La expectativa de vida se ha incrementado seis años en las últimas dos décadas en los EEUU. La mortalidad infantil ha descendido alrededor de un tercio. El sarampión está casi erradicado. Las muertes por malaria ocurren solo un cuarto de las veces que ocurrían hace cinco años.
Estos son algunos resultados detallados en un informe de la salud del hemisferio occidental publicado durante la última semana por la Organización Panamericana de la Salud. Pero la imagen total de la región no ofrece una perspectiva tan optimista.
Los índices de salud a lo largo de la región ofrecen perspectivas dispares. La incidencia de Sida en los países caribeños sólo se ve superada por los países subsaharianos de África. Por otra parte, en la población con mayores ingresos se incrementa la incidencia de las "enfermedades de la riqueza", como los ataques cardíacos, la diabetes y las complicaciones de la obesidad.
A pesar de todo lo expuest, el director de la PAHO, George Alleyne, dijo la semana pasada que "la situación actual de la salud en América es la mejor de la historia".
La expectativa de vida, el mejor indicador de la salud general de la población, es de 73,2 años para toda la región, con las mujeres sobreviviendo en promedio seis años más que los hombres. Canadá tiene la mayor expectativa, con 79 años.
En Latinoamérica, la expectativa es de 70,4 años, pero hay amplias diferencias entre países. Haití tiene la menor expectativa de vida con 53 años. Brasil tiene un promedio de 68 años y México, de 73.
La mortalidad infantil, el indicador más importante en cuanto a las carencias de la población, es en total de 25 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, mucho menor a la cifra de 1980 (37). En Canadá ese número desciende a 5 por cada 1.000.
Los epidemiólogos de PAHO hallaron un dato que -si bien ya había sido expuesto- ofrece en este caso muestras contundentes: una mayor brecha entre los ingresos de la población tiene un efecto negativo en la salud.
Los investigadores dividieron a los países entre los de altos y bajos ingresos y también entre los de amplia o escasa brecha entre las ingresos del 20% más afortunado vs. el 20% más pobre.
Encontraron que las naciones con bajos ingresos pero distribución más equitativa de los mismos a menudo mostraban mejores indicadores de salud que los países con ingresos más altos pero peor distribuidos.
Por ejemplo, Brasil -con un ingreso per capita mayor- tiene una expectativa de vida de 68 años y una mortalidad infantil de 38 por cada 1.000 y Perú -con un menor ingreso pero con una distribución más horizontal- tiene una expectativa de 70 y una mortalidad infantil de 37 por 1.000.
La brecha en la distribución del ingreso ha ido aumentando en el hemisferio occidental durante los últimos 20 años. En 1980, el ingreso medio del 20% más rico de la población representaba 13 veces el ingreso del 20% más pobre. Hoy en día, esa relación subió a 16 veces.
Las muertes por enfermedades infeccionas, con excepción del Sida, han descendido. Una importante campaña contra la malaria redujo la mortalidad de la población de 8 cada 100.000 a 2 cada 100.000 desde mediados de los 90.
Las enfermedades cardiovasculares lideran la causa de muerte en el hemisferio.
Los autores de la investigación sostienen que la región está marcada por una "polarización epidemiológica" en la cual las enfermedades infecciosas continúan siendo la mayor amenaza para la gente pobre y las enfermedades no transmisibles como los ataques cardiacos, el cáncer y el enfisema son las más comunes entre los más ricos.
Se calcula que la diabetes en adultos crecerá hasta convertirse casi en una epidemia de proporciones. Alrededor de 35 millones de personas en América la sufren, un 54 % de las cuales pertenecen a Latinoamérica y el Caribe. En el 2025, se espera que este número llegue a 64 millones.