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Publicado el 27 de febrero de 2008

Examinar los ojos para evaluar el oído

Este tipo de exploración puede proporcionar pistas sobre el estado de otros sentidos y puede ser útil para evaluar la capacidad auditiva en recién nacidos o afectados por una lesión cerebral traumática.

El examen de los ojos también puede proporcionar una visión clara del estado de otros sentidos.

Un nuevo estudio informa de que los ojos pueden proporcionar pistas a los investigadores sobre la capacidad auditiva de una persona. Este hallazgo podría ser especialmente útil para el diagnóstico de problemas auditivos en recién nacidos, niños muy pequeños o personas que no pueden someterse a una prueba de audición de forma activa, como aquellos que han sufrido una lesión cerebral traumática.

"Cuando la mayoría de animales detectan un cambio en su ambiente, sus pupilas se dilatan. Y mientras más bajo sea el volumen del sonido, menor será la dilatación", explica el autor del estudio Avinash Bala, investigador asociado de la Universidad de Oregón (Estados Unidos). "Una de las cosas para las que se puede usar es para ver cuándo un sonido es detectable". 

Cuando Bala estuvo trabajando con lechuzas, se dio cuenta de que sus pupilas se dilataban en proporción al volumen del sonido. Bala subrayó que a esto se le llama "respuesta reflejo de orientación". "Siempre que hay un cambio en nuestro ambiente, la reacción natural es girarnos para verlo", explicó. Al mismo tiempo, el ritmo cardiaco se ralentiza, la respiración disminuye y las pupilas se dilatan para evaluar la amenaza del cambio. Si el sonido se repite varias veces y no se detectan amenazas, los animales y los humanos aprenden rápidamente a ignorar esos sonidos, de acuerdo con Bala. Es lo que se conoce como habituación.

Bala y sus colaboradores pensaron que podían utilizar esa respuesta de dilatación pupilar (RDP) para medir la capacidad auditiva de una persona. Para demostrar su teoría, reclutaron a 22 voluntarios sanos y les pidieron que escucharan una variedad de sonidos. Mientras escuchaban los sonidos, sus movimientos oculares eran registrados por una cámara. En este estudio, el sujeto mantenía la cabeza inmóvil al colocar la barbilla sobre un reposabarbillas, pero Bala apuntó que si una cámara se instalaba lo suficientemente lejos del sujeto, éstos no necesitarían estar tranquilos. O, añadió, es posible que pudieran usar un par de lentes especializadas para detectar los cambios en el tamaño de la pupila.

Los científicos hallaron que cuando se introducía un sonido nuevo, las pupilas del ojo humano se dilataban y si el sonido se repetía varias veces, los voluntarios se habituaban rápidamente al sonido. Para contrarrestar esa habituación, los investigadores variaron los sonidos. Preguntaron a once participantes del estudio que también les dijeran cuándo escuchaban un sonido determinado, y luego compararon esos resultados con los obtenidos en la respuesta pupilar y hallaron que los resultados eran similares, dentro de tres decibelios.

Los resultados del estudio serán presentados en la próxima reunión de la Association for Research in Otolaryngology en Phoenix.