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/ Published on August 11, 2007

Tendencias

Feliz día del niño, ¿qué niños?

Diversidad y transformación en el perfil del "niño" contemporáneo. ¿Cómo son nuestros niños de hoy?

Index
1. Chicos de hoy
2. La infancia, ¿conectada?
3. Niñeces, niñeces

El Día del Niño: encuesta de TSN Gallup para LA NACION

Los chicos tienen cada vez un mayor contacto con el dinero

Reciben mensualidades y plata de regalo; muchos prefieren ahorrar a gastar

Son chicos, pero no por eso menos poderosos. Nacieron en la era del consumismo y desde que apenas balbucean, aprenden a conjugar un verbo mágico: querer. Quiero eso, quiero esto y también aquello. Pero no se trata sólo de una cuestión de deseos: una encuesta en América latina descubrió que el poder de compra de los pequeños tuvo un crecimiento asombroso en los últimos tiempos.

Más influidos por el marketing, a través de la televisión o de Internet, que las generaciones anteriores, los chicos de hoy tienen más poder que nunca en el proceso de toma de decisiones sobre los gastos familiares, según una encuesta exclusiva de TSN Gallup para LA NACION con motivo del Día del Niño, que se celebra hoy.

"El tiempo que pasan los niños frente al televisor o navegando por Internet hace que muchos estén al tanto de las novedades de productos y las marcas, incluso aquellas que apuntan a un target no infantil. Esto resulta en una especie de fusión entre los consumidores adultos y los niños", explica el estudio, que incluyó a madres con hijos menores de nueve años y a sus hijos en Argentina, Brasil, Chile, Guatemala y México.

Al mismo tiempo, una encuesta cuantitativa a mil padres de niños de hasta nueve años realizada en la Argentina evidencia que está en crecimiento el papel de los más pequeños como compradores directos. "Con recursos económicos restringidos para poder satisfacer sus deseos materiales, los niños deben diseñar estrategias para obtener lo que quieren. Hacen uso de una variedad enorme de recursos, negociando y haciendo promesas de ser buenos", detalla la investigación.

El resultado es, en muchos casos, el deseado por los pequeños: los padres suelen sucumbir ante las tácticas de sus hijos, "a pesar de estar atentando contra el criterio habitual de compra", aclara el estudio.

El cumplimiento de las demandas de los niños para mitigar la culpa que genera la cantidad de horas pasadas lejos de su casa y de sus niños por razones laborales o el darles todo por considerar que los niños tienen derechos como individuos y consumidores aparecieron también en esta exploración.

"La dinámica en juego entre el deseo de una madre por alimentar y vestir a su hijo de una manera saludable y responsable y el deseo del niño de comprar y consumir los productos exitosamente promocionados son una de las principales conclusiones. Las marcas y productos más exitosos serán los que entiendan y atiendan ambos deseos", comentó la directora de Estudios de TNS Gallup Argentina, Constanza Cilley.

"Lo que hoy en día está haciendo toda la diferencia es que las marcas se comunican directamente con los niños sin la mediación del adulto. Esto es posible en la medida en que la aparición de nuevas tecnologías de información y comunicación (PC, celulares) habilitan nuevos espacios publicitarios targetizados y sin la mirada del mayor", destacó la directora del Area Cualitativa de TNS Gallup, Sandra Durán.

Sueldo fijo

De la investigación se desprende que los niños tienen noción del poder del dinero desde los tres años. Entienden el papel que ocupa la plata en la sociedad, porque son testigos de lo que hacen sus padres y los adultos con el dinero.

Pero también tienen una experiencia directa del asunto: muchos chicos reciben un "sueldo fijo" de sus padres. El 42% de las madres entrevistadas declara darle dinero en forma regular a su hijo. Este sistema aumenta a menor nivel socioeconómico (del 24% en la clase alta al 47% en la baja) y se torna más frecuente en las ciudades del interior del país (con un 50% contra el 38% de la Capital y Buenos Aires).

La tendencia va en ascenso: mientras el 35% recibía dinero en forma regular en el sondeo realizado en 2005, este año lo hace un 42% de los consultados. Andrea es partidaria de esta modalidad. Su hijo Lautaro tiene nueve años y desde hace unos meses recibe una suma fija por semana. "Me parece que así puede manejar sus gastos y saber que si se lo gasta el primer día, no tiene para el resto de la semana... Al principio pedía más si se gastaba todo en un día, pero ahora está aprendiendo a dosificar", contó la mamá.

Mariana, en cambio, explicó que su hija Paula, de nueve, maneja un poco de dinero por día, para sus compras en la escuela, pero los gastos más grandes están a cargo de los papás. "Si recibe plata por un regalo, la guarda. Pero si quiere algo puntual, lo pide. Ella guarda y guarda aunque nosotros le insistimos que se dé algún gusto, que se compre algo. Creo que le gusta ver que tiene mucha plata, supongo que imita lo que los adultos hacemos", dijo la mamá. La única inversión de Paula consiste en comprar comida para los gatitos de la estación Villa Urquiza, adonde va a alimentarlos con su tía.

El dinero también se convirtió en una alternativa frecuente a la hora de regalar. El estudio de TNS Gallup revela que el 31% de los chicos recibe dinero como regalo en cumpleaños u otras fechas especiales, como la llegada del Ratón Pérez, el Día del Niño, la Navidad o los Reyes Magos.

Esta práctica crece conforme aumenta la edad de los chicos, llegando a casi la mitad (45%) entre los de 6 y 9 años. "Resulta interesante señalar que esto es más frecuente en la clase media y baja (30 y 33%, respectivamente) con respecto a la clase alta (20 por ciento). También es una modalidad que se expande: en 2005, el 25% de los chicos recibía dinero como regalo, cifra que hoy llega al 31 por ciento.

Gastar o ahorrar. Esa es la cuestión. La investigación arroja posiciones divididas: de los chicos que reciben dinero, el 47% lo ahorra, mientras que un 49% lo gasta. En este punto, el género produce fuertes diferencias: mientras que la mayoría de los varones decide ahorrarlo (54%), la mayoría de las nenas opta por gastarlo (54%).

El estudio cualitativo mostró diversas modalidades de ahorro. Algunos chicos optan por un "ahorro custodiado" por sus padres, mientras que otros prefieren un "ahorro independiente". Si la decisión es gastarlo, las golosinas son las preferidas por seis de cada diez niños. Luego aparecen las compras durante el recreo, los juguetes, las figuritas y la ropa.

