Art & Culture

/ Published on November 8, 2010

El Alzheimer y el Parkinson como temas de la literatura

La enfermedad en las novelas

Dos libros que abordan el padecimiento de un enfermo. "Desarticulaciones" de Silvia Molloy y "Elena Sabe" de Claudia Piñeiro

Desarticulaciones de Sylvia Molloy
(Editorial Eterna Cadencia)

Como pelando una cebolla, capa a capa, el mal de Alzheimer avanza sobre ML., desalojando de su mente los recuerdos que configuraban una historia personal, un “yo”. Los modos en que la mente elige empezar a olvidar, dejando intactas algunas habilidades para asolar otras zonas son los temas que ocupan las observaciones que la narradora va hilvanando en esta novela deslumbrante.

Sylvia Molloy regresa a la ficción con una novela universal, dramática pero llena de sabiduría acerca del modo en que se acompañan, se procesan y se sobrellevan los efectos del paso del tiempo.

La narradora visita casi diariamente a ML., con quien compartió una estrecha amistad y ahora padece mal de Alzheimer. A partir de esos encuentros y los fragmentos de memoria de ML. va construyendo un relato poderosamente conmovedor sobre la desarticulación de una mente que progresivamente va borrando todo de una manera peculiar.

Un intento, a través de la escritura, de “hacer durar una relación que continúa pese a la ruina, que subsiste aunque apenas queden palabras”. “¿Cómo dice yo el que no recuerda…?”, se pregunta la narradora frente a esa mujer que le muestra la casa como si la visitara por primera vez o que es incapaz de decir que ha sufrido un mareo, pero puede traducir al inglés perfectamente un mensaje donde se dice que ella ha sufrido un mareo.

Pasajes de un pasado y un presente compartidos que se transforman en ficción frente a un olvido que no puede contradecirlos. Un libro que opone al derrumbe una prosa precisa y vital y la sensibilidad única de una de las mejores narradoras latinoamericanas.

Sylvia Molloy: restos de una historia de amor
Desarticulaciones es un relato bello, descarnado, que no avanza porque no hay hacia dónde.

Por Juan Martini

¿Qué dice de uno la enfermedad del otro?

¿Sobre qué escribe quien escribe sobre la enfermedad del otro?

¿Qué sabe la escritura que uno no sabe?

Con estas preguntas, y otras, trabaja Sylvia Molloy en Desarticulaciones, un breviario sobre el fin de una historia de amor, un ensayo sobre los abismos que separan a los protagonistas de un vínculo amoroso (de cualquier orden) cuando el vínculo se disuelve, un diario sobre los efectos de la demencia del otro en la conciencia de uno.

¿Qué dice de uno la enfermedad del otro cuando el otro ya no tiene memoria, no tiene identidad o parece que no la tiene, cuando el otro es un ser que ejerce sin saberlo una lógica para la que no estamos preparados?

Cuando el yo del otro se desintegra, se disuelve, queda suspendido en una enunciación que no sabe que lo enuncia, desarticula -sin saberlo, sin intención, sin malicia- el yo de uno, y en este caso concreto desarticula el yo del sujeto que escribe.

Quien escribe, entonces, queda suspendido en un lugar sin identidad. Antes, quizás en el mismo lugar, existía un espejo. En ese espejo uno se mirará siempre, aun cuando la relación amorosa ya no exista (o haya dejado de existir antes de la enfermedad). Ahora es el silencio. La imagen propia desaparece de un espejo que ya no nos refleja. Pero no porque el otro no hable, si no porque la palabra del otro carece para uno, para nosotros, de lógica o sentido.

Esto no es rigurosamente cierto. Pero así es como percibe uno, en primera instancia, el discurso dislocado del otro, el discurso no anclado ni en el sentido ni en la experiencia.

Por eso uno escribe necesariamente sobre uno mismo.

La escritura no sabe a priori.

Es a medida que se despliega que la escritura comienza a decir lo que uno no sabe.

La escritura describe el balbuceo del otro. Y al hacerlo uno da cuenta de su propio sin sentido, aislado, separado del otro por un vacío en el que nadie ni nada tienen la entidad que tuvieron en otro tiempo.

Cuando el otro no puede dar cuenta de sí, y menos aún de su enfermedad, uno se mira en un espejo roto que nos devuelve la peor imagen: esa en la que quedamos pendientes de una palabra que el otro no dirá. En la demencia senil, además, el lenguaje suele conservar una cierta noción de sí, una estructura, y una forma que suele emplearse para ser cordial pero no para decir lo que uno espera porque el otro no sabe no sólo quién es sino tampoco quién es uno.

La palabra entonces es azarosa, y nombra casi siempre algo de uno como si no fuera de uno, o como si no formara parte del presente de uno, si no desplazándose, en un presente continuo que no fluye ni se intercambia con nada, que no avanza hacia el futuro pero tampoco hacia el pasado.

¿Qué queda de la amistad, de la seducción, de la sensualidad, del amor, del erotismo o de la sexualidad cuando el otro ya no es el mismo sino otro otro, cuando ya no es un espejo, o cuando es un espejo sin sujeto de la soledad?

Desarticulaciones es un relato bello, descarnado, que no avanza porque no hay hacia dónde. El único futuro es la desolación final. El puro silencio. Ya un alfajor no le hará decir al otro “Alfonsina” para que uno crea, por ejemplo, que detrás de las apariencias el otro habla de Mar del Plata. Ya la muerte tampoco tendrá sentido. Ni se lo dará a lo que no muera con ella.

