Interviews

/ Published on October 26, 2004

Dr. Julio Nemerovsky, Presidente del Congreso

IV Congreso de Gerontología y Geriatría de la Provincia de Buenos Aires

El evento se llevará a cabo los días 11, 12 y 13 de noviembre en el Hotel Plaza Marriot, Florida 1000. Su presidente comenta los ejes temáticos que atravesarán el encuentro.

Author: Por IntraMed

Index
1. Reflexiones sobre la labor del especialista
2. El encuentro

 

Aclárenos, en principio, ¿cuál es la diferencia entre Geriatría y Gerontología?

La Gerontología es una ciencia multidisciplinaria que se ocupa del envejecimiento en todas sus áreas: física, psíquica, social, económica, urbanística, arquitectónica, etc. La Geriatría, en cambio, es la ciencia médica dentro de la Gerontología. Nosotros, como Sociedad (N. de la R.: Sociedad de Gerontología y Geriatría de la Provincia de Buenos Aires) propendemos a una idea humanística en la atención del adulto mayor y nos nutrimos de todas estas especialidades. Por supuesto, el congreso tiene un sesgo médico porque la mayoría de nuestros socios son médicos.

 

En cuanto al geriatra, ¿cuál es su objetivo principal?

El adulto mayor -a diferencia del niño- trae consigo una historia. En el curso vital va recibiendo estímulos psicológicos, económicos y culturales que van modificando ese curso hasta llegar a ser un adulto mayor. Todo lo vivido tiene importancia. Lo llamamos curso vital y no ciclo vital porque no se va a transitar nuevamente, aunque siempre queda un trecho para recorrer. De hecho, la humanidad ha conseguido en las últimas décadas la prolongación de la expectativa de vida lo cual no es un mérito de la geriatría, sino de la pediatría y la clínica, que nos han permitido llegar a esta instancia.

Nosotros, como profesionales, intentamos –en una sociedad donde el promedio de vida ha crecido- mejorar la calidad de esa vida; o sea, comprimir el período de dependencia que puede surgir al final de la vida, expandir la vida independiente.

Tratamos de que sea una etapa libre de enfermedad o –porque todos sabemos que hay patologías más frecuentes en la tercera edad- de lograr que esas enfermedades que se pueden presentar no creen limitaciones al individuo.

Además, tenemos conciencia de estar tratando con personas que están integradas a la sociedad desde su infancia y tienen que seguir así: la Gerontología propende a que cada persona sea, hasta su muerte, un elemento digno para la sociedad siendo útil y respetado.

 

Si es evidente que todos necesitamos las mismas cosas: comprensión, afecto, respeto, ¿por qué la gente de la tercera edad suele tener que pedir que  pedirlas?

Lo que pasa es que la ancianidad viene acompañada por un declinar de algunas funciones y esa declinación, si no hay una prevención adecuada, puede transformarse en deterioro. El deterioro transforma a un individuo sano en uno dependiente. Y esa dependencia –más una serie de mitos y tabúes- es la que genera ciertas dificultades en los vínculos.

 

El trabajo de educar a los familiares y a la sociedad para la mejor comprensión del adulto mayor, ¿es un objetivo de la geriatría?
Por supuesto. Así como existe la puericultura, también existe la “gericultura”: educación de la población y del propio adulto mayor para su mejor calidad de vida. Esto forma parte de la tarea del geriatra.

 

El geriatra sabe que se va a despedir de su paciente cuando éste se muera... ¿Cómo viven los profesionales este dato irreversible de la realidad?

Es algo de lo que hablamos muy poco, aunque todos lo pensamos. El geriatra es consciente de que el vínculo con su paciente se termina con la muerte. Creo que la muerte es un paso más y hay que tomarlo con la naturalidad del paso de la vida. Los médicos que atendemos gente mayor elaboramos nuestros duelos en cada uno de nuestros pacientes.

Nuestra recompensa es que muchas veces nos toca atender a los hijos de nuestros pacientes. Y es que, si nosotros acompañamos el devenir de los últimos años de un paciente con calidad médica y humana, hemos cumplido con nuestra misión.

Por supuesto, cada vez que un paciente muere reflexionamos sobre la calidad de vida que le hemos dado. Pero, francamente, nunca pienso que el paciente se va a morir: cuando lo tengo adelante, veo a una persona viva –enferma, deteriorada- que es la misma persona que hubiera podido tratar a los 20 o a los 40 años. Por eso, cuando un paciente muere, me sigo sorprendiendo.

 

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