Sus resultados muestran que aquellos jóvenes adultos que están en buena forma cardiovascular tienen menos probabilidades de desarrollar hipertensión, diabetes y otros factores de riesgo cardíacos en el futuro.
Los autores escriben que practicar ejercicio entre los 18 y 30 años desempeña un papel importante en el desarrollo de los factores de riesgo cardiovascular a mediana edad. El estudio analizó datos de más de 4.000 varones y mujeres que tenían entre 18 y 30 años cuando se inició y que fueron sometidos a una prueba de esfuerzo en aquel momento. Fueron clasificados en función de su capacidad para el ejercicio. Quince años después se observó que los incluidos en los grupos de baja y moderada capacidad para el ejercicio presentaron en mayor medida hipertensión, diabetes y síndrome metabólico. Si además se tiene en cuenta el índice de masa corporal, estos dos grupos de individuos presentaron doble riesgo de desarrollar las entidades citadas.