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/ Publicado el 27 de julio de 2004

¿Puede costar menos un cuidado mejor?

Implicancias económicas de la prescripción basada en la evidencia, en hipertensión

Es increíblemente elevada la suma de dinero destinada a medicación antihipertensiva, pero estos costos pueden ser evitados.

Autor/a: Dres. Fischer MA, Avorn J.

Fuente: JAMA. 2004 Apr 21;291(15):1850-6.

Contexto:

Es común la desviación de las normas basadas en la evidencia, acerca del tratamiento de la hipertensión, pero su impacto económico no se ha estudiado rigurosamente. Modelos subóptimos de prescripción, contribuyen al elevado costo de las medicaciones para  pacientes añosos, así como tambien a la dificultad para proveer beneficios accesibles de la prescripción de drogas para los norteamericanos más ancianos.  

Objetivo: 

Calcular los ahorros potenciales, desde la perspectiva de los financiadores del cuidado de la salud, que resultarían de una mayor adhesión a las recomendaciones basadas en la evidencia, para el manejo de la hipertensión en los pacientes mayores de 65 años.  

Diseño: 

Análisis comparativos entre medicaciones prescriptas versus régimenes potenciales sugeridos por pautas basadas en la evidencia, adecuadas a la historia médica de cada paciente, con el cálculo de los costos de ambos: el real y los régimenes basados en la evidencia.  

Lugar y Pacientes: 

Un total de 133.624 pacientes tratados por hipertensión en el 2001, los cuales se hallaban inscriptos en un amplio programa de asistencia farmacéutica que proporciona aseguramiento de prescripciónes médicas a personas ancianas.  

Medición de los resultados:

La diferencia de costos entre las medicaciones prescriptas realmente y los régimenes sugeridos según las normas basadas en la evidencia.  

Resultados: 

Los pacientes estudiados llenaron más de 2,05 millones de prescripciones para  medicaciones antihipertensivas en el 2001, a un costo anual de programa de $48,5 millones ($363 por paciente). Identificamos 815.316 prescripciones (40%) para las cuales un régimen alternativo parecía más apropiado, según las recomendaciones basadas en la evidencia. Tales cambios hubieran reducido $11,6 millones de los costos a los financiadores, en el 2001 (casi un cuarto del programa gastado en medicaciones antihipertensivas), así como tambien hubieran sido más apropiados clínicamente. El reemplazo de los bloqueantes cálcicos, resultó ser el ahorro potencial más grande. El uso de una lista de precios más bajos, similar a la del programa Medicaid, hubiera producido ahorros potenciales aún mayores, de $20,5 millones (42% de los costos del programa).  

Conclusiones: 

La adhesión a las normas de prescripción basadas en la evidencia para la hipertensión, podría producir ahorros sustanciales en los costos de prescripción para los  pacientes añosos con hipertensión, que sumaría nacionalmente ahorros cercanos a los $1,2 mil millones. La identificación de áreas similares en las que la prescripción pueda ser mejorada, será crítica para la accesibilidad a programas de beneficio de prescripción de drogas.  

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