La incomunicación
Las dificultades de comunicación entre investigadores y clínicos comienzan por los códigos lingüísticos; los idiomas van distanciándose. Particularmente difícil para la comunicación ha sido el uso excesivo de siglas, abreviaturas y acrónimos que sorprenden a quienes no están en la convención si no se agrega un glosario. El texto de Medicina Interna de Harrison, por ejemplo, dedica 44 páginas a renglón seguido para enlistar las 2112 siglas utilizadas en el texto, y por supuesto ya han surgido los diccionarios de acrónimos y abreviaturas. La interpretación de estas siglas por sentido común o por el contexto puede generar graves confusiones. Por ejemplo, la expresión HB se puede identificar como hemoglobina o como hepatitis B, pero también es una marca de transportes de carga, una cadena de televisión y hasta se utiliza para referirse a habitantes. Lo cierto es que los artículos científicos y los reportes clínicos están plagados de siglas; en el mejor de los casos, los primeros se acompañan de un glosario o del vocablo completo en los primeros renglones del texto, seguido de la abreviatura entre paréntesis para evitarse repetir muchas veces la palabra, pero por lo menos vuelven difícil la lectura.Los niveles de abstracción de la ciencia y la clínica son obviamente diferentes. La clínica se refiere al individuo y acaso a un grupo limitado de ellos. La ciencia abarca diversos grados de lo molecular, celular, tisular, orgánico, sistemas de órganos y también grupos grandes de personas. La ciencia explora la profundidad, la clínica va un poco más hacia la extensión. Los métodos difieren, pues los clínicos emplean mucho la analogía, las conclusiones por exclusión, las pistas no suficientemente validadas, la identificación de patrones sin un análisis racional, las pruebas terapéuticas, estrategias que nunca serían avaladas por los científicos.
La ciencia tiende a ser reduccionista, la clínica pretende ser holística. Incluso en términos de valores se percibe un distanciamiento. Las consideraciones mutuas van del menosprecio al deslumbramiento. Lo cierto es que, aún ubicados en un mismo espacio físico, no siempre ha sido fácil lograr una comunicación ni una comunidad de objetivos entre clínicos e investigadores.
Validez externa
Otra dificultad tiene que ver con la validez externa pues es evidente que las circunstancias de la investigación no son las mismas que las de la práctica clínica. La validez externa está relacionada con la aplicabilidad de los resultados de la ciencia, con su transferencia a condiciones diferentes de aquellas en las que se generaron. Responde a la pregunta sobre qué tan generalizables son los resultados y sobre la extensión a la cual los resultados de un estudio pueden ser aplicados más allá del propio estudio. Estos cuestionamientos sobre la validez externa no se relacionan sólo con la investigación biomédica básica, sino aún con la investigación clínica que parece estar más cercana a los clínicos.
Las aportaciones de la investigación clínica a la atención de los enfermos han sido invaluables. No obstante, no siempre se han logrado transferir de manera sencilla, empezando por la cuestión de si los resultados obtenidos con grupos de enfermos se pueden aplicar al caso, único e irrepetible, que desafía al clínico en ese momento preciso. La pregunta tiene que ver con el concepto de padecimiento, entendido como lo que el paciente efectivamente tiene, independientemente de que no siempre corresponde a la enfermedad descrita en los textos o concebida como constructo operativo y didáctico.
Por ejemplo, los criterios de inclusión y exclusión que se emplearon para desarrollar una investigación pueden dejar fuera al paciente de ese día y no sabemos si el conocimiento generado es aplicable al caso individual, ya sea porque está fuera del rango de edad en que se realizó el estudio, porque es un caso más o menos avanzado en la historia natural de la enfermedad en cuestión que los que se estudiaron en el ensayo, porque forma parte de otro grupo de edad u otro sexo, o bien porque tiene enfermedades asociadas que no hubiesen permitido considerarlo dentro del grupo experimental.
Las interrelaciones entre clínica y ciencia se han ido identificando con el término de translacional (translational) que algunos traducen como traduccional o translativo. En todo caso se va identificando la necesidad de mejorar la comunicación entre ambas disciplinas.