Por Cynthia Palacios
De la Redacción de LA NACION

Opinión
El gran papel de la publicidad
Por Alberto R. Borrini

La creciente capacidad de compra de los chicos catapultó el aumento de la publicidad y de los espacios dirigidos a ese sector, el más vulnerable, sobre todo, de la comunicación televisiva.

Los reguladores oficiales están atentos a los reclamos de las personas que se sienten ofendidas, cuando no reaccionan por propia iniciativa ante los mensajes más transgresores.

Además, los anunciantes y sus agencias se someten a códigos de ética profesional, que cuentan con cláusulas especiales para casos como el de la publicidad infantil. Estos controles existen en todos los países, aunque no comparten igual severidad y rapidez de reacción ante los mensajes objetados.

Los Estados Unidos e Inglaterra, particularmente, se destacan por su rigor ante publicidades que no se ajustan a las normas pautadas. En los Estados Unidos, por ejemplo, ningún anuncio de juguetes puede mostrar prestaciones que el artículo no es capaz de realizar en la práctica. Cuando eso ocurre, la sanción es inmediata.

En los medios convencionales (televisión, gráfica, radio, vía pública), el trabajo de reguladores y autorreguladores era relativamente más sencillo, pero la irrupción de los alternativos complicó mucho las cosas. Internet, en especial, no se atiene a reglas comunes en otros medios.

En nuestro país, el código de ética aprobado por las entidades representativas de los anunciantes y las agencias, es aplicado por el Consejo de Autorregulación Publicitaria (Conarp). Señala que los operadores deben tener en cuenta la alta credibilidad y la escasa experiencia de los sectores más jóvenes; recomienda evitar la presentación visual de prácticas o situaciones violentas, o mostrar a los más pequeños accionando artefactos eléctricos o de gas, o encendiendo fuego sin la guía de mayores. En otras cláusulas puntualiza que ningún mensaje dirigido a los chicos debe socavar sus valores sociales y atentar contra la autoridad, juicio o criterio de sus padres.

Pero todos los códigos dejan en claro que pueden tentar a los anunciantes inescrupulosos. Por eso es preciso asumir que ni la regulación oficial ni la autorregulación privada son suficientes para controlar la publicidad dirigida al sector infantil. Los dueños y directores de los medios no deben desentenderse de su responsabilidad en lo que atañe a mensajes y horarios de protección al menor; responsabilidad que se extiende también a los padres y los maestros. Los anuncios dirigidos a los chicos son una responsabilidad que compromete a los grandes.

Manejos y estrategias dignos de un ministro de Economía

Cómo hacen los niños para obtener lo que tanto quieren

A los 5 años, Sofía tiene claro que para comprar algo se necesita plata, pero todavía no sabe medir lo que realmente cuestan las cosas. Hace poco, cuando su mamá le aclaró que no tenía plata, le respondió que fuera a sacarla "del agujero del banco". "¡Como si fuera el agujerito sin fin!", se ríe Florencia, la mamá.

La capacidad de ahorro no es algo que caracterice a Sofía: apenas cae una moneda en sus manos, ya piensa en qué gastarla. "Trato de no comprar todo lo que me pide para que entienda que las cosas cuestan y generarle algún valor... Pero es difícil", dice resignada Florencia.

Isabella quería comprar una toallita con la figura de Barney, el ser que más quiere en su -corta- vida de 3 años. Se acercó de la mano de la mamá a la vidriera y se convenció de que "eso" era lo que quería. No tardó en avanzar:

-¡Mirá, mamá! ¡Barney! ¡Qué lindo sería tener esa toallita !

-¿Te gusta?

-Sí, mucho. ¡Está mi amiguito!

-Pero no sé si tengo plata ¿vos tenés?

-Sí, ¿te acordás que ahorré?

-¡Ah! Claro, tus ahorros en monedas

-Sí. ¿La compramos?

-Dale, con tus ahorros

Una vez en el local, Isabella eligió el color y el tamaño que quería. Se cerró el trato y la vendedora envolvió la compra. Cuando dijo el precio de la toalla se produjo la siguiente escena:

-Bueno, Isa, son $ 12,80. Pagá.

-¿Me hacés un favor, mamita ? Pagá vos y yo después te lo devuelvo. Me quedé sin cambio...

***

Desde que lo vio en la vidriera del negocio, se fascinó. No importaba que costara más de 400 pesos, una suma inalcanzable para su magro presupuesto. Franco, de 7 años, estaba empeñado en ahorrar el tiempo que fuera necesario para tener ese teléfono con la cara de Mickey, uno de sus personajes favoritos.

"Quiero ponerlo en mi cuarto por si quiero hablar con mis amigos del colegio", repetía. Hoy, dos años después, cambió el objeto de su deseo: "Ahora quiero un teléfono como el tuyo", le dijo a Hernán, su papá, en referencia a su moderno celular.

* * *

Lola está en plena etapa de ahorro. A los 7 años, su deporte favorito es pedirle plata a su mamá o "cambiarle" un billete de cinco pesos por uno de diez. "Se la pasa contando cuánto tiene. Dice que va a comprar una PlayStation, pero si pasa por Sacoa se juega todo -cuenta Alejandra, su mamá-. Cuando yo le digo que no tengo plata, me da monedas, pero las más chiquitas."

* * *

Federica tiene 3 años y siempre le pide monedas a sus padres. Pero no cualquier moneda: ella sólo quiere "las del sol", es decir, las de un peso. Tanto ella como su hermano, Jonás, de 5 años, guardan las monedas y pagan con ellas cuando van al quiosco.

Jonás ya empieza a distinguir la diferencia entre los valores. Y es una influencia para la pequeña. Cuando la abuela le dijo a Federica que le pidiera monedas a su padrino, Jonás sugirió: "No, mejor le podés pedir billetes". 

