Introducción
En la mayoría de las poblaciones estudiadas, la tasa de muertes relacionadas con la enfermedad cardiovascular aumenta en zonas de elevada altitud y durante los meses del invierno. Este esquema coincide con una hipovitaminosis D. La vía de la vitamina D está involucrada en la proliferación del músculo liso, la inflamación, la calcificación vascular, el sistema renina angiotensina y la presión arterial, todos los cuales inciden sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular y de infarto de miocardio.
Varios estudios de escasa envergadura de corte transversal mostraron que la hipovitaminosis D coincide con un aumento del riesgo de infarto de miocardio.
Debido a que la hipovitaminosis D es fácilmente corregible, es importante confirmar esta relación inversa entre la disminución de la vitamina D y el aumento de la tasa de infarto de miocardio y de eso se trata el estudio desarrollado por los autores.
Métodos
El Health Professionals Follow-up Study (HPFS), es una investigación de carácter prospectivo sobre 51.529 profesionales masculinos de Estados Unidos con edades de 40 a 75 años y que se inició en 1986.
Esta cohorte se diseñó originariamente para evaluar las asociaciones entre la alimentación y las enfermedades crónicas.
Cada 2 años se recabó información sobre salud y enfermedad mediante un cuestionario que debía ser actualizado por los participantes.
Cada 4 años se hacía una evaluación del régimen alimentario utilizando un cuestionario separado que también era actualizado por los participantes.
Entre enero 1993 y diciembre 1995, se tomaron muestras de sangre de todos los participantes, obteniéndose muestras de 18.225 de ellos. Después de excluir a los participantes que antes de 1994 tenían antecedentes de enfermedad cardiovascular, se identificaron 454 profesionales que tuvieron infarto de miocardio mortal (n = 102) y no mortal (n = 352). Como parámetro de comparación se utilizaron 900 controles del grupo original elegidos al azar que también aportaron muestras de sangre.
Además del tipo de alimentación se determinaron el índice de masa corporal, los hábitos de vida y el grado de actividad física.
Las muestras de sangre fueron procesadas mediante inmunoensayo para determinación de 25 hidroxivitamina D (25[OH]D). También se determinó el colesterol lipoproteína de baja densidad (C-LDL) y el de alta densidad (C-HDL).
Resultados
Como era previsible, los casos que tuvieron infarto de miocardio presentaron un mayor índice de masa corporal, un menor grado de actividad física, antecedentes de diabetes y de hipertensión arterial y solían presentar antecedentes familiares de enfermedad coronaria. Además, presentaban valores más altos de colesterol total, C-LDL y triglicéridos y valores bajos de C-HDL. Los valores plasmáticos de 25(OH)D eran significativamente bajos en los participantes que tuvieron infarto de miocardio respecto de los controles (P =0,002).
Entre los hombres con valores bajos de 25(OH)D había un tasa elevada de fumadores, desarrollaban poca actividad física y presentaban mayores antecedentes familiares de infarto de miocardio.
Después de hacer los ajustes para las distintas variables, los hombres con valores bajos de 25(OH)D tenían un riesgo significativamente alto de infarto de miocardio (RR, 2,42; 95% CI, 1,53-3,84; P<0,001 para la tendencia). Después de ajustar para los lípidos plasmáticos, el RR fue 2,09 (95% CI, 1,24-3,54; P=0,02 para la tendencia).
Discusión
En este estudio de cohorte, los hombres con valores circulantes en plasma de ≥30 ng/ml de 25(OH)D tenían aproximadamente la mitad del riesgo de infarto de miocardio, independientemente de otros factores de riesgo cardiovascular. La asociación fue particularmente fuerte en los casos de infarto de miocardio mortal, aunque el número de casos fue demasiado pequeño para establecer conclusiones definitivas.
Si bien los factores de riesgo tradicionales de enfermedad cardiovascular (dislipemia, hipertensión, diabetes mellitus y tabaquismo) continuaron siendo fuertes factores de riesgo, la deficiencia de vitamina D sería un factor de riesgo independiente. Solamente el 23% de los hombres del HPFS tuvieron valores de 25(OH)D de ≥ 30 ng/ml. Este constituye un porcentaje típico de muchas poblaciones y la prevalencia de la deficiencia es aún mayor en subpoblaciones como las personas de piel oscura y los ancianos.
