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/ Published on May 16, 2005

Prevención Cardiovascular

La Farmacia: Un escenario privilegiado para la prevención

Los profesionales farmacéuticos mantienen con los pacientes una relación privilegiada de cercanía, afectividad y confianza siendo sus consejos y opiniones altamente valorados por la población.

Author: Dr. Daniel Flichtentrei

Esta situación estratégica particular y la alta capacitación académica del farmacéutico no pueden soslayarse a la hora de diseñar propuestas de acción social en medicina preventiva. Su tarea reconoce especiales aptitudes para el consejo preventivo, la detección  anticipada de factores de riesgo y de situaciones clínicas graves toda vez que es altamente frecuente que la farmacia sea el escenario de la primera consulta.
Lo infrecuente de las relaciones interdisciplinares entre médicos y farmacéuticos constituye una situación a modificar si se comprende que existen una multitud de metas comunes y una capacidad profesional de la que la sociedad no puede seguir prescindiendo.
Los diseños de política sanitaria deben incorporar a la totalidad de los recursos humanos disponibles y de las estructuras de asistencia de la población.

No hay tiempo, no existen excusas válidas en términos sociales para que los lazos entre profesionales se posterguen mientras los riesgos de la salud pública se expanden como una nefasta mancha de aceite.
Allí donde exista una oportunidad preventiva, en el lugar en que se encuentre un profesional habilitado para el consejo y la detección temprana habrá que construir un espacio abierto, competente y dispuesto a cumplir con el rol social que la urgente situación demanda.

·Las enfermedades cardiovasculares:
“Una responsabilidad compartida”

La alarmante explosión de este grupo de patologías que constituyen la primera causa de muerte en el mundo occidental requiere ampliar el espectro de personas involucradas en la detección precoz y el mantenimiento de la adherencia a los tratamientos recomendados.
Un problema de tan alto impacto epidemiológico requiere que la comunidad adopte estrategias inteligentes para su prevención y reconozca el papel fundamental de diversas disciplinas en esta tarea que excede largamente la relación médico paciente en su estructura asistencial tradicional.
Numerosas convocatorias de los más importantes organismos del mundo han convocado a la creación de equipos interdisciplinarios dedicados a la tarea de prevención: OMS, American Heart Association, American College of Cardiology, 33 Bethesda Conference, European Heart Association, entre muchas otras.

Los dispositivos de atención y detección de personas en riesgo cardiovascular deben adecuarse a las dimensiones del problema que intentan controlar.
Las enfermedades cardiovasculares constituyen un ejemplo paradigmático en el que pueden reconocerse la confluencia: compleja, múltiple, interactiva y en ocasiones impredecible de numerosas causas y factores condicionantes que intervienen en su génesis.
Se trata de la patología de mayor mortalidad del mundo industrializado, relacionada claramente con los hábitos culturales e históricos (alimentación, sobrepeso, sedentarismo, tabaquismo), con las condiciones simbólicas de la existencia socialmente conformadas (competitividad, condiciones de trabajo, inseguridad, stress, etc),  con la genética, con la biología molecular y la bioquímica sanguínea (factores hereditarios, dislipidemias, trombogénesis, disfunción endotelial, HTA).
Los abordajes de un cuadro con las múltiples determinaciones que este exhibe no admiten las modelizaciones reduccionistas ni la superficialidad de los esquemas de causalidad lineal y determinista. 

Nadie debería excluirse de esta iniciativa, ninguna profesión podrá permanecer ajena a esta obligación social. La situación reclama el compromiso individual, institucional y orgánico de cada sector sin subordinaciones discursivas ni vanas jerarquías académicas. La solidaridad y la conciencia serán los instrumentos indispensables para el cambio.


Los saberes y la Torre de Babel:

La ausencia del diálogo interdisciplinar:
¿La torre de Babel será entonces una consecuencia inevitable?

El proceso de “babelización” que exhibe el diálogo (o su ausencia) interdisciplinario no puede continuar sin poner en peligro nuestra propia existencia convirtiendo a los responsables de la conducción intelectual en los diversos ámbitos sociales en individuos más y más incompetentes.
Los mayores desafíos históricos del momento como la ética aplicada o la prevención entre otros requieren de capacidades intelectuales ampliadas.
Es necesaria la contaminación de las informaciones, de las metodologías y procedimientos. La interfecundación recíproca para el surgimiento de nuevos interrogantes y el planteo de problemas originales, múltiples y transdisciplinares acordes con la complejidad del objeto de estudio.

