Una nave cilíndrica y hueca se posa sobre la superficie lunar.
Una cápsula hermética y maciza navega 20.000 leguas debajo de los mares.
Un gigantesco globo aerostático da la vuelta al mundo batiendo records de velocidad. Con instrumentos asombrosos, un grupo de hombres alcanza el mítico centro de la tierra.
Casi nada de estas epopeyas conserva hoy su capacidad de generar asombro. La realidad se ha encargado de atenuar sus efectos y disolver su misterio. La cuota de irrealidad con que fueron imaginadas ha quedado desfalleciente a los pies del inexorable paso del tiempo. Otros sueños reemplazan a aquellos, otra imaginación ocupa ese lugar. Otros misterios reclaman sus narraciones y buscan en la sutil materialidad de los relatos el anticipo de su realización.
Este año se cumple el centenario de la muerte de Julio Verne (1.828–1.905) lo que ha motivado un renacimiento nostálgico de su figura. Suplementos literarios y publicaciones científicas convocan su recuerdo para rendirle homenaje.
Fue el novelista por excelencia del período histórico que Eric Hosbawn denomina “La era del capitalismo” y que se inicia alrededor de 1.860. Momento de transformaciones radicales de la sociedad en todos los aspectos.
Mientras se produce el tránsito de la primera a la segunda revolución industrial nace una nueva forma de organización social y, con ella, se instala un imaginario particular que acompaña aquellos cambios.
Como todo fenómeno cultural existe una trama de sucesos y de ideas donde la obra se sustenta. Julio Verne es un hijo pródigo del Positivismo naciente de la mano de Augusto Comte y de las teorías del vitalismo de F. Nietzsche.
Cuáles podrían ser los temas de una literatura que nace en una época donde confluyen: Darwin (1.809-1.882), Mendel (1.831-1.879), Maxwell (1.831-1.879), Hertz ( 1.857-1.894), Marz (1.818-1.883), Roentgen (1.845-1.923), Pasteur (1.822-1.895), Koch (1.843-1.910), Max Planck (1.858-1.949) y tantos otros.
La convergencia cronológica de tantos fundadores de la ciencia contemporánea, del concepto mismo de ciencia experimental y teórica tal como hoy lo entendemos produce, y a la vez es producido, por un espíritu histórico propio.
¿Qué otra idea mas que la ilimitada confianza en el progreso del hombre, en el dominio definitivo de las fuerzas de la naturaleza, en el uso de la técnica como herramienta de la ciencia podría haber tenido alguien que escribiera en ese momento?
Lejos de la infundada creencia en una capacidad imaginativa desbocada y fantástica, Julio Verne encarna una imaginación que parte desde el conocimiento científico vigente para, liberándose de sus constricciones metodológicas, volar sin ataduras hacia todos los mundos posibles.
Verne encarna en sus personajes las ideas del “robinsonismo” de Daniel Defoe, exalta el individualismo de una nueva clase que se siente capaz de dominarlo todo.
Los náufragos de estas islas no dramatizan un fracaso, más bien actúan poseídos por la fuerza incontenible de un sujeto capaz de sobreponerse con ingenio y técnica a la hasta entonces indomable naturaleza.
Seguros de sí y empapados de una confianza irrefutable sus hombres emprendieron la aventura de posar los pies del conocimiento naciente sobre las arenas del mundo.
Miles de adolescentes fascinados y absortos arroparon sus siestas a la sombra de estas historias. Muchos de nosotros construimos una parte muy importante de nuestra propia identidad y nuestros valores a la sombra de aquella exaltación épica del conocimiento.
Traer hoy a Julio Verne nuevamente a nuestras mesas de luz enciende el ánimo para formularnos retóricamente algunas preguntas íntimas, personales...
¿Cómo podríamos hoy releer aquellos textos despojados de la fe y el entusiasmo que entonces teníamos?
¿Qué fue del advenimiento de aquel hombre que inconteniblemente se anunciaba en esas páginas?
¿Qué relatos animan los sueños de nuestro hijos cristalizados ante un universo de pantallas, de puros resplandores convulsivos?
¿Qué perdimos y qué ganamos al bajar de nuestras manos un libro y subir el control remoto?
¿En qué maltrecha esquina del pasado reciente mutamos aquella exaltación en esta nostalgia?
¿Con qué futuro soñamos hoy?
¿Soñamos hoy? ¿Hay futuro?
Publicado el 7 de abril de 2005
A cien años de su fallecimiento.
Julio Verne: “En busca de un futuro perdido”.