Biografía

Sylvia Molloy nació en Buenos Aires. Es autora de las novelas En breve cárcel (1981) y El común olvido (2002) y del libro de relatos Varia imaginación (2003). Como crítica literaria ha publicado Acto de presencia (1996) y Las letras de Borges (1979). Es coeditora de los libros Women’s Writing in Latin America (1991) e Hispanism and Homosexualities (1998). Actualmente es Albert Schweitzer Professor in the Humanities de la Universidad ed Nueva York, donde dirige el programa de escritura creativa en español.


Elena sabe, Claudia Piñeiro
 Editorial Alfaguara. 2007

Únicamente el amor de una madre puede tornarse en una obsesión cuando se trata de perseguir el esclarecimiento del crimen de su hija. No es para menos, ya que está sola y enferma, lo que la determina como la menos indicada para encabezar la búsqueda del asesino. Esa investigación se dio por cerrada poco después de que su hija Rita apareciera muerta en la iglesia que frecuentaba. Aquí entran en escenas factores desagradables y facetas ocultas de autoritarismo e hipocresía en una sociedad convulsionada, conjugados por el verbo siempre punzante de la autora Claudia Piñeiro.

La conocida autora de Las viudas de los jueves -ganadora del Premio Clarín de Novela 2005- aprove cha esta vez las convenciones del género policial para contar una historia urbana y de clase media. A través de las aventuras de Elena, una anciana enferma de Parkinson que quiere saber si la muerte de su hija fue un crimen o un suicidio, Piñeiro muestra los problemas de la condición femenina en la Argentina actual. La maternidad y el derecho de las mujeres a un uso más libre de sus cuerpos, la vulnerabilidad de la vejez y la enfermedad, los mandatos sociales y religiosos que presionan y a veces impiden alcanzar incluso una modesta forma de felicidad, son los temas de fondo en Elena sabe.

La anécdota parece simple, pero la autora la llena de significados y observaciones sobre la vida de hoy. El tiempo de Elena, protagonista del relato, se mide en pastillas: las pastillas de dopamina que debe tomar en distintos horarios durante el día para asegurar que sus pies le obedezcan y su mente no se confunda. Elena deberá alcanzar el tren de las diez de la mañana desde el sur del Gran Buenos Aires hacia Plaza Constitución -toda una aventura en su caso- y viajar luego hacia Belgrano para entrevistarse con una mujer, Isabel, a quien no ve desde hace años pero -cree ella- tiene la solución al enigma de la muerte de Rita. La hija de Elena, Rita, trabajaba en un colegio parroquial y murió en circunstancias que a su madre le parecen poco claras. Es que, desde el punto de vista de Elena, todos son potencialmente sospechosos: desde las empleadas de la prepaga hasta un sacerdote o un médico, conocidos de la familia. En los diálogos con el policía Avellaneda, a cargo del caso, Elena intenta reconstruir lo que vivió Rita hasta llegar a esa última decisión -el suicidio- que a ella le parece inverosímil.

Hay minuciosas observaciones sobre la cotidianeidad que rodea a Elena, a través de la caracterización de personajes como Roberto Almada, el novio de Rita, un empleado bancario. Roberto, muy dependiente de su mamá -la peluquera Mimí, otro personaje de antología- aporta en más de una escena el costado cómico de la novela. Por cierto, también atrapa la narración del viaje en tren hacia Constitución y luego en taxi -el personaje del taxista también tiene lo suyo- a una casona de Belgrano, mientras Elena repasa mentalmente la historia que ha vivido.

Hábilmente, la autora de Elena sabe siembra el texto de pistas falsas y hace un uso creativo del punto de vista para sostener la tensión de la novela. Hacia el final, en el decisivo encuentro con Isabel y con su propia y dura historia -en la que Elena y Rita participaron, indirectamente, hace años- todo irá aclarándose, al precio del dolor. En este sentido, Elena sabe habla de las mujeres que no quieren ser madres y lo son a pesar suyo, también de aquellas que no han sabido ser madres. "Uno recién sabe frente a la vida, la vida es la gran prueba de nosotros mismos", dice Isabel. Y también: "un día, cualquier día, la vida nos pone a prueba, ya no es la puesta en escena en un teatro imaginario. Ese es el día en que se nos produce la verdadera revelación, estamos solos, cara a cara con nosotros mismos, ese día no hay mentira que valga".

Admiradora de la narrativa policial y de escritores como John Cheever y Thomas Bernhard, Claudia Piñeiro consigue en Elena sabe un relato conmovedor que impactará a las lectoras mujeres, pero no sólo a ellas.

Clarin.com

Claudia Piñeiro (Burzaco, 1960) es contadora, escritora, dramaturga, guionista de televisión de argentina y de varios medios gráficos. Tras ejercer durante 10 años su profesión de contadora elige dedicarse a la escritura. Publicó varios libros, artículos periodísticos, obras de teatro, varias de ellas recibieron premios o menciones tanto en su país de orígen como en el extranjero. En el año 2005 ganó el Premio Clarín Alfaguara de Novela por su obra Las viudas de los jueves y fue llevada al cine por el director Marcelo Piñeyro en el año 2009. Sus obras se han traducido a varios idiomas. Por su novela Las grietas de Jara, la autora argentina recibirá el reconocimiento el 1 de diciembre de 2010 en el Auditorio Juan Rulfo de la FIL.