¿Qué es un dirigente individual o colectivo sino aquél que es capaz de tener en cuenta todos los elementos del problema que examina?

En el estado actual del conocimiento sufrimos una excesiva compartimentación. La organización de las disciplinas hace de ellas realidades autónomas y autosuficientes, carentes de articulaciones disciplinares lo que impone un nuevo obstáculo epistemológico  para la percepción totalizante de la realidad.
La formación profesional requiere vencer barreras conceptuales para incorporar las inocultables relaciones de su propia especialidad con las demás ramas del saber. Dos especialistas de la misma disciplina tienen a menudo dificultades para comprender sus propios resultados recíprocos.
La transdisciplinariedad es una herramienta relativa a lo que simultáneamente es entre y a través de las disciplinas y más allá de toda disciplina.

Las Sociedades de Cardiología de numerosos sitios del mundo ya han comenzado a incorporar institucionalmente instancias que aborden el tema transdisciplinar.

Tiempo atrás, ser un “erudito” consistía en acumular una gran cantidad de información en algunos casos accesible sólo a unos cuantos iniciados. Quedábamos boquiabiertos ante la cita de determinada publicación que el disertante exhibía como trofeo inalcanzable para nosotros. Para acceder al conocimiento de avanzada debíamos averiguar, buscar, recorrer un laberíntico camino hasta dar con la bibliografía precisa.
Actualmente, de acuerdo a aquel criterio: todos somos eruditos (Internet mediante) de una manera más fácil, rápida y económica. Sin embargo, pese a la enorme disponibilidad de información, el conocimiento a menudo no se traduce en los éxitos concretos que esperábamos de él.

Surgen entonces algunos interrogantes:

1) ¿Por qué pese a que día a día se conoce más acerca de la enfermedad cardiovascular, a los grandes avances de la cirugía y de la tecnología médica, esta enfermedad sigue siendo la primer causa de muerte en el mundo occidental?

2) ¿Por qué pese a que la "medicina de la evidencia" ha logrado identificar los factores de riesgo responsables estos continúan siendo tan difíciles de modificar?

3) ¿Por qué existiendo contundentes certezas acerca de las mejores pautas de tratamiento existe una brecha entre esta información fácilmente disponible y la práctica clínica cotidiana?

4) ¿Por qué, en los hechos, la medicina menosprecia la prevención pese a la contundente evidencia acerca de su necesidad y de su enorme impacto en términos poblacionales?

5) ¿Por qué la atención, el tiempo, los espacios en las publicaciones y congresos respecto de las estrategias para el cambio de hábitos continúa teniendo un papel tan secundario?

La enumeración podría resultar interminable, demasiadas aparentes contradicciones que nuestra actual actitud frente al conocimiento no logra resolver. Tal vez, la reflexión deba dirigirse a analizar críticamente el tradicional concepto de “erudición”. Quizás, hoy ser erudito sea tener una visión crítica, abierta y reveladora que nos permita desnudar las carencias que encierra el contradictorio apogeo de la medicina de nuestros días.

Creemos que los médicos no podemos resolver únicamente desde la biología, la farmacología y la cirugía enfermedades que están profundamente enraizadas en lo social, en lo cultural, en lo psicológico, en lo económico, convirtiendo a esta enfermedad en un ejemplo paradigmático de las limitaciones de la formación académica actual para abordar problemas tan diversos y múltiples.

Ese "espacio exterior" a nuestra formación disciplinar (genética, informática, biología molecular, teoría del caos, farmacia, antropología cultural, psicología, etc) no parece haber encontrado aún un "espacio interior" capaz de articular y enriquecer aquellos datos específicos.
En ese enorme universo que hoy escapa a la especialización progresiva es probable que encontremos respuestas a algunas de las aparentes paradojas actuales. Pero más importante aún es que seguramente el contacto con otros saberes despertará en nosotros nuevas preguntas y de ello, como es sabido, se ha nutrido históricamente el avance de las ciencias.

Tal vez habrá llegado la hora de ampliar el espectro de nuestras acciones y, mediante la interacción recíproca con otras disciplinas gestar proyectos comunes, más abarcadores que reconozcan la naturaleza compleja y multiforme del fenómeno a estudiar.
Ojalá que quienes tienen el poder de decisión para facilitar este camino así lo comprendan.