Noticias médicas
Publicado el 30 de septiembre de 2001
Impacto del deterioro olfatorio sobre la calidad de vida y la discapacidad
Los pacientes que reportan deterioro del olfato persistente posterior a pérdida olfatoria previamente documenta muestran un nivel más elevado de discapacidad y poseen una calidad de vida más baja que aquellos con resolución evidente del compromiso olfatorio.
Un estudio desarrollado en colaboración por investigadores de EE.UU. y Japón, determinó si la pérdida olfatoria afecta la calidad de vida de los pacientes y su nivel de discapacidad. Para ello, fue diseñado una investigación retrospectiva empleando información proveniente de cuestionarios y una revisión de bases de datos clínicos.
Un total de 1407 pacientes fueron examinados por alteraciones del olfato y del gusto desde 1984 hasta 1998. Las encuestas fueron enviadas por correo a 1093 pacientes que tenían puntajes anormales en los exámenes realizados; 420 (38.4%) encuestas fueron completadas. Los pacientes fueron agrupados según autoevaluación sobre deterioros en su capacidad de oler (aquellos que informaron déficit persistente) o mejorías de dicha capacidad (aquellos que informaron no tener problemas para oler cuando fueron estudiados). Los investigadores compararon entre los dos grupos las frecuencias de respuestas a preguntas acerca de la capacidad para realizar actividades comunes propias de la vida diaria y sobre asuntos relacionados con la calidad de vida.
Los resultados obtenidos dieron cuenta que el número medio (±SD) de actividades propias de la vida diaria afectadas por la pérdida olfatoria fue 4.70 ± 3.56 para el grupo con deterioros y 0.61±1.58 para el grupo con mejorías (P<.001). Entre las actividades específicas, los deterioros más comúnmente mencionados fueron la capacidad de detectar alimentos en mal estado (grupo con deterioros versus grupo con mejorías. 75% vs 12%; P <.001), pérdidas de gas (61% vs 8%; P<.001) o humo (50% vs 1%; P<.001); capacidad para comer (53% vs 12%; P<.001); y para cocinar (49% vs 12%; P<.001). Asimismo, diferencias en temas relacionados con la calidad de vida fueron informados primariamente en las áreas de seguridad y alimentación. Finalmente, la satisfacción global con la vida fue reportada por el 87% del grupo con mejorías pero sólo por el 50% de los pacientes del grupo con deterioros (P<.001).
De tal manera, el grupo investigador concluyó que los pacientes que reportan deterioro del olfato persistente posterior a pérdida olfatoria previamente documenta indican un nivel más elevado de discapacidad y poseen una calidad de vida más baja que aquellos con resolución evidente del compromiso olfatorio.
Publicado el 30 de septiembre de 2001
Pérdida del olfato
Impacto del deterioro olfatorio sobre la calidad de vida y la discapacidad
Los pacientes que reportan deterioro del olfato persistente posterior a pérdida olfatoria previamente documenta muestran un nivel más elevado de discapacidad y poseen una calidad de vida más baja que aquellos con resolución evidente del compromiso olfatorio.
Fuente: Arch Otolaryngol Head Neck Surg. 2001;127:497-503
Un total de 1407 pacientes fueron examinados por alteraciones del olfato y del gusto desde 1984 hasta 1998. Las encuestas fueron enviadas por correo a 1093 pacientes que tenían puntajes anormales en los exámenes realizados; 420 (38.4%) encuestas fueron completadas. Los pacientes fueron agrupados según autoevaluación sobre deterioros en su capacidad de oler (aquellos que informaron déficit persistente) o mejorías de dicha capacidad (aquellos que informaron no tener problemas para oler cuando fueron estudiados). Los investigadores compararon entre los dos grupos las frecuencias de respuestas a preguntas acerca de la capacidad para realizar actividades comunes propias de la vida diaria y sobre asuntos relacionados con la calidad de vida.
Los resultados obtenidos dieron cuenta que el número medio (±SD) de actividades propias de la vida diaria afectadas por la pérdida olfatoria fue 4.70 ± 3.56 para el grupo con deterioros y 0.61±1.58 para el grupo con mejorías (P<.001). Entre las actividades específicas, los deterioros más comúnmente mencionados fueron la capacidad de detectar alimentos en mal estado (grupo con deterioros versus grupo con mejorías. 75% vs 12%; P <.001), pérdidas de gas (61% vs 8%; P<.001) o humo (50% vs 1%; P<.001); capacidad para comer (53% vs 12%; P<.001); y para cocinar (49% vs 12%; P<.001). Asimismo, diferencias en temas relacionados con la calidad de vida fueron informados primariamente en las áreas de seguridad y alimentación. Finalmente, la satisfacción global con la vida fue reportada por el 87% del grupo con mejorías pero sólo por el 50% de los pacientes del grupo con deterioros (P<.001).
De tal manera, el grupo investigador concluyó que los pacientes que reportan deterioro del olfato persistente posterior a pérdida olfatoria previamente documenta indican un nivel más elevado de discapacidad y poseen una calidad de vida más baja que aquellos con resolución evidente del compromiso olfatorio.