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Published on December 25, 2007

Enfermedad coronaria

La depresión afecta el pronóstico de las mujeres que presentaron un IAM

Los síntomas depresivos influyen sobre la calidad de vida relacionada con la salud.

Author: Dres. Norris C, Hegadoren K, Pilote L

Fuente: European Journal of Cardiovascular Nursing 6(2):92-98, Jun 2007

Introducción y objetivos

La enfermedad coronaria es la principal causa de muerte y discapacidad en hombres y mujeres. Los avances médicos permitieron mejorar los índices de supervivencia de los pacientes que sufren eventos isquémicos. No obstante, aún existen diferencias relacionadas con el sexo respecto de las características demográficas y del curso de la recuperación. Es más, se sugiere que la presentación de la enfermedad coronaria es diferente entre las mujeres y los hombres. En general, las mujeres tienen un peor pronóstico a largo plazo. Se requiere la identificación de los factores específicos de género que contribuyen a la presentación clínica, la respuesta al tratamiento y la calidad de vida.

Los cuestionarios sobre la calidad de vida relacionada con la salud son muy útiles. De acuerdo con lo observado, las mujeres con enfermedad coronaria obtienen puntajes significativamente inferiores al año de seguimiento en comparación con los hombres. Se propuso que los resultados de los cuestionarios se verían afectados por las secuelas psicológicas de la enfermedad, las cuales difieren entre ambos sexos.

En las mujeres, la respuesta más frecuente ante el estrés significativo es la depresión. A su vez, los síntomas depresivos y el trastorno depresivo mayor son habituales en los pacientes con enfermedad coronaria. Además, las mujeres tienen un riesgo superior de depresión mayor respecto de los hombres. Esta vulnerabilidad se vincularía con factores biológicos y psicosociales. En cuanto a la enfermedad coronaria, los datos acerca de la naturaleza de la asociación entre los resultados de los cuestionarios de calidad de vida relacionada con la salud y los trastornos mentales son confusos. El objetivo del presente estudio fue evaluar las diferencias relacionadas con el género de los síntomas depresivos. De acuerdo con lo informado en un estudio anterior, en pacientes con antecedente de infarto agudo de miocardio esos síntomas se vincularían con los resultados de los cuestionarios sobre calidad de vida relacionada con la salud.

Pacientes y métodos

Se incluyeron pacientes hospitalizados por infarto agudo de miocardio. La información clínica y demográfica se obtuvo de las historias clínicas. Al inicio del estudio y transcurrido 1 año desde la hospitalización, los pacientes completaron 2 cuestionarios autoadministrados. El primero fue el Short Form 36, empleado para medir la calidad de vida relacionada con la salud. A partir de él se obtuvieron 2 puntajes correspondientes al componente físico y al mental. El cuestionario restante fue el Beck Depression Inventory, que permitió evaluar la presencia de depresión y su gravedad. Se evaluaron las diferencias entre los hombres y las mujeres. Los puntajes del componente físico y del componente mental se adaptaron a las características sociodemográficas, a los factores del estilo de vida, a la presencia o la ausencia de comorbilidades y a determinadas variables específicas de la enfermedad cardíaca. Asimismo, se evaluó la contribución independiente de cada variable.

Resultados

En total, 486 pacientes completaron el año de seguimiento, 21% de los cuales eran mujeres. En comparación con los hombres, las mujeres tenían mayor edad, menos probabilidades de ser casadas y menos años de educación formal. Además, refirieron un ingreso anual menor y menos contactos cercanos a quienes acudir. Asimismo, se observaron diferencias significativas respecto de los factores de riesgo cardíaco. Las mujeres presentaron con más frecuencia diabetes mellitus e hipertensión, en tanto que los hombres tuvieron más antecedentes de tabaquismo.

Al año de seguimiento, el puntaje correspondiente a la depresión fue significativamente peor en las mujeres. Con respecto a la calidad de vida relacionada con la salud, el puntaje fue significativamente peor en las mujeres, tanto al inicio como al año de estudio. Igualmente, las mujeres refirieron una declinación mayor en todas las dimensiones de la calidad de vida desde el comienzo del estudio hasta el año de seguimiento. En cuanto al puntaje del Beck Depression Inventory, mientras que en las mujeres empeoró, en los hombres se observó una mejoría al menos mínima al año de seguimiento.

La evaluación de los resultados del Short Form 36 y del Beck Depression Inventory al inicio y al año de estudio indicó que los hombres refirieron cambios significativos en la mayoría de las escalas de calidad de vida. En cambio, las mujeres refirieron diferencias significativas en una minoría de esas escalas. Además, manifestaron un empeoramiento significativo de la sintomatología depresiva desde el inicio hasta el año de seguimiento. Al año de seguimiento, el puntaje correspondiente al componente físico fue significativamente superior en los hombres. En cuanto al componente mental, no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre ambos sexos luego de ese período.