La vitamina D participa en la proliferación del músculo liso, la inflamación, la calcificación vascular y la regulación de la presión arterial a través del eje renina-angiotensina-aldosterona. Este eje además de regular la presión arterial, controla los valores de electrolitos y el volumen sanguíneo. La vitamina D es un regulador importante del eje renina-angiotensina-aldosterona y la forma activa de vitamina D suprime la expresión genética de renina.
Las alteraciones del gen receptor de la vitamina D aumentan la producción de renina, producen hipertrofia cardíaca e hipertensión arterial en modelos animales.
En los estudios HPFS y el Nurses’ Health Study, luego de un seguimiento de 4 años, los hombres y las mujeres que tenían valores plasmáticos <15 ng/ml de 25(OH)D, tenían 3 veces más posibilidades de presentar hipertensión arterial comparados con las personas que tenían valores >30 ng/ml de 25(OH)D. El estudio Third National Health and Nutrition Examination Survey también encontró una relación inversa entre los valores plasmáticos de 25(OH)D y la tasa de hipertensión arterial.
La calcificación es un fenómeno común de la aterosclerosis y casi todas las lesiones coronarias significativas presentan calcificaciones. Se ha observado una asociación entre el número de calcificaciones y el riesgo de infarto de miocardio y una menor supervivencia a los 5 años.
La calcificación de las placas ateroscleróticas es un proceso regulado por mecanismos similares a los de la osteogénesis y se ha observado una asociación significativa entre la osteoporosis y la calcificación vascular, sugiriendo que los mecanismos relacionados con el desarrollo óseo pueden afectar la calcificación de las arterias. Se observó además, que los valores de 25(OH)D están inversamente relacionados con la calcificación vascular. La otra relación entre la hipovitaminosis D y el infarto de miocardio podría estar dada por una alteración de la glucemia en ayunas que se observa en la hipovitaminosis D.
Finalmente, la hipovitaminosis D está asociada con un aumento de citoquinas proinflamatorias que predisponen al riesgo de infarto de miocardio.
Por lo tanto, estos hallazgos refuerzan el concepto de que los requerimientos de vitamina D en la alimentación deben ser aumentados para lograr valores óptimos de 25(OH)D en plasma.
Publicado el 2 de junio de 2009
Infarto de miocardio, enfermedad coronaria, vitamina D.
Hipovitaminosis D y riesgo de infarto de miocardio en hombres
Existiría una asociación inversa entre los valores plasmáticos de vitamina D y el riesgo de infarto de miocardio.
Autor/a: Dres. Giovannucci E, Liu Y, MS, Hollis B,et al.
Fuente: Arch Intern Med 2008;168:1174-1180.
Introducción
En la mayoría de las poblaciones estudiadas, la tasa de muertes relacionadas con la enfermedad cardiovascular aumenta en zonas de elevada altitud y durante los meses del invierno. Este esquema coincide con una hipovitaminosis D. La vía de la vitamina D está involucrada en la proliferación del músculo liso, la inflamación, la calcificación vascular, el sistema renina angiotensina y la presión arterial, todos los cuales inciden sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular y de infarto de miocardio.
Varios estudios de escasa envergadura de corte transversal mostraron que la hipovitaminosis D coincide con un aumento del riesgo de infarto de miocardio.
Debido a que la hipovitaminosis D es fácilmente corregible, es importante confirmar esta relación inversa entre la disminución de la vitamina D y el aumento de la tasa de infarto de miocardio y de eso se trata el estudio desarrollado por los autores.
Métodos
El Health Professionals Follow-up Study (HPFS), es una investigación de carácter prospectivo sobre 51.529 profesionales masculinos de Estados Unidos con edades de 40 a 75 años y que se inició en 1986.
Esta cohorte se diseñó originariamente para evaluar las asociaciones entre la alimentación y las enfermedades crónicas.
Cada 2 años se recabó información sobre salud y enfermedad mediante un cuestionario que debía ser actualizado por los participantes.
Cada 4 años se hacía una evaluación del régimen alimentario utilizando un cuestionario separado que también era actualizado por los participantes.
Entre enero 1993 y diciembre 1995, se tomaron muestras de sangre de todos los participantes, obteniéndose muestras de 18.225 de ellos. Después de excluir a los participantes que antes de 1994 tenían antecedentes de enfermedad cardiovascular, se identificaron 454 profesionales que tuvieron infarto de miocardio mortal (n = 102) y no mortal (n = 352). Como parámetro de comparación se utilizaron 900 controles del grupo original elegidos al azar que también aportaron muestras de sangre.
Además del tipo de alimentación se determinaron el índice de masa corporal, los hábitos de vida y el grado de actividad física.
