamingo''''''''''''''''''''''''''''''''s Smile), 1985; y La vida maravillosa. Burgess Shale y la naturaleza de la historia (Wonderful Life), 1989.