
Unas veces la agresión y el dolor físico son reales porque se les cura, pincha, introduce un depresor en la garganta... Otras veces, casi siempre, los niños se sienten desnudos, desprotegidos, con su autonomía y su independencia mutiladas, expuestos a riesgos desconocidos para ellos... Y esto les genera ansiedad y dolor.
Algunos niños, incluso los más pequeños, se sienten muy desprotegidos cuando se les desnuda completamente; otros cuando se les tumba para acostarlos. Y, en consecuencia, protestan o lloran desconsoladamente al adoptar esta postura.
Nada cuesta ser sensible a estas demandas, preguntar a los niños mayores, entender el lenguaje corporal de los más pequeños y explorarlos, siempre que sea posible, en la postura que ellos deseen, incluso abrazados a su madre.
Cuando los niños consultan en un hospital de urgencias, algo que cada vez es más frecuente, generalmente son explorados en cuartos o boxes poco amigables. Sus colores, mobiliario, luces y ambientación están preparados para los profesionales sanitarios, no para los niños. A muchos se les somete a exploraciones dolorosas como una extracción de sangre para análisis, sondaje de vejiga para recoger orina, curas, puntos de sutura, aspiración de secreciones nasales o punción lumbar o de espalda para el diagnóstico de meningitis.
En estos casos, los niños deberán permanecer con sus padres, al menos con uno de ellos, porque éstos y sólo éstos consiguen que su hijo se sienta protegido, no abandonado. Una protección que tiene potentes efectos analgésicos. Las caricias, el arrullo, las palabras, coger las manos o la cara, ponerse de forma que el niño vea una cara amiga... Todo ello disminuye la ansiedad, el llanto y el dolor de los niños.
Sin embargo, en menos de la mitad de los servicios de urgencias pediátricas españolas se permite la presencia de los padres durante la extracción de sangre para análisis. Y en más de la tercera parte de estos hospitales no se ofrece nunca a los familiares la posibilidad de acompañar a su hijo durante un procedimiento doloroso, según un estudio realizado en 32 hospitales españoles (A. Game y cols. Anales de Pediatría, 72:243, abril 2010).
Las causas principales que se aducen para ello es que los padres no están preparados o se ponen nerviosos y el peor rendimiento de los profesionales sanitarios que realizan la prueba. Sin embargo, existen estudios previos que han demostrado lo contrario, que la presencia de los padres en estas situaciones supone menos estrés tanto para los niños como para los padres (Wolfram R y cols. Pediatric Emerg Care 1997; 13:325 y Acad Emerg Care 1996; 3:58). Otras investigaciones han demostrado que los profesionales bien entrenados no pierden eficacia ni seguridad al realizar estos procedimientos en presencia de los padres.
En definitiva, los padres deben proteger de la ansiedad, estrés y miedo a sus hijos, incluso en la consulta del médico. Si éste o el resto del personal sanitario realizan medidas o procedimientos invasivos o dolorosos, debería solicitar su presencia, no sólo por motivos humanitarios, también porque disminuye la percepción del dolor.
Juan Casado
El doctor Juan Casado, jefe de Pediatría del Hospital Niño Jesús de Madrid, comenta y ofrece consejos a los padres. Recomendaciones generales para velar por la salud de sus hijos.