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Clarín
COMPORTAMIENTO

Chicos curiosos: sin pelos en la lengua

Padres y docentes quieren que los chicos se interesen por el saber. Pero, ¿qué pasa cuando sus preguntas incomodan porque el adulto simplemente no sabe cómo responder? Claves para no quedarse callado.

texto Claudia Selser / producción de objetos Gastón Pérsico y Cecilia Szalkowicz fotos Ariel Grinberg

A los chicos les gustan los dinosaurios, les gustan los volcanes, les gustan los chistes. De modo que, si viene alguien y les explica por qué no quedan dinosaurios en la Tierra o por qué arrojan fuego los volcanes, y además les cuenta un buen montón de chistes, hay muchas probabilidades de que esa explicación también les guste. Con tales ingredientes surgió en Tubinga, Alemania, el primer curso de la Universidad de los Niños. Fue en el verano de 2002: 400 chicos llegaron a escuchar a los profesores, varios de ellos Premio Nobel de distintas disciplinas, sobre grandes enigmas del mundo: por qué crecen las plantas; por qué soñamos; por qué podemos oír; por qué no es bueno clonar a los seres humanos; por qué hay tantas cosas prohibidas para los niños; por qué están desnudas las estatuas griegas; por qué yo soy yo... La experiencia, muy exitosa,
hizo que en sólo cinco años 30 universidades alemanas abrieran sus puertas a chicos de entre 8 y 12 años, y todo indica que se replicará en otros rincones del planeta.

La curiosidad infantil siempre ha puesto en aprietos a los padres y a los maestros, y mucho más ahora, cuando los chicos están incentivados por todas las nuevas propuestas de la cultura y desarrollan habilidades desde muy chicos al punto de que, en algunas disciplinas –sobre todo en las nuevas tecnologías – superan a sus maestros.

Pero, ¿cómo hacen los maestros para llegar a los chicos cuando ellos se sienten inseguros si les hacen preguntas que se alejan del programa? Todos los consultados para esta nota recomiendan decir: "No sé, pero voy a averiguarlo y les propongo que investiguemos juntos". Y luego echar mano a los nuevos libros que se editan hoy en la Argentina.

Hay colecciones para todas las edades: Ciencia que ladra, de Siglo XXI Editores, dirigida por Diego Golombek, para adolescentes y jóvenes; ¿Querés saber? de Eudeba (dirigida por Paula Bombara), Preguntas que ponen los pelos de punta, de Iamiqué (dirigida por Carla Baredes e Ileana Lotersztain) yMi primer Larousse de los Porqués de Editorial Larousse (dirigida por Dominique Korach) para chicos de primaria, o Las preguntas que hacen los niños... y cómo responderlas, de Miriam Stoppard (Grupo Zeta), con respuestas segmentadas por edad. Aquí, algunos ejemplos.

RESPONDEN LOS QUE SABEN

¿Por qué las estrellas no se caen? I
maginemos que estamos a bordo de una nave espacial ultraveloz y recorremos nuestra galaxia, y dentro de ella el Sistema Solar. Se ve una bola de fuego, que es el Sol, en torno de la cual orbitan los planetas; uno de ellos, azul y un poco centellante, la Tierra. Todos esos cuerpos celestes parecen flotar en el aire. No hay cuerdas que los sujeten, ni tienen motores a reacción. Simplemente, se mueven siguiendo cada uno su órbita a través del vacío. Pero ¿por qué se mantiene todo en su sitio? ¿Por qué las estrellas no se caen al suelo del universo? Porque todos los cuerpos –desde el asteroide más pequeño a la mayor de las estrellas– se atraen unos a otros y, como resultado de la interacción de todas las fuerzas, cada uno queda en el sitio que le corresponde. Esta atracción se llama gravedad y es bueno compararla con el magnetismo de los imanes, que es otra fuerza física de las que no se ven, pero se notan. (Una universidad para los niños, editorial Ares y Mares, España)

¿Qué sucede cuando uno muere?
Nadie sabe exactamente qué sucede cuando morimos, pero nuestro cuerpo deja de funcionar: dejamos de respirar, el corazón ya no late, los músculos no funcionan y el cerebro deja de pensar para siempre. La mayor parte de las personas mueren naturalmente porque son ya muy viejas y sus cuerpos están gastados. Generalmente no sienten dolor, sino que gradualmente pierden conciencia y se mueren suavemente. Sin embargo, hay personas que mueren debido a enfermedades graves o accidentes. Sabemos que después de morir ya no tienen preocupaciones ni penas. Y que ellos siempre van a quedar en nuestro recuerdo. (Miriam Stoppard)

¿Cómo sabré qué hacer en mi primera vez?
Nadie lo sabe de antemano, aunque estar preparado en teoría ayuda mucho a que todo salga mejor. Una de las cosas que deben tenerse previstas, y no angustiarse si sucede, es que hay una buena probabilidad de que la chica no llegue en esta ocasión al orgasmo y de que el varón tenga una eyaculación precoz o una disfunción eréctil. Ambos tienen que ser tolerantes consigo mismos y con el otro, dado que la primera vez (y también algunas de las siguientes) suele estar influida por la ansiedad, el temor a fracasar, a no gustar, a equivocarse, y con frecuencia sucede en un lugar inconveniente (el asiento trasero de un coche, la casa de alguno de los dos, donde está el peligro de que los padres regresen sorpresivamente), lo que aumenta la inquietud. (Dr. Juan Carlos Kusnetzoff)

DISTINTOS NIVELES DE PREGUNTAS

Ahora bien, están las respuestas informativas por las que se puede consultar libros y especialistas. Pero no todas las preguntas que formulan los chicos son para ser respondidas. Así lo explica Gustavo Santiago, investigador de filosofía para niños, autor de varias novelas y de Filosofía, niños y escuela (Paidós), y Filosofía con los más pequeños, de Novedades Educativas).

Una primera cuestión clave, antes de pensar en qué responder, es estar seguro de haber escuchado y comprendido la pregunta. Hay tres tipos de preguntas:

1. Preguntas corrientes, cuando el chico pide una respuesta que cierre su inquietud, como por ejemplo: ¿Hace cuántos años se extinguieron los dinosaurios? En estos casos, lo mejor es hacerles saber ónde pueden buscar información, y si es posible ayudarlos a conseguirla y a comprenderla.

2. Preguntas retóricas: son enunciados en forma de pregunta, pero que en realidad no pretenden ser respondidos. Si un chico dice "¿Sabés cómo se forma un arcoiris?" quizá lo que esté haciendo no sea preguntar sino buscar una oportunidad para darle a conocer al adulto su propia hipótesis. Si el adulto responde con la verdad puede desilusionarlo.

