Medical News

/ Published on March 8, 2005

Profesión

Infeliz cumpleaños, doctor

La experiencia es un grado, reza el dicho popular. Pero en medicina, esto no parece ser cierto. «Con los años cada vez cuesta más aprender cosas nuevas y es más difícil que los médicos mayores apliquen criterios novedosos en comparación con los más jóvenes».

Esto lo admite Miguel Bruguera, presidente del Colegio de Médicos de Barcelona (COMB). Esta institución lleva años debatiendo la necesidad de que los profesionales demuestren periódicamente que sus conocimientos están al día, que son capaces de adaptarse al vertiginoso ritmo de cambios de la medicina y que siguen en perfectas condiciones para ejercer su exigente oficio. «La sociedad reclama médicos competentes y no es aceptable que no lo podamos demostrar», sentencia Bruguera.

No es un capricho. Aunque estudios precedentes ya habían lanzado señales de alerta, la revisión que ha publicado esta semana la revista 'Annals of Internal Medicine' es demoledora. Tras destripar los resultados de 62 trabajos que han analizado la cuestión, concluye que un 73% de ellos confirma la aparente paradoja: la madurez afecta negativamente al ejercicio profesional de la medicina.

En concreto, los estudios evaluaron la influencia de la edad o de los años en activo sobre cuatro aspectos: el grado de conocimientos, en qué medida se seguían las recomendaciones sobre diagnóstico, medidas preventivas y pautas de tratamiento (incluyendo una adecuada prescripción de los fármacos) y sobre los resultados de salud, como la mortalidad.

Los propios autores reconocen la «sorpresa» que les reportaron las conclusiones obtenidas y que, en resumen, sentencian: a más experiencia menos grado de conocimiento. Así, por ejemplo, los médicos jóvenes confían en mayor medida que sus colegas de más de 40 en las terapias que han demostrado mejorar la supervivencia tras un infarto, como la aspirina o los antihipertensivos. Pero, además, éstos últimos son menos proclives a seguir las prácticas de diagnóstico y de los chequeos preventivos introducidas en los últimos años, como algunas de las que han demostrado reducir la mortalidad por determinados cánceres. La probabilidad de aplicar estos procedimientos era entre un 38% y un 48% menor entre los facultativos que se habían graduado hacía más de dos décadas.

La edad influye también en la receta. Muchos 'sénior' tampoco están al día respecto a los fármacos que han demostrado mayor eficacia en los últimos tiempos. Uno de los estudios examinó el comportamiento prescriptor de los médicos de un grupo de pacientes con angina (dolor en el pecho). De nuevo, aquéllos con más años de consulta a sus espaldas recetaban en menor medida aspirina, el medicamento aceptado como terapia estándar para esta dolencia.

Los autores de la revisión, realizada por un equipo de la Universidad de Harvard, en EEUU, consideran que una de las explicaciones más plausibles para este declive es que la mayor parte de los recursos y habilidades de los profesionales se forjan durante sus años de formación académica y después no se actualizan periódicamente. A ello hay que unir el cambiante entorno de la medicina, que en los últimos 25 años ha asistido a una revolución científica sin predecentes. Absorber la nueva información exige un esfuerzo diario, en ocasiones, difícil de asumir.

La consecuencia es que los galenos mayores son menos proclives a modificar sus antiguas prácticas para abrazarse a las tendencias que marcan los avances científicos. O lo que es lo mismo, se resisten al cambio. Y citan otro ejemplo, entre los facultativos que se formaron hace más años es menos probable el uso de las técnicas poco invasivas a la hora de operar el cáncer de mama.

«Hay que aceptar esta realidad, asumirla y aplicar las medidas correctoras oportunas», sugiere el presidente del COMB. Pero, ¿cómo reconducir la situación? La investigación ha demostrado el escaso éxito de las fórmulas clásicas de formación médica continuada: horas y horas de congresos y reuniones, documentación...

Bruguera coincide con otros expertos en la «necesidad de evaluar periódicamente la competencia de los médicos» que han traspasado la frontera de los 50 y añade que son las organizaciones profesionales «las que debemos liderar este cambio». «Empezaríamos por los más mayores y luego se iría rebajando gradualmente. No se trataría de hacer un exámen, sino de visitar las consultas y valorar cómo se hace el trabajo. Al que lo haga bien se le recertifica y al que no, se le ofrecen las herramientas y el tiempo para adecuarse», explica.

Esta medida, ya implantada en otros países como EEUU y Canadá, que corroboran cada cinco años que sus profesionales siguen en forma, choca con el rechazo de parte del colectivo. «A nadie le gusta que le evaluen. Y es cierto que debería hacerse también en otras profesiones, pero en la nuestra con más motivo, porque somos los depositarios de la salud de la población», apostilla Bruguera.

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