Medical News

/ Published on March 1, 2008

Sus padres trabajan mucho

Hijos horizontales

Es una tendencia que crece y preocupa. Cómo enfrentar el tema en familia.

Sus padres trabajan mucho y llegan a casa cuando ellos ya están dormidos

Por: Gisele Sousa Dias

Jornadas de trabajo inacabables. La incorporación progresiva de la mujer en el mercado laboral. El fin de un rol femenino relegado a los quehaceres domésticos y a la crianza de los hijos. Sea porque manda la necesidad económica o, cada vez más, porque madre y padre ponen en la misma balanza su desarrollo profesional, nacieron los "padres de hijos horizontales": padres que se van de casa temprano y vuelven tarde, tercerizan el cuidado de sus hijos y apenas los ven mientras duermen.

"El trabajo femenino provocó un cambio social en las madres. Dejar a sus hijos tantas horas en escuelas de doble turno o al cuidado de abuelas les genera una profunda culpa. Cuando la necesidad de trabajar es imperiosa, la culpa se atempera porque gana la necesidad, pero hay situaciones en donde la culpa deviene en dificultades concretas para poner límites a los hijos. Los padres no quieren ser ogros el poco tiempo que están con ellos", explica Hugo Gluzman, pediatra y miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Jesús García, presidente de la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil, los llama "padres de hijos horizontales".

A las extensas jornadas de trabajo se suman "ciertos mandatos sociales que exigen a la mujer ser exitosa, joven, delgada, buena esposa. Y eso las conduce a otros sentimientos ambivalentes: ¿postergar su desarrollo y quedarse en casa? ¿Ir o no al gimnasio tres veces por semana?", describe la psicóloga de familia Haydeé Toronchik. A esto se suman los tironeos conyugales que suele generar este rol de las mujeres que ya no eligen quedarse sólo en casa.

"Los padres más jóvenes se enfrentan a una disyuntiva feroz: sienten que tienen que elegir entre su carrera y sus hijos", dice Beatriz Bakalarz, psiquiatra, psicoanalista y miembro del equipo de salud mental de la SAP. "Hay madres que salen a trabajar porque tienen una necesidad: no sólo económica sino profesional. Esas madres deben saber que la ausencia física no impide la comunicación: uno puede llamar y saber si comieron, si hicieron los deberes", distingue Adrián Dall' asta, sociólogo y director de la Fundación Proyecto Padres.

¿Cuál es el daño que esta ausencia puede provocarles? "Estos padres suelen llegar agotados y dañan en la medida en que quieren compensar su ausencia con regalos, permisos y concesiones", explica Toronchik. "Cuando los chicos son criados por terceros reciben influencias fuertes de distintos ámbitos y esto puede tergiversar los valores que los padres pretenden inculcarles. Esto se nota en los trastornos de la alimentación porque los abuelos no suelen ser rigurosos con los límites en las comidas", ejemplifica Gluzman. Las carencias también pueden verse en las aulas: "La ausencia de los padres durante el aprendizaje puede derivar en chicos con déficit de atención o bajo rendimiento. Los padres son su modelo del mundo exterior, por eso cuando crecen pueden tener dificultades tanto para elegir una carrera como un proyecto de vida", explica Pía del Castillo, psicopedagoga de Proyecto Padres.

Pero las necesidades varias tienen su contracara: "También hay chicos huérfanos de padres vivos: chicos de muy buen nivel social cuyos padres los llenan de actividades para irse, por ejemplo, a jugar al tenis. Delegan, pero la solución no está afuera: esos chicos necesitan que los padres los escuchen", dice Dall'asta. "Hay padres que están muy desvinculados y son tiranizados por sus hijos porque no asumen el costo de poner un límite en sus trabajos", suma la psicóloga y antropóloga Fabiana Porracín. Dall'asta alerta: "Somos nosotros los que muchas veces creemos que no podemos parar, pero el tiempo es algo que todavía podemos manejar. Aún somos dueños de nuestras prioridades".

Pactos de amor
Diana Baccaro

Para los "hijos horizontales", una categoría familiar que asoma en algunos hogares, no hay nada mejor que el "amor multidireccional". El cariño de los padres no debería estar asociado al horario, porque hacerles a los chicos el desayuno, prepararles la ropa del colegio y dejarlos en buenas manos antes de partir también es un acto de amor. Si no hay cena, hay dos francos para recuperar momentos comunes, posibilidad de revisar cuadernos aun con los chicos dormidos y cartitas que se pueden escribir de madrugada para que ellos las encuentren, como un alimento más, al levantarse. Todos, pequeños pactos de familia que ayudan a llenar los vacíos de las ausencias.


Claves

Los especialistas consultados por Clarín dan consejos para "estar" pese a las ausencias:

Que los padres planifiquen su agenda teniendo en cuenta espacios para cada hijo: si les gusta un deporte, es valioso el rato que se dedica a mirar un partido juntos. Que el hijo sepa que les damos un beso cuando llegamos aunque estén dormidos o que les dejamos una notita cuando nos vamos.

Si los padres no pueden ir a un acto, que vaya la abuela, que le saque fotos. La madre puede participar desde otro lugar: haciéndole el disfraz. Una entrevista personal con la maestra puede solucionar la falta a la reunión de padres.

Que abuelos o niñeras sean portavoces de las instrucciones que dejan los padres. Que estén cerca mientras hacen la tarea, que estén atentos a las notas de la maestra, que den una mirada de aprobación, un estímulo.