“Cada vez veo peor y he perdido también un oído; gracias a esto sólo corro el peligro de oír la mitad de las tonterías y de las mezquindades que corren por el mundo. Es un gran consuelo.” Julio Verne.
Autor/a: Por IntraMed
Una nave cilíndrica y hueca se posa sobre la superficie lunar.
Una cápsula hermética y maciza navega 20.000 leguas debajo de los mares.
Un gigantesco globo aerostático da la vuelta al mundo batiendo records de velocidad. Con instrumentos asombrosos, un grupo de hombres alcanza el mítico centro de la tierra.
Casi nada de estas epopeyas conserva hoy su capacidad de generar asombro. La realidad se ha encargado de atenuar sus efectos y disolver su misterio. La cuota de irrealidad con que fueron imaginadas ha quedado desfalleciente a los pies del inexorable paso del tiempo. Otros sueños reemplazan a aquellos, otra imaginación ocupa ese lugar. Otros misterios reclaman sus narraciones y buscan en la sutil materialidad de los relatos el anticipo de su realización.
Este año se cumple el centenario de la muerte de Julio Verne (1.828–1.905) lo que ha motivado un renacimiento nostálgico de su figura. Suplementos literarios y publicaciones científicas convocan su recuerdo para rendirle homenaje.
Fue el novelista por excelencia del período histórico que Eric Hosbawn denomina “La era del capitalismo” y que se inicia alrededor de 1.860. Momento de transformaciones radicales de la sociedad en todos los aspectos.
Mientras se produce el tránsito de la primera a la segunda revolución industrial nace una nueva forma de organización social y, con ella, se instala un imaginario particular que acompaña aquellos cambios.
Como todo fenómeno cultural existe una trama de sucesos y de ideas donde la obra se sustenta. Julio Verne es un hijo pródigo del Positivismo naciente de la mano de Augusto Comte y de las teorías del vitalismo de F. Nietzsche.
Cuáles podrían ser los temas de una literatura que nace en una época donde confluyen: Darwin (1.809-1.882), Mendel (1.831-1.879), Maxwell (1.831-1.879), Hertz ( 1.857-1.894), Marz (1.818-1.883), Roentgen (1.845-1.923), Pasteur (1.822-1.895), Koch (1.843-1.910), Max Planck (1.858-1.949) y tantos otros.
La convergencia cronológica de tantos fundadores de la ciencia contemporánea, del concepto mismo de ciencia experimental y teórica tal como hoy lo entendemos produce, y a la vez es producido, por un espíritu histórico propio.
¿Qué otra idea mas que la ilimitada confianza en el progreso del hombre, en el dominio definitivo de las fuerzas de la naturaleza, en el uso de la técnica como herramienta de la ciencia podría haber tenido alguien que escribiera en ese momento?
Lejos de la infundada creencia en una capacidad imaginativa desbocada y fantástica, Julio Verne encarna una imaginación que parte desde el conocimiento científico vigente para, liberándose de sus constricciones metodológicas, volar sin ataduras hacia todos los mundos posibles.
Verne encarna en sus personajes las ideas del “robinsonismo” de Daniel Defoe, exalta el individualismo de una nueva clase que se siente capaz de dominarlo todo.
Los náufragos de estas islas no dramatizan un fracaso, más bien actúan poseídos por la fuerza incontenible de un sujeto capaz de sobreponerse con ingenio y técnica a la hasta entonces indomable naturaleza.
Seguros de sí y empapados de una confianza irrefutable sus hombres emprendieron la aventura de posar los pies del conocimiento naciente sobre las arenas del mundo.
Miles de adolescentes fascinados y absortos arroparon sus siestas a la sombra de estas historias. Muchos de nosotros construimos una parte muy importante de nuestra propia identidad y nuestros valores a la sombra de aquella exaltación épica del conocimiento.
Traer hoy a Julio Verne nuevamente a nuestras mesas de luz enciende el ánimo para formularnos retóricamente algunas preguntas íntimas, personales...
¿Cómo podríamos hoy releer aquellos textos despojados de la fe y el entusiasmo que entonces teníamos?
¿Qué fue del advenimiento de aquel hombre que inconteniblemente se anunciaba en esas páginas?
¿Qué relatos animan los sueños de nuestro hijos cristalizados ante un universo de pantallas, de puros resplandores convulsivos?
¿Qué perdimos y qué ganamos al bajar de nuestras manos un libro y subir el control remoto?
¿En qué maltrecha esquina del pasado reciente mutamos aquella exaltación en esta nostalgia?
¿Con qué futuro soñamos hoy?
¿Soñamos hoy? ¿Hay futuro?