Hace rato ya que la ciencia ficción dejó de ser ficción. Esta historia comenzó en diciembre de 2022, en Madrid, cuando el proyecto High-definition oncology in women’s cáncer (Oncología de alta definición en cáncer femenino) fue seleccionado en la convocatoria Proyectos de Investigación de Medicina Personalizada de Precisión, del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Había sido presentado por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CENIO), con el liderazgo de Miguel Quintela, director del Programa de Investigación Clínica del CNIO, y con la participación de otros 12 centros médicos de toda España. La idea era reclutar 300 voluntarias con diagnóstico confirmado de cáncer sólido de mama, de pulmón o colorrectal, que requiriera tratamiento de primera línea; los tumores deben de estar en estadio avanzado (III o IV), no tener posibilidad de tratamiento curativo, y no haber recibido tratamiento para metástasis. En octubre de 2023, con financiación del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) de los Fondos NextGeneration EU, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), comenzaron la búsqueda de participantes.
El objetivo, explicado “para todo público”, era generar, mediante biocomputación, “gemelas digitales” de cada una, a partir de un conjunto de datos genéticos, fisiológicos y de comportamiento que recreara su vida, y que permitieran estudiar cómo evolucionará la enfermedad, cuáles abordajes terapéuticos pueden resultar más eficaces en cada una y qué hábitos de vida contribuirán a un mejor resultado de las terapias. Se trata de una participación altruista, y las más de 120 mujeres que ya se han presentado lo saben: al ofrecerse tienen claro que no lograrán mejorar su tratamiento, pero sí, potencialmente, el de otras mujeres con cáncer en el futuro.
| Un poco de contexto |
“El cáncer es en realidad un montón de enfermedades que además del nombre comparten poco más”, suele explicar el oncólogo argentino Matías Chacón, especialista argentino en oncología clínica, jefe del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Alexander Fleming, de Buenos Aires, cada vez que tiene delante un público lego: ese “poco más” es el hecho de que, por muchas razones diferentes, fallan los mecanismos naturales del cuerpo para controlar mutaciones de sus células, y entonces estas se reproducen descontroladamente (y con ello, reproducen la mutación) y no mueren como deberían. En ese contexto, se ha avanzado muchísimo en terapias cada vez más diferenciadas; pero eso también tiene sus bemoles: por mucho que la genética pueda establecer generalidades, las diferencias subjetivas y epigenéticas siguen existiendo. El proyecto busca, entonces, lograr la mayor cantidad posible de datos sobre las diferencias para poder tomar las mejores decisiones terapéuticas.
En los estadios del cáncer en los que se encuentran las voluntarias puede haber varias opciones de abordaje de la enfermedad, algunas más riesgosas que otras. Y aquí es donde entran a jugar las “gemelas digitales”: ellas pasan por los diferentes escenarios y “experimentan” los posibles resultados. “Ayudarán a predecir el curso de la enfermedad de cada paciente, evaluar de forma personalizada si van a funcionar los tratamientos y valorar la mejor manera de tratarla”, explica Quintela.
El objetivo de largo plazo es descubrir asociaciones y factores que expliquen los diferentes resultados de la misma terapia en personas con cáncer que, en principio, parecen iguales. “Este es un desafío común en la práctica clínica: pacientes con el mismo tipo de tumor, mutaciones conocidas y tratamiento similar pueden responder de forma muy distinta”, señala, y describe las “gemelas” como “una especie de copiloto con una capacidad superior a la nuestra para procesar y entender la información”. “El tratamiento oncológico siempre estará bajo la dirección del médico; la máquina nunca tomará la decisión, pero el objetivo es ofrecer una herramienta adicional que ayude a optimizar cada caso”, agrega.
| Un reloj en guardia permanente |
Una vez que las participantes se integran al estudio, los expertos obtienen muestras del tumor, de sangre, de plasma, de orina y de heces de cada una antes de iniciar el tratamiento; vuelven a hacerlo cuando este lleva un mes, y luego, cada tres meses; son los datos “objetivos” que van obteniendo en el modelo clásico. Pero además necesitan que cada participante cuente con smartphone con conexión a internet, y le entregan una pulsera/ reloj, también “inteligente”; en ambos instalan una aplicación que permitirá recopilar datos de constantes vitales, de actividad física y del sueño, entre otras cuestiones, según explica el CNIO en el enlace que especifica las características del estudio y los requisitos para participar.
“Es muy importante que lleves siempre puesta la pulsera y te la quites lo menos posible (se puede mojar en la ducha/baño) y, sobre todo, no debes quitártela durante el sueño nocturno”, aclaraba la convocatoria a la que ya han respondido positivamente 125 voluntarias. La batería del reloj dura aproximadamente una semana, y cargarla tarda aproximadamente dos horas. “Te recomendamos que lo hagas mientras estés tranquilamente en casa y no por la noche, para no perder datos del sueño”, insiste el texto.
También el móvil (como lo llaman en España) debe acompañar todo el tiempo a cada voluntaria, quien debe conceder permisos para geolocalización y para el uso de memoria externa, y llevar siempre bluetooth activado para relacionar el reloj con el celular, de modo que muchos datos se recogen automáticamente. Pero además les sugieren que añadan manualmente cualquier tipo de actividad física (modalidad y tiempo de duración) que realicen. Y deben también registrar manualmente, al menos una vez al día, el estado de ánimo o las emociones, y si sufren dolor. Esto, como mínimo. Por supuesto, pueden incluir en el registro cualquier situación reseñable consideren importante.
Resultados promisorios
Los datos que se obtuvieron gracias a las primeras 30 participantes seleccionadas fueron presentados en septiembre de este año en el encuentro de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) 2024, realizado en Barcelona. Y dan cuenta de que ya se están creando modelos del genoma, de las proteínas, del microbioma, de las constantes vitales, de los hábitos y de las emociones de mujeres con los cánceres más frecuentes. Es esta enorme cantidad de información la que permite construir las “gemelas.
“El estudio tiene una complejidad muy grande en cuanto a la tipología, tanto de muestras como de datos, y además implica la colaboración activa de las pacientes. Consideramos que los resultados están siendo muy satisfactorios, porque se han recogido más muestras de lo esperado, y tanto su calidad como la de los datos es muy alta”, se alegra Quintela.