Discusión

Los resultados del presente estudio destacan la influencia significativa que tienen los síntomas depresivos sobre la dimensión de salud mental del cuestionario de calidad de vida relacionada con la salud. Esto es muy notorio en las mujeres con enfermedad coronaria. Se observaron diferencias significativas vinculadas con el género en los resultados del Short Form 36 y el Beck Depression Inventory. Esto indica que la calidad de vida relacionada con la salud es peor en las mujeres que presentaron un infarto agudo de miocardio, tanto en el momento de la hospitalización como al año de seguimiento en comparación con los hombres.

Las mujeres con enfermedad coronaria tienen mayor probabilidad de experimentar más síntomas al inicio de la enfermedad. Además, al tener en cuenta las variables psicosociales, clínicas y comórbidas, las diferencias de la calidad de vida relacionada con la salud también fueron significativas al año de seguimiento. En consecuencia, los resultados desfavorables del componente físico del Short Form 36 observados en las mujeres transcurrido 1 año desde el infarto agudo de miocardio se relacionarían con las diferencias de género respecto de la gravedad vinculada con las enfermedades anteriores a ese episodio. En cuanto al componente mental, las diferencias entre los hombres y las mujeres al año de seguimiento disminuyeron al tener en cuenta el puntaje del Beck Depression Inventory. No se observaron diferencias significativas de gravedad de la depresión al inicio del estudio entre los hombres y las mujeres. Además, estas últimas refirieron aumento de la sintomatología depresiva al año de seguimiento. Estos datos sugieren que tendrían una respuesta psicológica más negativa luego de presentar un infarto agudo de miocardio, que afectaría la recuperación.

Las diferencias del nivel de depresión transcurrido 1 año desde el infarto agudo de miocardio también señalan que éste tiene un impacto diferente entre los hombres y las mujeres. De acuerdo con lo señalado por otro autor, la enfermedad coronaria es concebida como un trastorno predominantemente masculino. La aparición de un infarto agudo de miocardio no coincide con la expectativa de vida de las mujeres. Esto conlleva un grado significativo de estrés y aumenta el riesgo de depresión. También se sugiere que el puntaje superior relacionado con la depresión en las mujeres se debe a un sesgo de información, ya que los hombres tienden a minimizar los síntomas. No obstante, los resultados de los diferentes estudios al respecto son heterogéneos.

La depresión se asocia con pronóstico desfavorable en diferentes condiciones médicas. Esto se debe, entre otros motivos, a que el paciente deprimido tiene peor adhesión al tratamiento. Además, existen diferencias de género relacionadas con la derivación y participación en programas de rehabilitación cardíaca. Se informó que sólo un tercio de los pacientes que presentan un infarto agudo de miocardio son derivados a rehabilitación y que esa derivación es menos probable en las mujeres. Asimismo, ciertos factores psicosociales, como los síntomas depresivos y el aislamiento social, obstaculizan la participación de éstas en los programas de rehabilitación.  De acuerdo con los resultados del presente estudio, el efecto de la depresión sobre la calidad de vida relacionada con la salud de las mujeres que sufrieron un infarto agudo de miocardio es significativo.

La evaluación sistemática de la sintomatología depresiva debería incorporarse en los servicios de rehabilitación cardíaca. El tratamiento debe ser enérgico, ya que la depresión es una enfermedad grave y angustiante para el paciente y su familia, que puede afectar la capacidad de manejar las enfermedades crónicas y aumentar el riesgo de ideación suicida. Por último, debido al impacto significativo de la depresión sobre la calidad de vida vinculada con la salud, su tratamiento es imprescindible.

Conclusión

La depresión empeora el pronóstico de los pacientes con diferentes condiciones médicas y afecta la adhesión al tratamiento. En consecuencia, su reconocimiento y tratamiento son imprescindibles, sobre todo en los pacientes que sufrieron un infarto de miocardio. La mayor sintomatología depresiva observada en las mujeres transcurrido 1 año desde el infarto agudo de miocardio se debería a respuestas específicas de género. Esto afecta la interpretación de la experiencia y dificulta la modificación de otros factores de riesgo. La detección sistemática de depresión debería incluirse en la evaluación general efectuada durante la admisión y el seguimiento de un paciente que sufrió un infarto agudo de miocardio. El objetivo es reducir el impacto que éste tiene a largo plazo sobre la calidad de vida relacionada con la salud. Esto puede empezar al efectuar un diagnóstico y tratamiento correctos de la sintomatología depresiva, sobre todo en las mujeres.