Se calcula que la incidencia de cánceres de cabeza y cuello diagnosticados en Estados Unidos, excluyendo los cutáneos, alcanzó la cantidad de 70.000 durante 1997. Como grupo, esto significa 5% de todos los cánceres diagnosticados cada año en ese país.
El carcinoma de células escamosas es el tipo más frecuente y representa más de 90% de los casos. Más de 30 000 de éstos afectan la cavidad oral y la bucofaríngea, constituyendo 30% de los cánceres de cabeza y cuello. Se estima que se pueden encontrar 10 000 nuevos casos de cáncer laríngeo por año. Algunas predicciones señalan que estas enfermedades podrían matar entre 4 230 y 8 440 individuos.1
La incidencia favorece a los pacientes de sexo masculino con relación 2:1 para cánceres de la boca, siendo más alta en mayores de 40 años. La discrepancia en este índice se incrementa en tumores laríngeos, en los que la relación es de entre cuatro y cinco veces más común en varones, aunque en últimas fechas se ha observado un aumento en el número de mujeres afectadas debido a un hábito tabáquico cada vez mayor en este sexo. En general, el cáncer laríngeo es una enfermedad de adultos que alcanza su máxima incidencia en la quinta y sexta década de la vida.
Independientemente del tipo de cáncer, el dolor provocado por cualquier neoplasia puede originarse de las siguientes formas: a) dolor inducido por la enfermedad, como el resultante de la afección directa de huesos, nervios, vísceras o tejidos blandos y cambios anatómicos provocados por la neoplasia que se pueden acompañar de espasmo muscular, desequilibrio de músculos u otros cambios estructurales. b) Dolor secundario al tratamiento del cáncer, como se podría producir en el tratamiento quirúrgico, por quimioterapia, radioterapia o inmunoterapia. c) Dolor no relacionado con el cáncer o su tratamiento, como en el caso de la osteoartritis, neuropatía o enfermedad degenerativa.
Es posible que el cáncer active nociceptores periféricos y produzca dolor nocioceptivo somático y visceral, pero también su terapia puede causar dolor neuropático o por desaferentación, por invasión o lesión directa del sistema nervioso periférico o central. Además, tanto el dolor nocioceptivo como el neuropático pueden modificarse debido a la afección del sistema nervioso simpático, lo que genera un dolor que persiste por mecanismos simpáticos.2
El dolor no es una de las molestias frecuentes en etapas tempranas ni tardías de la enfermedad, pues sólo alrededor de 30% de las personas afectadas cursa con diferentes grados de odinofagia. Pero el tratamiento quirúrgico, la radiación o la quimioterapia, solos o combinados, sí pueden cursar frecuentemente con dolor mediante alguno de los mecanismos mencionados anteriormente, siempre relacionados con el nervio laríngeo superior o por lesión del nervio accesorio espinal.3
En la terapia paliativa se debe considerar la necesidad de dar tratamiento médico al dolor, ya que es una complicación frecuente en este tipo de cáncer, o bien, cuando el cáncer primario es muy avanzado. En muchos pacientes es indispensable recurrir a dosis de narcóticos o a fármacos antiinflamatorios no esteroideos en forma parenteral. Ciertos casos requieren dosis suplementarias de algún medicamento sedante (por ejemplo, diazepam), pero algunos sólo mejorarán con remoción de la lesión, ya sea mediante cirugía u otro tipo de tratamiento.
Publicado el 27 de noviembre de 2006
Diagnóstico
Importancia del dolor en el cáncer de laringe
Un grupo de neoplasias con alta prevalencia.
Autor/a: Federico L. Rodríguez Weber, Enrique Díaz Greene, M. Argentina Sandia Zerpa , Álvaro Herrera Canseco
Fuente:
Se calcula que la incidencia de cánceres de cabeza y cuello diagnosticados en Estados Unidos, excluyendo los cutáneos, alcanzó la cantidad de 70.000 durante 1997. Como grupo, esto significa 5% de todos los cánceres diagnosticados cada año en ese país.
El carcinoma de células escamosas es el tipo más frecuente y representa más de 90% de los casos. Más de 30 000 de éstos afectan la cavidad oral y la bucofaríngea, constituyendo 30% de los cánceres de cabeza y cuello. Se estima que se pueden encontrar 10 000 nuevos casos de cáncer laríngeo por año. Algunas predicciones señalan que estas enfermedades podrían matar entre 4 230 y 8 440 individuos.1
La incidencia favorece a los pacientes de sexo masculino con relación 2:1 para cánceres de la boca, siendo más alta en mayores de 40 años. La discrepancia en este índice se incrementa en tumores laríngeos, en los que la relación es de entre cuatro y cinco veces más común en varones, aunque en últimas fechas se ha observado un aumento en el número de mujeres afectadas debido a un hábito tabáquico cada vez mayor en este sexo. En general, el cáncer laríngeo es una enfermedad de adultos que alcanza su máxima incidencia en la quinta y sexta década de la vida.
Independientemente del tipo de cáncer, el dolor provocado por cualquier neoplasia puede originarse de las siguientes formas: a) dolor inducido por la enfermedad, como el resultante de la afección directa de huesos, nervios, vísceras o tejidos blandos y cambios anatómicos provocados por la neoplasia que se pueden acompañar de espasmo muscular, desequilibrio de músculos u otros cambios estructurales. b) Dolor secundario al tratamiento del cáncer, como se podría producir en el tratamiento quirúrgico, por quimioterapia, radioterapia o inmunoterapia. c) Dolor no relacionado con el cáncer o su tratamiento, como en el caso de la osteoartritis, neuropatía o enfermedad degenerativa.
Es posible que el cáncer active nociceptores periféricos y produzca dolor nocioceptivo somático y visceral, pero también su terapia puede causar dolor neuropático o por desaferentación, por invasión o lesión directa del sistema nervioso periférico o central. Además, tanto el dolor nocioceptivo como el neuropático pueden modificarse debido a la afección del sistema nervioso simpático, lo que genera un dolor que persiste por mecanismos simpáticos.2
El dolor no es una de las molestias frecuentes en etapas tempranas ni tardías de la enfermedad, pues sólo alrededor de 30% de las personas afectadas cursa con diferentes grados de odinofagia. Pero el tratamiento quirúrgico, la radiación o la quimioterapia, solos o combinados, sí pueden cursar frecuentemente con dolor mediante alguno de los mecanismos mencionados anteriormente, siempre relacionados con el nervio laríngeo superior o por lesión del nervio accesorio espinal.3
En la terapia paliativa se debe considerar la necesidad de dar tratamiento médico al dolor, ya que es una complicación frecuente en este tipo de cáncer, o bien, cuando el cáncer primario es muy avanzado. En muchos pacientes es indispensable recurrir a dosis de narcóticos o a fármacos antiinflamatorios no esteroideos en forma parenteral. Ciertos casos requieren dosis suplementarias de algún medicamento sedante (por ejemplo, diazepam), pero algunos sólo mejorarán con remoción de la lesión, ya sea mediante cirugía u otro tipo de tratamiento.