En México muchas mujeres y, en menor proporción hombres, está inmersos en relaciones víctimas de abuso y maltrato constante, y aunque son consientes de la situación, se niegan a terminar con ese vínculo patológico.
Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en el país más de tres mil parejas se divorcian al año y en la mayoría de los caos la causa es la violencia intrafamiliar.
Cifras oficiales estiman que una de cada tres féminas es sometida a abuso emocional severo y 10 por ciento de los casos es considerado grave.
Esta situación se ha analizado desde el punto de vista psicológico, relacionándose en mayor medida con una cuestión social, pues la unión de pareja se establece de manera inequitativa, desigual y jerárquica, destacó Carolina Grajales Valdespino, de la Escuela Nacional de Trabajo Social.
Una asociación donde se vive la injusticia es el matrimonio, pues la forma en que ésta estructurada la sociedad indica que las mujeres son inferiores al hombre. Cuando se establece una unión automáticamente la calidad de ellas baja, pierden autonomía y, en consecuencia, su proyecto de vida, refirió.
Por su parte, Gustavo Ortiz Millán, del Instituto de Investigaciones Filosóficas, mencionó que históricamente la concepción del amor se transforma, ya que está sujeta a cambios sociales, influidos por la cultura.
El amor, agregó, es producto del desarrollo evolutivo y, por tanto, tiene componentes que son parte de la naturaleza de los seres humanos; sin embargo, los conceptos de esta emoción están influidos por aquellos que se considera amable y bello. Generalmente, la gente tiende a enamorarse de quienes siguen modelos o patrones establecidos por la colectividad.
A su vez, Rolando Díaz Loving, de la Facultad de Psicología, mencionó que una de las necesidades básicas de las personas es estar en un grupo y obtener los insumos necesarios para seguir viviendo: apoyo, compañía y protección.
Por ello, desde el nacimiento se establecen vínculos que, en buena medida, determinan la forma de relacionarse y el individuo se queda atrapado en la necesidad de una reciprocidad. "Se significa, se reconoce a sí mismo y se da valor y autoestima, dependiendo de los afectos que se establezcan con los demás ", señaló.
La gente mantiene una relación que no le satisface del todo para tener éxito, debido a que considera que la longevidad se lo proporcionará, independientemente de lo que suceda en el interior.
Así, regularmente se forman expectativas y, en las relaciones destructivas muchas veces se vive con la idea de que debe haber emociones fuertes para saber que se está realmente enamorado, apuntó.
El papel de la mujer
En las uniones destructivas las mujeres son las más afectadas. Según resultados de la Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2006, de cada cien féminas de 15 años y más, 43 dijeron haber vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual en su último vínculo con una pareja.
Esto tiene un trasntorno social , pues por lo general a ellas las educan desde niñas para pertenecer a alguien: buena ama de casa, madre y esposa, lo que le significa ser la base de la familia en un papeñ de dar sin recibir, manifestó Grajales Valdespino.
Con los años, apuntó, estas estructuras sociales se convierten en mentales: si a alguien se le señala constantemente una inferioridad, el individuo llegará a asumirla e internalizarla.
Por ello, la codependencia se presenta con mayor frecuencia en las mujeres, ya que por razones emocionales, sociales o físicas no pueden romper con ese vínculo, y ello deriva en relaciones destructivas.
La sociedad estructura féminas desvalorizadas, subordinadas, explotadas en el propio ámbito familiar, que buscan ser amadas, apoyadas y no ser abandonadas.
¿Qué es el amor?
En opinión de Gustavo Ortiz Millán, el amor es una emoción que no se da en un estado puro; se acompaña de sentimientos como miedos, odio, resentimientos, indignación, arrepentimientos, tristeza, alegria, celos y esperanza, entre otros.
Vistos así, apuntó, se le puede considerar como una serie de estados mentales que se tienen acerca de un objeto; existen contextos en los que puede ser algo gozoso, que lleva a la superación personal y llena de vida.
Sin embargo, también hay situaciones en las que se establecen relaciones destructivas, enfermizas, patológicas y dañinas. Entonces, el amor puede ser positivo o negativo, dependiendo de los vínculos que se formen, recalcó el especialista en folosofía de la mente.
Relaciones destructivas
Para Díaz Loving, la mayoría de las personas no sabe con claridad qué es una relación saludable, cómo se construye y cómo desarrollarse alrededor de ella.
Si se tiene un bagaje mal construido y la necesidad de ser parte del otro para lograr una identificación propia, entonces el pronóstico es complejo, más aun si estando inmersos en la relación no se sabe cómo mantenerla, pues se empieza a volver dañina, abundó.
Son destructivas, precisó, porque laceran a los involucrados, no hay una posibilidad de desarrollo ni crecimiento. La persona se vuelve esclavizante, obsesiva, celosa y si su pareja no le presta la atención suficiente para mantener su ego y autoestima en un buen nivel, la contraparte se torna violenta y grosera.
Entonces se piensa que no existe amor sin sufrimiento y frecuentemente el vínculo termina en tragedia; los implicados no superan la situación porque no encuentran la forma de explicarle al resto del mundo que no tuvieron éxito para lograr un lazo estable y duradero, aseveró.
Con frecuencia los conflictos se presentan en el noviazgo, aunque se piensa que con el matrimonio o la unión lobre cambiará la situación; no obstante, hoy en día se sabe que la mejor predicción de la conducta futura es actuar en el presente. Es así como se inicia una relación destructiva: se crea un círculo vicioso del cual no se puede escapar y se pretexta el tiempo invertido, señaló.
A su vez, Grajales Valdespino consideró que las conductas y actitudes destructivas se dan en variadas relaciones; no obstante, en las de pareja tienden a ser fácilmente reproducidas.
Una mujer que ha sido violentada asume una actitud servil, está aislada y sufre codependencia, presenta baja autoestima e inseguridad y, en consecuencia, sus descendientes serán personas disfunciales, alertó.
¿Problema sin salida?
Desde el punto de vista del trabajo social, una forma de intervención es lograr que las féminas externen indirectamente sus problemas de pareja.
Una vez que se haya reconocido la relación destructiva, puede tratrse en sesiones grupales, que brindan la posibilidad de conversar con otras mujeres que han estado en una situación similar y salieron adelante, detalló la especialista.
Cuando se asiste a un grupo, se asume como persona importante y valiosa que puede ejercer sus derechos; ante esa nueva actitud, su pareja también reacciona positivamente, aseguró.
Programas educativos, necesarios
Al respecto, Díaz Loving comentó que la forma más adecuada de enfrentar la situación es por medio de programas educativos. Sucede que cuando se vive una relación violenta es más difícil resarcir y resolver los eventos pasados.
Debe instruirse a los individuos para que haya comunicación, para que aprendan a apoyar, así como tener vínculos equitativos y constructivos antes de establecer un lazo afectivo; de este modo, no se buscará resolver las necesidades, sino entablar una relación donde se ofrezca una serie de beneficios y opciones a la pareja y construir un entorno sano, subrayó.
Debe tomarse en cuenta que siempre habrá altibajos y momentos en los que cada parte desee tener su propio espacio, colaborar en lugar de competir y establecer mecanismos de negociación, concluyó.