En junio de 2002, una primera investigación ya demostró que las respuestas individuales al dolor podían estar mediadas por el sistema mu-opioide. Las mujeres, por ejemplo, tienen una respuesta dolorosa más intensa y una mayor reacción ante los fármacos analgésicos.
Todo ello demuestra la importante influencia que las hormonas femeninas tienen en la respuesta ante el estrés y el dolor. Además, y más allá de las posibles implicaciones de género, sus investigaciones han demostrado que existen también fuertes diferencias individuales en la respuesta a este tipo de sensaciones. Las variaciones de un gen relacionado con la supresión de la dopamina –una sustancia química que determina la tolerancia de cada persona al dolor–, podrían explicar porqué unas personas reaccionan mejor al dolor que otras.
A juicio de uno de los autores, es fundamental comprender cómo muchas de las regiones del cerebro implicadas en la percepción del dolor están también relacionadas con la respuesta del ser humano a otros estímulos amenazantes o estresantes; por lo que recomiendan que los dolores crónicos sean estudiados también en el marco de este tipo de complejas interacciones entre género, genética y otros factores ambientales.