Art & Culture

/ Published on July 8, 2008

Muestra fotográfica / 2008

La ciudad de la espera

Islas de tiempo muerto en imágenes de una rara y conmovedora belleza.

"Nadie sabe lo que muestra cuando oculta" Pascal Quignard

Es siempre una ilusión la ingenua creencia en lo que las fotografías muestran. Ellas sólo se muestran a sí mismas. Es el ojo, como víscera sensible del fotógrafo, su mirada impúdica y su vocación de pornógrafo lo que la foto nos hace ver. Contradiciendo toda lógica, hay ocasiones en que el dedo que señala es también la cosa señalada.

Una cámara en manos de un artista es un arma mortífera que desnuda lo que tus ojos se niegan a ver. Un dispositivo poderoso que te enfrenta a lo que empecinadamente resistís. Te fuerza. Te obliga. Te escupe con luces y sombras sobre la impostura cotidiana.

Se fotografía una idea, un concepto intangible y errático al que las palabras raramente pueden nombrar. El resto es basura. Estúpidos clicks que reproducen las mentiras en las que tozudamente creemos creer. Fotos testigo, policiales, delatoras. Espejos hipócritas que reflejan lo que nunca existió.

Sólo la sensibilidad exasperada de un fotógrafo detrás de esa "cámara lúcida"  produce algo digno de ser visto. Un estremecimiento de luz, un raro temblor, un loco pez eléctrico que súbitamente despierta en el interior de tu cabeza.

Las obras de “La ciudad de la espera”  dejan ver lo que no muestran. Aquello que, más allá del campo que el artista recorta, incide en él como la sombra ciega de un fantasma, lo transforma y lo dota de significado. Un pequeño orificio, una picadura que hiere mientras revela lo que estaba oculto. El “punctum” que el entrañable Roland Barthes definió como ese gesto que la mirada normal no logra inmovilizar extrayéndolo del perpetuo flujo del tiempo para hacerlo visible.  Por eso en esta muestra se exhibe una idea. Por eso esta idea es profunda e inteligente. Porque, aunque sus autores lo ignoren, están describiendo -tal como el antropólogo Marc Augé lo hizo con sus "no lugares"- una nueva categoría, la del  “no momento”. Un tiempo fuera del tiempo. Ese instante imposible que huye de los relojes. Aquello donde todo se detiene y las personas flotan ingrávidas a merced de sí mismas. Islas de tiempo muerto, eso es lo que éstas fotos capturan. La imperceptible fugacidad en que las máscaras se disuelven y alguien comprende -como atravesado por un rayo- la naturaleza absurda de las cosas. Habitan en éstas imágenes  los múltiples rostros de la soledad radical. Circulan en ellas las historias afásicas que nadie se anima a contar. Pequeños simulacros -en los instersticios del tiempo- que anticipan la muerte. Imágenes hembra preñadas de silencio y de seres desangelados que miran de frente lo que es imposible ver.

Esperar es salirse del tiempo. Es correrse unos pasos del vértigo de la existencia y abandonarse al silencio aterrador de la verdad. Todos huimos de la espera porque ella nos confirma que no vamos hacia ninguna parte. Porque cuando estamos quietos y absortos  percibimos el curso  de los acontecimientos en su auténtica y brutal dimensión. Un trayecto furioso que nunca tuvo más destino que su propia desaparición. Estas fotos son juicios morales, veredictos salvajes como Susan Sontag alguna vez nos ayudó a ver.

Ahora que es fácil dudar del tiempo y del espacio. Ahora, después de Einstein y de Gödel, todos sabemos que esas dimensiones no están en el mundo tal como las imaginábamos. Todavía, sin embargo, nos estremecemos cada vez que un maldito fotógrafo nos obliga a ver que vamos a la deriva en un territorio que no comprendemos y hacia un destino que no queremos comprender. Haga la prueba, saque la lengua atrapada en sus ojos y déjela lamer la superficie de estas fotos.

Daniel Flichtentrei



El tiempo detenido, la mirada perdida, la agobiante sensación de parálisis. La misma escena se repite una y otra vez, día tras día, semana tras semana. Un lugar nos atrapa, el momento se congela y la circunstancia nos extravía. Un nuevo espacio que abre las puertas a su monotonía, enjaulando nuestros ojos. Y la espera interminable por que algo se transforme. Y la espera insoportable de no ser más este no-movimiento; conjuro de esta hechicera que construye laberintos de presente con ladrillos de futuro. 

¿Y la vida? La vida vuela por los grises cielos de cemento. Su corazón late batallas de tiempo, bombea un tráfico hastío por las calles de multitud. Y la ansiosa espera de felicidad que se hace eterna. Y la espera angustiosa del final eterno que muere  fugazmente. Todo transcurre en instantes, nada que justifique una pausa, ni momentos que sean un todo, nada que detenga esa vorágine, ese mecanismo implacable de perder las horas, de querer las horas.

La ciudad que consume nuestros días a una velocidad imperceptible, casi silenciosa. La ciudad que corre, hasta detenernos. Ciudad que nos pierde y donde nos perdemos, que nos mezcla y nos mueve de un lado a otro en una búsqueda sin sentido. Ciudad que nos deja en la soledad sin tiempo de la multitud frenética.

Y nosotros, sin resistirnos, jugamos su juego cruel, corremos por sus venas frías odiando cada instante desperdiciado. Y nosotros, seres del tiempo pero sin tiempo, caemos en la ambición desmedida de añorar cada fracción de segundo. Sucumbimos a la subestimación de los traslados cotidianos, olvidamos que la mente vuela, olvidamos esos instantes decisivos que hacen del presente un momento absoluto y único, esos suspiros que determinan el destino de cada día y construyen un mañana incierto. Somos algunas décadas viviendo en esta trampa de infinito, este hormiguero pateado, como la llamaba Atahualpa. Esta ciudad que no duerme, ni despierta. Esta ciudad que, según su humor caprichoso, nos apura y nos detiene, pero no nos espera. Esta ciudad sin freno, implacable, la ciudad de la espera.

Alexis Roitman

Muestra Fotográfica 2008
 
Teniendo como eje La Espera, dieciocho fotógrafos que participaron durante el 2007 del taller fotográfico anual Fotodoc -dictado por el fotógrafo Daniel Merle y la diseñadora Victoria Quintiero-, inauguran la muestra “La ciudad de la espera” junto con la presentación  del libro. Con este evento, el Centro Cultural Borges abre por primera vez las puertas de su espacio Nueva Fotografía.

www.laciudaddelaespera.com.ar
www.fotodoc.com.ar

 
 Fecha inauguración: Miércoles 16 de julio, 19hs.
 Cierre de la muestra: Domingo 10 de agosto
 Lugar: Centro Cultural Borges, espacio Nueva Fotografia
     Viamonte esquina San Martín. Capital Federal
 Horario: Lunes a sábados de 10 a 21 hs. Domingos de 12 a 21 hs.
 
♦ Fotógrafos que participaron: Agostina Chiodi, Ileana Dellunti, Manuel Fernández, Sandra Flomenbaum, Pablo Genovesio, Soledad Gryciuk, Mateo Heras, Leonardo Jerez, Oliver Kornblihtt, Silvina von Lapcevic, Sol Lisdero, Analía Manetta, Consuelo Oppizzi, Valeria Carla Petrone,  Claudia Presentado, Tomás Rawski, Alexis Roitman, Marcelo Sarmiento.