3. Preguntas de investigación: lo que se busca no es una respuesta que cierre la cuestión sino que ayude a abrir caminos para adentrarse en ella. Ante preguntas como "¿Qué es morirse?", la primera sugerencia es repreguntar: "¿Y a vos qué te parece?" o "¿Por qué te surgió esa pregunta?" Así podremos saber si lo que el chico pretende es una respuesta concreta, si quiere exponernos una hipótesis personal o si tiene interés en explorar la cuestión juntos. Finalmente, si el niño insiste con que le demos una respuesta, quizá lo más conveniente sea acompañarlo para que sea él mismo quien la encuentre.

ESTRATEGIAS PARA ENSEÑAR

En su libro Pensar para hacer. Cómo transformar la filosofía en una experiencia real, el escritor y pensador Alejandro Rozitchner asegura que las ganas de saber no son desinteresadas y abstractas: Tienen que ver con la posibilidad de apoyarse en el entusiasmo por las cosas y los proyectos que logran interesar a los alumnos y muchas veces son los adultos los desapasionados por el saber. Una estrategia que inventé para solucionar esto es la del uno y uno: cada consigna para proponer a los alumnos debe resultar de la mezcla de un elemento de la cultura de los adultos o docentes y un elemento de la cultura de los chicos o alumnos. De esa forma, si se quiere que los alumnos trabajen su escritura elemento docente), una buena consigna es aquella que les proponga ejercitarla poniendo en escena una situación o un pensamiento de la cultura de los chicos: Carta a los jugadores de mi equipo alentándolos a ganaroLa tarde que pasé con mi ídolo (elemento del alumno). La idea también puede formularse así: para hacer pasar una intención docente al mundo de los alumnos y lograr que ésta sea realizada con efectividad, es necesario sumarle un salvoconducto y ese salvoconducto –dice Rozitchner– es un elemento de la cultura juvenil."

LA INFORMACION NO ES TODO

La psicopedagoga Cristina van der Kooy de Palacios, presidente de la Comisión Educación y Familia del SAMYF, institución perteneciente a la Asociación Médica Argentina, señala: "Los chicos son curiosos, preguntones por naturaleza, preguntan...¡y eso es bueno! Si el interés por sí mismos, por el mundo que los rodea, no se ve satisfecho con respuestas adecuadas, el resultado que se suele obtener es la repetición de la información, sin hacerla propia, o su rechazo. Si los adultos no atendemos esa curiosidad de los chicos, no sólo estamos perdiendo una excelente oportunidad de contribuir al desarrollo de su conocimiento, también estamos afectando aspectos de su desarrollo afectivo y social (como la confianza en sí mismos, la motivación, el deseo de aprender)."

Cuando dice "curiosidad de los chicos", la psicopedagoga no se refiere sólo al conocimiento informado –muchos chicos hoy acceden con facilidad a la información a través de la TV, la computadora o los libros–, sino también al que se transmite de persona a persona, a través de experiencias vitales. "Y es esta curiosidad la que puede (y debe) satisfacer el docente", apunta.

Y dice más. Habla de una oportunidad que no hay que desperdiciar: "Esta es una de las ocasiones para que el docente recupere su rol. El rol –delegado por los padres o, también, ante la ausencia de la familia– del que cuida, aconseja, orienta. Rol que, por otra parte, las nuevas generaciones piden a gritos: interlocutores adultos, con la presencia del otro, en tiempo y espacio reales (recordemos las características diferentes del chateo, por ejemplo)."

Además, señala la especialista, especialista, los chicos podrán conocer porque les han contado, porque lo leyeron, porque lo vieron, pero eso no implica saber. Se podrá conocer cómo poner el auto en marcha ero eso no quiere decir –necesariamente – saber manejar y estar preparado para hacerlo. El saber va unido al sentido, prepara para la vida. Muchas veces, los chicos conocen pero no saben y la tarea de los adultos será –en cada etapa de su vida– ayudarlos a encontrar el sentido. En el mismo ejemplo: tiene sentido que un chico de 5 años ponga en marcha el auto de su padre?

El docente deberá aceptar que las nuevas generaciones vienen dotadas de habilidades con las que él no cuenta en la misma medida (específicamente, las tecnológicas), pero muchas veces no tienen el para qué, el por qué de esas habilidades.

Asegura Van der Kooy: "Las preguntas de los chicos pueden generar en los docentes aceptación o rechazo, pero –con otra pregunta– el mismo docente puede abrir horizontes de nueva curiosidad para todos. Incluso para él mismo".

SE ROMPIERON LOS MOLDES

Uno podría imaginar el torbellino en las cabezas. Alrededor de 267.500 maestros de escuela primaria de todo el país tratando de asumir el desafío de las preguntas de sus alumnos, crecidos en el nuevo milenio. No es que antes los chicos no pusieran en aprietos a los mayores. El problema es que hoy las preguntas son más difíciles de responder porque tratan sobre temas muy novedosos también para los adultos.

Así lo admite Alejandra Birin, subsecretaria de Equidad y Calidad del Ministerio de Educación de la Nación. Todo un desafío. Para capear estas dificultades, se trabaja en la formación de docentes en tres niveles: "En primer lugar, en las disciplinas que a cada docente le toca enseñar y que también tienen profundos cambios (desde el cambio climático y la biogenética hasta el hipertexto). Trabajamos, en segundo lugar, en el vínculo pedagógico en la renovación de la autoridad docente. Y, en tercer lugar, en un núcleo que se llama Formación Social Cultural Contemporánea, porque las transformaciones mediáticas, tecnológicas, sociales, la aparición de nuevos lenguajes, las nuevas infancias y adolescencias plantean muchos interrogantes y novedades que son imprescindibles para una transmisión más potente del saber."

