Noticias médicas

Publicado el 22 de marzo de 2006

Victoria hizo honor a su nombre.

¡Estudiar para vivir!

Cuando el esfuerzo se pone al servicio de la vocación. Bienvenida, colega...

Luchó contra la falta de dinero y las adversidades y se recibió de médica. Victoria del Río, de 46 años, rindió 14 materias en dos años y ayer aprobó la última. La flamante profesional hizo empanadillas, lavó ropa, cuidó enfermos y realizó un sinfín de tareas para sobrevivir.  

Con carpetas prestadas

Como lo hizo siempre, ayer Victoria caminó los 6 km, desde el barrio Villa Santillán hasta la Facultad de Medicina de la UNT, para rendir su última materia: Tóxico Legal. Fue con una carpeta prestada, como lo hizo en todas las materias. Y aprobó el examen. A la hora de las fotos, Victoria no quiso posar porque no podía pagarlas. Pero regresó a su casa con una riqueza nueva: la posibilidad de un futuro menos duro para ella y sus hijos. “Lo único que quiero ahora es un trabajo digno, ya demostré que puedo seguir adelante en la vida”, expresó con media sonrisa.

Victoria del Río tiene 46 años y ayer celebró, humildemente, un logro para nada menor: rindió la última materia para obtener el título de médica. Terminó la carrera pese a la viudez, a la responsabilidad que implica la crianza de dos hijos y a las limitaciones que le impone la extrema pobreza en la que vive. “En la escuela, ya tenía mi estetoscopio; siempre quise ser médica”, recuerda. Luego de ser abanderada en el secundario, comenzó a cursar Medicina en 1978, pero interrumpió sus estudios para criar a sus dos hijos: Pablo Nelson (de 17) e Hilda Evangelina (de 13). “En esa época, prefería ser mamá que estudiante”, afirma.

Pérdida familiar

En 1999, recibió una mala noticia: su esposo, Oscar Araujo Paredes, sufría insuficiencia cardíaca grave. Con un 90% de discapacidad, no podía trabajar y necesitaba un trasplante cardíaco. La familia se vino a pique.

“Tuvimos que pedir ayuda. Yo empecé a trabajar en lo que podía: hacía empanadillas, sándwiches de milanesa; cuidé enfermos, tomé la presión, puse inyecciones, lavé ropa. Hice de todo, siempre dentro de lo legal”, relata Victoria.

Cuando aún no conocía la gravedad del mal de su esposo, Victoria pidió la readmisión en Medicina. El desafío fue alentado por múltiples voces. “Rendí al menos una materia por turno’. Muchas veces no teníamos nada para comer por la noche y estudiaba junto a mis hijos; era nuestro único impulso”, cuenta.

Aprobó 14 materias

En 2002, falleció su esposo. La pérdida de su compañero le impedía concentrarse para estudiar. Pero desde 2004 hasta marzo de este año, Victoria rindió 14 materias, casi la mitad de la currícula de 34 asignaturas (corresponde a un plan anterior al actual).

Guarda infinito agradecimiento para mucha gente de la facultad, entre ellos, para José Remis, Luis Fajre, Luis Silva, Norita Riera, Mechita Luna y muchos más. Nunca me regalaron la nota, pero me contuvieron y me ayudaron a seguir adelante”. “Yo quería superarme. Por eso tomé la difícil decisión de dejar de trabajar en el CAPS del Barrio Jardín para poder cursar el 7° año de Medicina. Me quedé sin plata para el colectivo; caminaba hasta la facultad; alquilamos la casa construida con mi marido y nos mudamos a una pieza en la casa de mi hermana. Pero Gracias a Dios, triunfé”, contó.