Noticias médicas

/ Publicado el 18 de julio de 2005

Ciencia con humor

La ciencia en solfa

Alguien dijo que "el fondo del humorismo es una preocupación por algo ideal y trascendente". Y algún otro, que "el buen humor es un deber para con el prójimo".

Ambas máximas se aplican al último libro de la colección "Ciencia que Ladra" -Demoliendo papers, la trastienda de las publicaciones científicas (Siglo XXI Editores y Universidad Nacional de Quilmes, 2005)- compilado por el neurobiólogo, periodista y escritor Diego Golombek, que a estas alturas es un joven pero ya veterano "demoledor" de clisés.

Si puede decirse que la ciencia, como la filosofía, no es otra cosa que el sentido común vestido de etiqueta, Golombek y un grupo de sus alumnos se proponen despojarla de toda pompa y destronar al más frecuentado de sus íconos -el paper, ese texto jeroglífico salpicado de nombres impronunciables y fórmulas matemáticas a través del cual los investigadores presentan sus descubrimientos al mundillo de élite de la ciencia-.

Golombek et al. lo hacen pergeñando 17 papers escritos según todas las reglas, pero dirigidos a demostrar las teorías más absurdas y disparatadas, como la divinidad del botón, la predominancia de los principios físicos que determinan la caída en pie del gato sobre la Ley de Murphy, que explica la caída de la tostada con la mermelada hacia abajo, la existencia del hombre de la bolsa o el efecto de la música sobre el crecimiento de las plantas.

En la aventura de reírse de sí mismos, los científicos se hacen preguntas tan sesudas como ¿cuáles son las razones científicas que explican la llegada del colectivo cuando uno enciende un cigarrillo?, ¿cómo puede evaluarse la alternativa entre el uso de insecticidas y métodos tales como el empleo de la ojota? o ¿si la música hace crecer las plantas, qué pasa cuando a éstas les gusta la cumbia y al ama de casa, las canciones navideñas?

Que la empresa llegó a buen puerto se comprueba por la sonrisa franca -y hasta la carcajada- que inspira la lectura de esos textos desopilantes. La virtud de estos artefactos seudocientíficos es que enseñan a tomar con menos solemnidad los métodos y lenguajes ortodoxos, y ayudan a desvirtuar la imagen acartonada que muchos tenemos de los científicos... y los científicos de sí mismos. Como dice Golombek: "Desarrollar la imaginación es, después de todo, una de las mejores formas de acercarse a la ciencia".

Por Nora Bär
ciencia@lanacion.com.ar