Desde su rol de maestro de grado Oscar Lamouret, capacitador de docentes, prefiere la autocrítica. "¿Se quejan de que a los chicos no les interesa nada? Somos los maestros los que tenemos que hacernos responsables por lo que aprenden o no aprenden los alumnos: los chicos aprenden los temas que nosotros hacemos interesantes cuando les despertamos la curiosidad, cuando conseguimos saber qué quieren saber ellos, cuando les brindamos los medios, cuando somos constantes en hacerlos pensar, cuando participan. Y esto es cosa del corazón. Por más dificultades que nos traigan los chicos, no se puede llegar al otro por otra vía. Si no hablamos con el corazón –insiste el maestro– nuestra palabra deja de ser creíble, y perdemos autoridad y confianza. Porque la educación es, simple y llanamente, un acto amoroso." jubilado tras 45 años de trabajo Oscar Lamouret, capacitador de docentes, prefiere la autocrítica. "¿Se quejan de que a los chicos no les interesa nada? Somos los maestros los que tenemos que hacernos responsables por lo que aprenden o no aprenden los alumnos: los chicos aprenden los temas que nosotros hacemos interesantes cuando les despertamos la curiosidad, cuando conseguimos saber qué quieren saber ellos, cuando les brindamos los medios, cuando somos constantes en hacerlos pensar, cuando participan. Y esto es cosa del corazón. Por más dificultades que nos traigan los chicos, no se puede llegar al otro por otra vía. Si no hablamos con el corazón –insiste el maestro– nuestra palabra deja de ser creíble, y perdemos autoridad y confianza. Porque la educación es, simple y llanamente, un acto amoroso." 

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Clarín

SEGUN UNA ENCUESTA, LAS ARGENTINAS ESTAN ENTRE LAS MAS PREOCUPADAS DEL MUNDO POR ESTA TENDENCIA GLOBAL

Para el 80% de las madres, sus hijos juegan poco al aire libre

Es por la inseguridad, miedo a que se golpeen o se enfermen y la falta de tiempo. También, por el exceso de consumo de tecnología. Afirman que los chicos que no van a plazas y parques se están privando de su niñez.

Adriana Santagati

Armar un arco con dos mochilas en un baldío y jugar la final de un Mundial. Volar hasta el cielo en una hamaca. Jugar a la escondida en plena calle. Descubrir el mundo en bici a la hora de la siesta. Y embarrarse tanto que uno sabe que mamá pegará el grito, pero no importa. Para los "chicos modernos" de las grandes urbes, estas imágenes son sólo anécdotas referidas por sus abuelos o, con un poco de suerte, por sus padres. El juego puertas afuera se fue perdiendo y una nueva encuesta lo confirma: en las ciudades argentinas, 8 de cada 10 mamás consideran que sus hijos juegan poco al aire libre y que eso los está privando de la niñez.

Como parte de un estudio global sobre infancia y juego, dos especialistas de la Universidad de Yale (EE.UU.) encuestaron a 1.500 mujeres en las principales ciudades de 10 países con distinto grado de desarrollo: Brasil, Tailandia, EE.UU., Turquía, Sudáfrica, Gran Bretaña, India, China, Francia y Argentina. Los resultados tuvieron un punto en común: la mayoría reconoció que en sus países se olvidó la importancia del aprendizaje a través del juego. En promedio, el 63% de las mamás consideró que los chicos perdieron el contacto con la naturaleza y la libertad del juego al aire libre. Argentina está segunda en ese ranking, detrás de Brasil (ver infografía).

"A pesar de la obvia diversidad de culturas, existe un sorprendente acuerdo entre los padres, quienes reflejan sus preocupaciones acerca de que los niños están siendo presionados por su sociedad en particular a ''''crecer demasiado rápido''''. Se les niega cada vez más las oportunidades de jugar o formar parte de actividades no estructuradas, así como de aprender de sus propias inclinaciones a explorar", observaron los doctores Jerome y Dorothy Singer en su estudio, que fue impulsado por la multinacional Unilever. Los resultados completos se presentarán el martes en un foro en Buenos Aires (ver Para el...).

Todos los especialistas distinguen entre chicos de zonas urbanas y rurales. El "cemento" parece ser un gran condicionante. "Esta es una realidad de los chicos que viven en un departamento en la Capital. En el Gran Buenos Aires encontrás nenes que se trepan a un árbol o juegan en el jardín de su casa", aclara Miguel Alemán, pediatra, deportólogo y entrenador de rugby de CUBA.

María Regina «öfele, doctora en psicología educacional y directora del Instituto de Investigación y Formación en Juego, concede que en las grandes ciudades hay una situación de inseguridad en la calle y que "los espacios para jugar no son de fácil acceso. Hay barrios donde no hay plazas, u otros donde están enrejadas, lo cual no hace más que atemorizar a los padres y darles a los chicos la sensación de estar enjaulados".

La inseguridad fue uno de los principales argumentos esgrimidos por las mamás sobre por qué los chicos juegan adentro, pero no el único: también admitieron sus propios temores (miedo a que se lastimen o se enfermen) y falta de tiempo.

"El desapego paterno no es fácil. Y sabemos que el contexto lo limita más. Pero jugar en un espacio público da a los chicos una autonomía necesaria. Para vencer el miedo, sugerimos evaluar los riesgos y el costo-beneficio. Esta no es una decisión individual sino colectiva, relacionada con nuestra construcción como sociedad", define la psicopedagoga Alejandra Rabuini, presidenta de IPA Argentina, la filial local de la Asociación Internacional por el Derecho del Niño a Jugar. La experta llama la atención sobre la falta de tiempo para el juego: en las capas medias y altas, por la "tendencia a cargarles sus agendas y a sobreestimularlos con la falsa creencia de que así tendrán un desarrollo más saludable. Y en las bajas, por su ingreso al mundo del trabajo".

Jugar al aire libre tiene beneficios irreemplazables. "No sólo los chicos se cansan y luego descansan mejor, sino que el sol activa la vitamina D, fundamental para la calcificación", dice Alemán. El pediatra asegura que el temor a enfermarse es totalmente injustificado: "Hay más riesgo de que se contagie un virus en el Jardín que en la plaza".

«öfele agrega que el juego desarrolla "la motricidad gruesa y el despliegue corporal. Posibilita incorporar nuevas pautas y el intercambio con otros chicos que no son los compañeros del colegio. En la plaza, el chico se hace de un amigo por un par de horas".

En el estudio, también aparece la tecnología atentando contra la recreación: el 80% de las argentinas dice que sus hijos miran mucha TV y videos.

"La tecnología es un recurso interesante según cómo se use. En un chico con otras posibilidades, él mismo la dosifica", asegura Rabuini. Alemán destaca el rol del adulto: "Al padre que no lo vio en todo el día le cuesta ponerle límites. Puede ver algo de televisión, pero no para adultos sino un buen programa infantil". "El fin de semana es lo mismo: en vez de salir al shopping, que los papás lo lleven a un espacio abierto", completa Ofele. ¿Cuánto "aire libre" necesita un nene? No hay cálculos, pero sí una recomendación que se funde con el deseo: "Ojalá pudiera ir a la plaza todos los días", concluye Alemán.