Las muestras de sangre fueron procesadas mediante inmunoensayo para determinación de 25 hidroxivitamina D (25[OH]D). También se determinó el colesterol lipoproteína de baja densidad (C-LDL) y el de alta densidad (C-HDL).
Resultados
Como era previsible, los casos que tuvieron infarto de miocardio presentaron un mayor índice de masa corporal, un menor grado de actividad física, antecedentes de diabetes y de hipertensión arterial y solían presentar antecedentes familiares de enfermedad coronaria. Además, presentaban valores más altos de colesterol total, C-LDL y triglicéridos y valores bajos de C-HDL. Los valores plasmáticos de 25(OH)D eran significativamente bajos en los participantes que tuvieron infarto de miocardio respecto de los controles (P =0,002).
Entre los hombres con valores bajos de 25(OH)D había un tasa elevada de fumadores, desarrollaban poca actividad física y presentaban mayores antecedentes familiares de infarto de miocardio.
Después de hacer los ajustes para las distintas variables, los hombres con valores bajos de 25(OH)D tenían un riesgo significativamente alto de infarto de miocardio (RR, 2,42; 95% CI, 1,53-3,84; P<0,001 para la tendencia). Después de ajustar para los lípidos plasmáticos, el RR fue 2,09 (95% CI, 1,24-3,54; P=0,02 para la tendencia).
Discusión
En este estudio de cohorte, los hombres con valores circulantes en plasma de ≥30 ng/ml de 25(OH)D tenían aproximadamente la mitad del riesgo de infarto de miocardio, independientemente de otros factores de riesgo cardiovascular. La asociación fue particularmente fuerte en los casos de infarto de miocardio mortal, aunque el número de casos fue demasiado pequeño para establecer conclusiones definitivas.
Si bien los factores de riesgo tradicionales de enfermedad cardiovascular (dislipemia, hipertensión, diabetes mellitus y tabaquismo) continuaron siendo fuertes factores de riesgo, la deficiencia de vitamina D sería un factor de riesgo independiente. Solamente el 23% de los hombres del HPFS tuvieron valores de 25(OH)D de ≥ 30 ng/ml. Este constituye un porcentaje típico de muchas poblaciones y la prevalencia de la deficiencia es aún mayor en subpoblaciones como las personas de piel oscura y los ancianos.
La vitamina D participa en la proliferación del músculo liso, la inflamación, la calcificación vascular y la regulación de la presión arterial a través del eje renina-angiotensina-aldosterona. Este eje además de regular la presión arterial, controla los valores de electrolitos y el volumen sanguíneo. La vitamina D es un regulador importante del eje renina-angiotensina-aldosterona y la forma activa de vitamina D suprime la expresión genética de renina.
Las alteraciones del gen receptor de la vitamina D aumentan la producción de renina, producen hipertrofia cardíaca e hipertensión arterial en modelos animales.
En los estudios HPFS y el Nurses’ Health Study, luego de un seguimiento de 4 años, los hombres y las mujeres que tenían valores plasmáticos <15 ng/ml de 25(OH)D, tenían 3 veces más posibilidades de presentar hipertensión arterial comparados con las personas que tenían valores >30 ng/ml de 25(OH)D. El estudio Third National Health and Nutrition Examination Survey también encontró una relación inversa entre los valores plasmáticos de 25(OH)D y la tasa de hipertensión arterial.
La calcificación es un fenómeno común de la aterosclerosis y casi todas las lesiones coronarias significativas presentan calcificaciones. Se ha observado una asociación entre el número de calcificaciones y el riesgo de infarto de miocardio y una menor supervivencia a los 5 años.
La calcificación de las placas ateroscleróticas es un proceso regulado por mecanismos similares a los de la osteogénesis y se ha observado una asociación significativa entre la osteoporosis y la calcificación vascular, sugiriendo que los mecanismos relacionados con el desarrollo óseo pueden afectar la calcificación de las arterias. Se observó además, que los valores de 25(OH)D están inversamente relacionados con la calcificación vascular. La otra relación entre la hipovitaminosis D y el infarto de miocardio podría estar dada por una alteración de la glucemia en ayunas que se observa en la hipovitaminosis D.
Finalmente, la hipovitaminosis D está asociada con un aumento de citoquinas proinflamatorias que predisponen al riesgo de infarto de miocardio.
Por lo tanto, estos hallazgos refuerzan el concepto de que los requerimientos de vitamina D en la alimentación deben ser aumentados para lograr valores óptimos de 25(OH)D en plasma.