La fiebre es uno de los motivos de consulta más comunes en pediatría. Aunque es más a menudo una señal de infecciones virales autolimitadas, también puede ser una señal de infecciones bacterianas ( bacteriemia, neumonía, meningitis ), y la fiebre prolongada puede indicar enfermedades tumorales o del tejido conectivo.
Existe controversia sobre si debe y como debe tratarse la fiebre. Esta controversia está basada en los potenciales efectos beneficiosos de la fiebre contra las infecciones y si el tratamiento podría o no prolongar el curso de la enfermedad versus el alivio de los síntomas provocados por la fiebre. Existen también preocupaciones sobre la seguridad en el uso de los antipiréticos.
La fiebre es una fuente considerable de ansiedad para los padres. Esta ansiedad lleva a muchos padres a tratar la fiebre con antipiréticos con o sin el consejo de los médicos. Muchos de éstos creen que si no tratan a la fiebre esta aumentará a niveles dañosos. Varios estudios confirmaron que esta ansiedad también existe en médicos y enfermeros.
La fiebre puede asociarse con síntomas de incomodidad, escalofríos, cefaleas, irritabilidad, somnolencia, malestar y anorexia. Los antipiréticos pueden disminuir estos síntomas.
En un estudio se la pidió a los padres que tasaran el nivel de actividad, atención, humor, consuelo, apetito y succión luego de que sus niños se trataron con acetaminofeno versus placebo. El tratamiento con acetominofeno era asociado con mejor actividad, atención, humor y apetito. El acetaminofeno no afectó la duración de la fiebre. Un estudio similar pero con ibuprofeno arrojó similares resultados. Aliviar la incomodidad que la fiebre provoca es la causa más racional para tratar la fiebre.
No se conocen del todo los beneficios fisiológicos de la fiebre contra la enfermedad. La fiebre es una respuesta biológica a la enfermedad mediada por citokinas y el sistema nervioso central.
In vitro, se ha demostrado que los microorganismos no se pueden reproducir a altas temperaturas y que éstas están asociadas con una mejor función inmunológica de los glóbulos blancos.
Estudios han demostrado que tratando la fiebre con antipiréticos prolongaría el curso de la enfermedad. Un estudio randomizado, doble ciego, placebo- controlado en niños infectados con varicela, mostró que el grupo tratado con acetaminofeno, las lesiones tardaban más tiempo en llegar al período costroso ( 5,6 días en el grupo placebo vs. 6,7 en el grupo tratado ), sin embargo no había diferencias en la duración de los síntomas como prurito, actividad y apetito. Otro estudio realizado en 1990 concluía que el tratamiento con antipiréticos podría inhibir la maduración de los monocitos e interferir con los linfocitos y la producción de anticuerpos.
Sin embargo, otros estudios han demostrado que el uso de antipiréticos no afecta el curso de la enfermedad, por ejemplo en 1981 un trabajo demostró que la estancia en el hospital en pacientes con infecciones bacterianas, como celulitis, neumonía o meningitis, no variaba con el uso de antipiréticos.
Las dos drogas antipiréticas primarias utilizadas por los pediatras son el acetaminofeno y el ibuprofeno. La aspirina prácticamente ha dejado de usarse como antipiréticos en niños desde los años ochenta, cuando se demostró que su uso estaba asociado con el síndrome de Reye. Acetaminofeno e ibuprofeno controlan la fiebre inhibiendo la síntesis de prostaglandinas en el área del cerebro responsable del control de la temperatura. Muchos estudios han demostrado la actividad antipirética equivalente con 10 a 15 mg/kg de acetaminofeno y 10 mg/kg de ibuprofeno.
El acetaminofeno está disponible desde los años sesenta. La única contraindicación absoluta a su uso es la alergia. En suero alcanza los niveles máximos en 60 minutos y la vida media es aproximadamente de 1 a 2 horas. Las preocupaciones de su seguridad giran alrededor de su potencial hepatotoxicidad. Estos efectos hepatotóxicos se producen con sobredosis. La sobredosis accidental puede ocurrir cuando los padres leen mal los prospectos, dan las dosis en cucharitas en lugar de usar los cuentagotas o dan dosis adicionales debido a la persistencia de la fiebre.
Ibuprofeno es contraindicado en niños con pólipos nasales, angioedema y en reacciones de broncoespasmo a la aspirina u otros agentes antiinflamatorios. Los niveles séricos máximos se alcanzan en una hora y reduce la fiebre aproximadamente en 2 a 4 horas.
En adultos el ibuprofeno ha sido asociado con sangrado gastrointestinal, fallo renal agudo y anafilaxia. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en un estudio que comparó los efectos adversos en un grupo de niños tratados con ibuprofeno vs. otro que recibió aceteminofeno.
Un práctica común entre los pediatras es recomendar alternar dosis de ibuprofeno y acetaminofeno. El método utilizado para alternar éstas drogas es variado; algunos indican acetaminofeno cada 4 horas e ibuprofeno cada 6 horas, en cambio otros recomiendan alternar los dos cada 3 horas. No hay ninguna evidencia científica que éste método sea más eficaz para controlar la fiebre que utilizando cualquier agente exclusivamente. En contraposición podría provocar confusión en los padres y sobredosificación accidental.
Los médicos deben tranquilizar a los padres, ya que la fiebre no es peligrosa. La ansiedad paternal disminuye en aquellos padres que participan en programas de educación sobre la fiebre, esto incluye definición, beneficios, uso correcto del termómetro, información sobre la medicación, efectos colaterales y adversos, dosificación y que esta solo debe ser indicada por el médico, dando dosis específicas basadas en el peso de sus pacientes y en la formulación a utilizar.
En resumen, no hay datos convincentes que sugieran que tratando la fiebre con antipiréticos puedan afectar adversamente la enfermedad. Pueden usarse acetaminofeno o ibuprofeno para tratar los efectos incómodos que la fiebre produce en los niños.
* artículo comentado por el Dr. Edgardo Checcacci, editor responsable de Pediatría