COLABORO: Gisele Sousa Dias


Hoy les toca la sortija
Diana Baccaro
dbaccaro@clarin.com

Donde todos veían una calesita, el gran periodista Jorge Göttling descubrió "un remolino de risas frescas". Sabía de qué hablaba el Señor de las Metáforas... Los chicos que están allí, dando vueltas en la postal de la felicidad, ven el Sol que se esconde tras la cúpula del Congreso y, casi en el mismo instante, la Luna que se asoma por el pasaje Barolo. La calesitera se da cuenta que una mamá se quedó sin plata, pero se hace la distraída porque el nene sigue hipnotizado: a un lado, baila el agua de una fuente; al otro, perros que pasean en racimos por la ciudad. Al aire libre, el derecho a jugar parece más pleno. Y en una de esas, la suerte se pone hoy del lado de los chicos y hasta les toca la sortija.

Por qué se festeja justo este día

En 1959, la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño y estableció que cada país designara un día para ayudar a los chicos del mundo. El Día del Niño se celebra en 145 países. Argentina, eligió el segundo domingo de agosto.

Para el público

El estudio realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Yale se va a presentar este martes en el 1er. Encuentro Abierto por una Niñez Orientada al Juego y la Experiencia. Este foro es gratuito y abierto al público en general. Debatirán reconocidos expertos en salud, arte y desarrollo infantil sobre la importancia de una niñez más libre. Será de 9 a 12.20, en el Centro Cultural Borges.

La pelota, buen antídoto contra el encierro

La encuesta muestra que la tendencia a "encerrarse" es global. "Acá es muy raro ver a los chicos jugando en una plaza. La tecnología es mucho más masiva que en la Argentina y prefieren quedarse jugando por Internet con alguien que está en la otra punta del planeta". Desde Italia, el futbolista Esteban Cambiasso da cuenta de una realidad que se repite en toda Europa y que lo motivó, junto a su amigo y compañero en el Inter Javier Zanetti, a crear una escuela para enseñarles a esos nenes el valor del juego.

"La falta de deporte es algo muy común. Y muchos estudios demuestran los problemas que genera la vida sedentaria", detalla Zanetti. Para combatirlos, dos referentes de la Selección armaron Leones de Potrero, una escuelita de fútbol para chicos de 5 a 12 que abrirán el mes próximo en Milán, donde residen todo el año.

El eslogan de Leones es "divertite jugando" y, dicen, la escuela desarrollará las capacidades deportivas desde un lugar lúdico. "Tal vez después sigan jugando y lleguen a profesionales, o no. Pero lo que queremos es que se lleven la misma experiencia que nosotros disfrutamos en la infancia", afirma Zanetti. Cambiasso recuerda su niñez en Villa del Parque "jugando al fútbol en el club Parque o en la plaza de enfrente. Aprendí un montón de cosas en esos años: el compañerismo, la amistad, saber perder, saber ganar, hacer un gol y festejarlo -y festejar el que hace tu compañero-, el respeto por el rival... Y, también, a divertirme jugando".

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Revista La Nación

Tengo un hermano especial

Cuando un hijo con algún tipo de discapacidad llega a la familia, suele quedar en el centro de la atención. Se habla de él, se habla de los padres, pero ¿quién habla de sus hermanos? Historias para desmembrar una relación que plantea desafíos

No hacía mucho que Blanca Núñez había recibido su diploma en psicología cuando comenzó a trabajar con niños sordos. Como no conocía el lenguaje gestual, introdujo a la familia en la terapia desde el principio para poder comunicarse con el paciente. Y entonces los conoció. Entonces fue cuando descubrió a los “hermanos”, una palabra que, a partir de ese momento, no se limitaría sólo a describir un vínculo fraterno, sino a un grupo de personas de diferentes edades con algo en común: tener un hermano especial.

“Con el correr de las consultas me di cuenta de que los hermanos de los pacientes tenían muchos problemas psicológicos. ¿Por qué? Porque en el momento del diagnóstico gran parte de la energía familiar se concentra en el chico con discapacidad, y el otro hermano queda muchas veces abandonado”, explica la licenciada Blanca Núñez.

Cuando Matías nació, Marcela tenía 14 años. El diagnóstico de “Mati”, como ella lo llama, era de retraso madurativo. “Mis padres estaban completamente perdidos y yo dije: si este es el baile, ¡a bailar!”, cuenta Marcela, y agrega: “Todos dicen que, cuando hablo de Mati, parezco que hablara de mi hijo, pero no me doy mucha cuenta”, dice, y asegura que no cambiaría por nada ese vínculo.

Frente a un niño con discapacidad, los hermanos pasan a ser los “sanos”: chicos sin problemas que no necesitan ni demandan tanta atención. Estos, a su vez, se hacen eco de las necesidades de sus padres y se convierten en seres independientes con un grado de madurez y de responsabilidad que no es propio de su edad. “Aparecen como sobreadaptados. Sueltos, haciendo lo que pueden. Tratan de no traerles problemas a los padres, que ya bastante abrumados están”, agrega Núñez.

En toda relación fraterna pueden aparecer sentimientos de rivalidad, de celos, de enojo, pero cuando aparecen en relación con un hermano especial, todo se intensifica. Y la culpa por tenerlos, también. Se sienten malos hermanos, demonios o bichos raros y, generalmente, lo viven en soledad. Los padres tienen la oportunidad de encontrarse con otros padres en salas de espera o instituciones de rehabilitación, pero no hay un lugar común para los hermanos. Núñez se dio cuenta de que algo había que hacer por ellos.

Luis Rodríguez es psicólogo, director general de la Asociación AMAR y también hermano. Carmen tiene síndrome de Down y, cuando nació, Luis tenía siete años. “Primero lo viví con muchos celos, porque mi hermana necesitaba más tiempo y yo me las tuve que arreglar solo,” explica Luis, y agrega: “El síndrome de Down no es un tema fácil de entender. Siempre me decían que mi hermana estaba enferma y yo estaba esperando que se curara como si fuera un resfrío. Cuando crecí, me di cuenta de que eso no iba a pasar.”

