Noticias médicas

Publicado el 11 de marzo de 2007

En la lotería

La fantasía de ganar da tanto placer como ganar

Activa los mismos circuitos cerebrales

NUEVA YORK (The New York Times).- Una encuesta realizada en los Estados Unidos en 2002 demostró que las loterías son, lejos, la forma más popular de apostar. La pregunta es por qué. Las autoridades de la lotería Mega Millions, en esta ciudad, afirman que la posibilidad de ganar el próximo pozo acumulado, unos 12 millones de dólares, es de 1 en 175.711.536; entonces, cualquiera con un año de matemática en el colegio secundario puede darse cuenta de lo tonto que es apostar. En general, sostienen los expertos, las loterías les devuelven a los jugadores alrededor de 1,50 pesos (unos 50 centavos de dólar). Y hay muchas personas que multiplican su insensatez comprando cientos de números al mismo tiempo.

Los expertos en adicciones y algunos economistas luchan por poder explicar este comportamiento, al que describen como una fiebre irracional o, en los peores casos, una adicción patológica. Pero los investigadores no pierden demasiado tiempo en la cola del quiosco de la esquina.

Lloyd Cohen, profesor de derecho en la Universidad George Mason, autor del análisis económico Loterías, libertad y legislaturas, apostador y amante del juego de cartas, sostiene que los números de la lotería no son una inversión sino una compra desechable, lo que cambia radicalmente es la ecuación. Como una revista sobre estilos de vida, los números de la lotería transforman las fantasías de quienes los compran: una bodega, una piscina o un viaje al Caribe. La diferencia está en lo que cada número puede ofrecer.

Y mientras exista la posibilidad de cumplir la fantasía, una mínima probabilidad de ganar se vuelve paradójicamente un refuerzo de ese deseo, sostuvo Cohen. La simplicidad mundana de la lotería refuerza la atracción; las mesas de cartas en los casinos pueden intimidar, son un mundo oscuro de reglas y estrategias difíciles de superar; lo mismo para las carreras de caballos.

Dado que se trata de pura suerte, la lotería es fácil de entender y acepta una gran cantidad de supersticiones numéricas intrincadas y entretenidas. En distintos estudios, psicólogos demostraron que los jugadores se oponen a cambiar sus números por otros porque tienen la ilusión de controlar el haber elegido números mágicos.

Esa sensación de poder le da sentido a la espera. Y la esperanza de una suculenta recompensa, aunque sea remota, es una fuente de placer. En estudios por imágenes del cerebro de apostadores saludables, neurocientíficos hallaron que la probabilidad de ganar activa los mismos circuitos cerebrales que el premio en sí.

"Lo excitante no es sólo ganar, sino anticipar esa posibilidad; las dos experiencias son neurobiológicamente similares", dijo Christine Reilly, directora ejecutiva del Instituto de Investigación de Juego Patológico y Trastornos Relacionados, en Massachusetts.

Los grandes premios enloquecen a la mayoría de las personas, ganen o pierdan. Un estudio en 2003 de la Universidad de Vermont encontró que los jugadores de lotería decían que, si ganaban, preferían recibir el premio en pagos anuales, en general cambiaban de idea cuando ganaban. Y cuanto más alto era el premio, más propensos eran a elegir el pago total.

Pero, en la mayoría de los casos, las probabilidades y los números parecen palidecer frente al simple placer de una posible transformación. "No sé lo que haría si ganara -le dijo un hombre a un cronista mientras hacían la fila en un quiosco para jugar-. Es mucho dinero para pensar." Exactamente.

Benedict Carey