Para la realización del estudio, el equipo de investigación dirigido por el Dr. Marc Ribó, de la Universitat Autónoma de Barcelona, siguieron prospectivamente a 135 pacientes que presentaban una oclusión de la arteria cerebral detectada con Doppler transcraneal. El número de pacientes que acudieron a urgencias entre 3 y 6 horas tras la aparición del síntoma fue de 56.
Los pacientes llegados después de las referidas 3 horas fueron analizados con MRI, comparando la difusión por imagen (DWI) con la perfusión por imagen (PWI). Los 13 pacientes con una incompatibilidad DWI/PWI inferior al 50% fueron excluidos del tratamiento con tPA. Por el contrario, los 79 pacientes llegados durante las 3 primeras horas y aquellos que acudieron entre 3 y 6 horas después pero que presentaron un DWI/PWI mayor del 50% fueron tratados con tPA.
Las tasas de recanalización a las 2 horas, así como los índices de transfomación hemorrágica y de mejora no difirieron significativamente entre ambos grupos. Asimismo, la tasa de pacientes funcionalmente independientes a los 3 meses también resultó similar (42% versus 38%).
En este sentido, y dado que los pacientes que acuden transcurridas 3 o más horas desde la aparición del síntoma son más heterogeneos que los que lo hacen antes, los investigadores puntualizan que “la información sobre los índices de daño cerebral y el estatus de perfusión resultan necesarios para llevar a cabo una selección adecuada”.
Asimismo, también destacan que la combinación de Doppler transcraneal y de MRI multimodal puede ser utilizada para identificar a los potenciales beneficiarios del tratamiento con tPA. Según concluyen, “la no utilización de este criterio durante la ventana de 3 a 6 horas” puede determinar que muchos pacientes se vean privados de la eficacia potencial de esta terapia.
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