De adolescente, a los celos se agregaron la vergüenza y una sensación de inadaptación. “Tener un hermano con discapacidad me hacía a mí también diferente. Me sentía distinto por tener una hermana distinta, algo que me acomplejaba un poco.” Luis necesitaba conocer pares, saber si lo que le pasaba a él como hermano le pasaba a otros. Comenzó a ir a reuniones en la Asdra (Asociación Síndrome de Down de la República Argentina) y a contactarse con otros hermanos. Cuando inició la carrera de Psicología, comenzó a coordinar grupos, y fue en una de esas actividades donde se conocieron con la licenciada Núñez y decidieron que tenían que trabajar juntos. Así fue que, en conjunto con la Asociación AMAR, nacieron los talleres de reflexión de hermanos, para que se encontraran entre sí, para que supieran que lo que ellos vivían como exclusivo, así también lo vivían muchos más. “Trasladar el «a mí me pasa» a un «a nosotros nos pasa». Y la forma de hacerlo era instalando la temática de los hermanos y darlos a conocer. Los llamamos los olvidados de todos, y es algo que intentamos cambiar”, explica Núñez.

Responsabilidades futuras

Que los padres les dediquen un tiempo exclusivo a ellos, que les miren la tarea, que los vayan a buscar al colegio. También que no los presionen para que les den lo que el hijo con discapacidad no les puede dar o que no los carguen con tareas o roles no apropiados para su edad. Eso piden los hermanos. Y uno de los grandes temas: planificar el futuro de la familia. Antes, las personas con discapacidad no sobrevivían a los padres. Ahora, viven mucho más allá y son los hermanos los que quedan. Y aunque los padres aún estén vivos, también envejecen y no pueden encargarse como antes.

Mariela y Fernando Chiesa tienen 48 y 47 años, respectivamente. Fernando es empleado administrativo en una empresa de medicina prepaga, estudia el bachillerato avanzado y tiene síndrome de Down. Mariela es arquitecta, está casada hace 22 años, tiene 3 hijos y, al ser tan próximos con su hermano, dice que por eso nunca sintió que hubiera celos o algún tipo de rivalidad. “Pero sí me hubiera gustado tener otro hermano. Sobre todo, para compartir la responsabilidad por Fernando. Es como tener otro padre. Sé que en el momento en el que mis viejos no estén, va a pasar a vivir con nosotros.” Al nacer Fernando, su madre no pudo lidiar con el diagnóstico y se refugió en el trabajo, donde a nadie contó que tenía un hijo con síndrome de down. “Ahora que se jubiló, volvió a casa y a darse cuenta de lo que tiene, y soy yo la que lleva todo adelante. Es la realidad que me tocó, y así tuve que elegir al compañero de vida que puede aceptar eso. El problema ahora es que, con el envejecimiento, la carga es mucho mayor”, dice, y lo mira con mucho amor mientras posan juntos para la foto en la que él se muestra como un verdadero actor.

También es muy común que cuando un hermano especial nace, el otro se haga cargo como si fuera en parte su madre. “Es una reacción típica, y más en las mujeres, que el hermano asuma un rol paterno-materno; los padres tienen que fomentar el vínculo fraterno”, explica Rodríguez. Y algo así es lo que puede verse en el vínculo entre Marcela y Matías Bodio.

Mientras que los padres se encargaron de todo lo que fuera salud y educación, Marcela lo hizo de la parte emocional, de fomentarle inquietudes (como el que aprenda a tocar batería), de compartir juegos, revisarle la carpeta y, si está enfermo, controlar que tome el medicamento. “Con quien menos límites tiene Mati es con mi vieja. Yo lo tengo trotando, no le dejo pasar una. Pero ahora, que entró como en una etapa más adolescente, me está llevando mucho la contra”, dice Marcela, y cuenta que Mati heredó muchísimas manías suyas, cosas como la obsesión por el orden: “Somos un calquito. Quizá todo lo que hace conmigo tendría que hacerlo con mi vieja pero, ¡disfruto tanto de la relación que tenemos!”

El hermano que se hace más cargo

Cuando son más de dos hermanos, suele pasar que uno de ellos se convierte en el más responsable de su hermano especial. Las asociaciones pueden ser por edad o por género. En el caso de Juan Fortunato, quizás haya sido por ambas. Agustín nació cuando Juan tenía tres años. Agustín murió a los nueve y Juan recuerda con emoción la proximidad de su vínculo. Cómo lo ayudó a aprender a caminar, a hablar, a relacionarse con el mundo, y la perseverancia y el esfuerzo de Agustín por lograr todo lo que se proponían. Y para Agustín, Juan era su ídolo. Aunque eran seis hermanos, Juan era con el que siempre quería estar. “Si iba a jugar a la pelota, tenía que llevar a mi hermanito. No porque me lo impusieran, pero no podía irme a jugar y dejarlo”, afirma Juan, y recuerda aquellos partidos en los que no toda su atención estaba puesta en el juego: “Con un ojo miraba la pelota y, con el otro, vigilaba que mi hermanito no se fuera a la calle. Los otros chicos no se bancaban mucho la situación. Era un garrón para ellos tener que estar parando el partido cada dos por tres, pero no lo podía dejar”. ¿Por qué? Juan sentía que si dejaba de lado a Agustín para jugar tranquilo, estaría discriminándolo. “Muchas veces veía cómo la gente lo miraba en el súper o por la calle, como si fuera un bicho raro. Quizás no se le acercaban o les daba miedo. Y él se daba cuenta. Nunca entonces quise que sintiera algo así de mi parte.”

También puede ser el caso de Belén y Laura Vieytes. Laura tiene 20 años, es verborrágica, estudia profesorado de teatro en Andamio 90 y está de novia con el integrante de La Petisa, una banda de rock de la zona oeste. No es raro entonces que, para Belén, de 13 años y con síndrome de Down, Laura sea “lo más”.

“La sigue a todos lados. Quiere estar con ella todo el tiempo”, dice el padre de Laura, con una sonrisa de orgullo por sus dos hijas.

–¿Y a vos, Laura? ¿Cómo te cae?

–Bien, mientras no hable, porque es muy buchona. Les cuenta a mis viejos si fumé o si tomamos cerveza. Ya tenemos un pacto: puede estar conmigo y mis amigos mientras no diga nada. Lo cumplió por un año, hasta que lo quebró. Ahora, tenemos que volver a empezar.

Entre Belén y Laura está Gastón, de 16 años, y con quien Belén abusa de su condición de ser la más chica. “El otro día, estábamos peleándonos en joda y me amenazó con llamarlo a papá. «Llamalo», le dije y, cuando iba hacía el teléfono se reía como loca. Apenas atendió papá, se puso a llorar y empezó a decirle que yo le estaba diciendo china y que ya la tenía podrida e hizo todo un drama. Es recontra viva. Lo que pasa es que no le gusta que le diga china.”

–¿Por qué?

–Y..., yo le digo china porque tiene los ojos rasgados y ella sabe bien que no es china. Ella es argentina, los argentinos no tiene los ojos así y, si ella los tiene, es porque tiene Down.

Según la licenciada Núñez, muchas veces pasa que los padres no les ponen los mismos límites a los hijos con discapacidad que a los hermanos. “Entonces, el chico con discapacidad a veces puede tornarse en un ser despótico.”

“Mis viejos a veces hacen diferencias entre Belén y nosotros. Si ella está arriba mirando una película, cena ahí mirando la tele. Pero, si yo estoy hablando por teléfono, tengo que cortar y sentarme a la mesa con el resto de la familia. Si pasó una mala noche, se queda durmiendo y no va al colegio. Nosotros, ¡ni ahí!”, explica Laura, y Gastón acota: “Pero mis viejos no son los únicos. A donde vaya, Belén se lleva algo. Vamos a una heladería y le regalan un segundo helado. Siempre es así, los seduce a todos.”

Ante todo, hermanos

Tener un hermano especial también los hace especiales a ellos y, como contraparte del conflicto, es algo que viven con orgullo, cariño y a sabiendas de que, sin aquel hermano, ellos quizá fueran diferentes. En sus seres especiales encuentran la contención que no hallan en otros, un amor incondicional y otra mirada más tolerante hacia el otro, cualquier otro.

Para Luis Rodríguez, por ejemplo, es gracias a su hermana que él descubrió su vocación. “Si no hubiera sido por Carmen, quizá no me hubiera dedicado a esto que es, básicamente, lo mío. A ella le debo esta carrera.”

O para María Marta Seghini, para quien su hermano José, con síndrome de Down, “es la luz de sus ojos”. Aunque le llevó un tiempo aceptar el diagnóstico al nacer José, una vez que lo hizo se convirtió en “el alma y la alegría de la casa”. Con él es con quien comparte intimidades y secretos. “Sé que él no me va a juzgar. Es mi maestro de la vida y es como un escudo protector. El es el que cuida de mí. Aunque tiene 30 años, es un nene sin maldad. Me dice que soy la hermana más linda del mundo..., ¡pero soy su única hermana!”

Si no hubiera sido por Silvana, que tiene discapacidad motriz y retraso madurativo, Eduardo Loturco quizá no hubiera sido tan consciente de lo dolorosa que es la discriminación. Eduardo es vendedor de una cadena de electrodomésticos y, en el trabajo, muchas veces llegan clientes con alguna discapacidad. “Aunque no vengan a comprar a mi sección, soy el que los atiende, soy el primero en ir a ayudarlo, ya sea una persona con discapacidad o un mayor de edad. Quizás otro no se da cuenta o se queda estático, sin saber que hacer. O impresionado. Es muy difícil para mí, al tener a Silvana, encontrarme con gente que rechace a una persona con algún tipo de discapacidad. O que, simplemente, discrimine. Es algo que no puedo entender y que me duele.”

La conductora de televisión Nequi Galotti es hermana de Marcelo, de 50 años. El tiene retraso madurativo y, para Nequi, sus padres fueron pioneros en el tema de integración y adaptación de personas con discapacidad. “Vivíamos en el interior del país, papá era dueño de una clínica y era un médico próspero. Cuando Marcelo comenzó a crecer, se dio cuenta de que en Buenos Aires era en el único lugar donde se podía desarrollar y adaptar a la sociedad. Así que dejamos todo y nos vinimos para la capital –cuenta ella–. A mí me hizo muy fuerte y me enseñó mucho de la vida. Creo que toda mi carrera y mi vida tuvieron que ver con él. Es una especie de ángel en la familia.”

Por Constanza Guariglia

Una asociación que creó talleres para hermanos

La asociación AMAR es una organización civil sin fines de lucro con 33 años de existencia. Cuenta con cuatro programas: Hogar y centro de día; Escuela de tango para personas con discapacidad; Programa de capacitación profesional, y un Programa de Apoyo y Orientación a Familias. Dentro de éste, desde el año 2002 viene desarrollándose el Proyecto de hermanos, con el que recorrieron 16 ciudades argentinas, trabajaron con 900 hermanos y publicaron el libro Los hermanos con discapacidad: Una asignatura pendiente, que se consigue a cambio de un bono contribución en la sede de la institución. El 10 de septiembre, la AMAR realizará en La Rural su evento anual de recaudación de fondos, Una noche para Amar, en el que actuarán artistas con discapacidades y figuras destacadas del folclore.
Más información: www.asociacionamar.com.ar

Consejos para padres

Como producto de los talleres de reflexión de hermanos, los licenciados Luis Rodríguez y Blanca Núñez escribieron el libro Los hermanos de personas con discapacidad: una asignatura pendiente, en el que hay un capítulo con consejos de los hermanos para los padres. A continuación, un pequeño listado de algunos de ellos.

A su hijo especial, fórmenlo con autonomía.

No esperen del hijo sano lo que el discapacitado no les puede dar.

Respeten la edad de su hijo sano y no lo carguen con responsabilidades que no le corresponden. No le asignen funciones de padre.

No lo aparten ni lo mantengan al margen de la problemática de su hermano con discapacidad.

Tampoco le digan: “Arreglate solo porque vos sos sano”. El también necesita ayuda.

Ofrézcanle calidad de tiempo cuando están con él.


Por sus derechos

La Fundación IPNA es una entidad de bien público cuyo principal objetivo es promover los derechos de niñas, niños y jóvenes con discapacidad, en particular de aquellos que pertenecen a familias que viven en condiciones de alto riesgo social y pobreza. Se puede conseguir información sobre estos temas en: www.fundacionipna.org.ar

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