Noticias médicas

/ Publicado el 19 de septiembre de 2007

XI Congreso Argentino de Medicina Transfusional

"Es una vergüenza que haya que pedir que se done sangre"

Lo dice Marcela Contreras, que organizó el servicio nacional de sangre inglés

Serena y en un español que delata sus raíces chilenas, la doctora Marcela Contreras Arriagada, que organizó el servicio nacional de sangre inglés, no duda y dispara: "Es una vergüenza que haya que pedir por favor que se done sangre. Hay muchos hospitales que convocan a familiares y amigos de los pacientes para que donen sangre, cuando está demostrado que lo más seguro es el donante voluntario, altruista y de repetición".

Considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) un modelo de referencia, el también llamado Banco Nacional de Sangre de Inglaterra concentró la disponibilidad de plasma y plaquetas con un 85% de donantes que voluntariamente se acercan dos veces por año a un centro regional para que se les extraiga casi medio litro de sangre.

También, junto con las sociedades científicas, unificó las guías para la extracción, el procesamiento y el uso racional de la sangre. Y estableció un sistema de código de barras para almacenar los datos de los donantes, y también agilizar el manejo de la sangre donada. Todo esto es lo que la inmunohematóloga Contreras Arriagada logró a partir de 1985, cuando comenzó una reforma que este año reconoció la corona británica al otorgarle el título de Dama Comandante de la Orden de Caballería del Imperio Británico.

Su trabajo en el Centro de Sangre de Londres convenció a las autoridades de Salud inglesas de que había que ampliar el servicio a todo el país. Hace cinco años, la experta comenzó a dirigir todos los laboratorios hematológicos ingleses de diagnóstico, investigación y desarrollo. "En los últimos cuatro años logramos reducir el uso de más de medio millón de unidades de sangre por año y hoy me informaron por teléfono que tenemos un stock para 10,5 días", comenta antes de su presentación en el XI Congreso Argentino de Medicina Transfusional y Simposio Internacional de Sangre de Cordón organizados por la Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología.

Según la OMS, un país debe recolectar cada año 50 donaciones de 450 mililitros de sangre por cada mil habitantes para cubrir la demanda. "Nadie se muere por donar esa cantidad si pesa más de 50 kilos", bromea Contreras Arriagada, profesora de medicina transfusional de la Universidad de Londres.

"En la Argentina, bastaría con que se recolecten unas 30 donaciones por cada mil habitantes al año", agrega antes de que se le pida el dato. Si en nuestro país hay unas 11,8 millones de personas mayores de 18 años, que es la edad a partir de la que se puede donar sangre, se necesitaría que apenas un 2% lo haga dos veces por año para cubrir la demanda de todos los hospitales del país.

"No hay que quedarse con la sangre en el cuerpo -invita la experta-. Hay que considerar la donación como un seguro de vida, que no cuesta dinero ni duele. Nadie está exento se tener un accidente, cáncer, hemorragia en el parto o un hijo con leucemia, y en todos los países que no tienen un sistema organizado, la población se muere por falta de sangre".

Aquí, según el Plan Nacional de Sangre, el 8% de los donantes entregan su sangre de manera voluntaria y altruista. El 92% restante lo hace porque es familiar o amigo de un paciente que será operado. Este sistema de reposición expone a un mayor riesgo de contagio de virus y bacterias, y de transmisión de enfermedades.

"Está demostrado que el donante más seguro es el voluntario, altruista y de repetición -afirma Contreras-. Primero, porque no tiene información para esconder sobre su salud y sus conductas de riesgo, si las tiene, como el consumo de drogas endovenosas. Y si dona reiteradamente, está incluido en una base de datos nacional."

En Inglaterra, cada donante voluntario recibe una tarjeta que lo acredita como tal y que posee un código de barras con sus datos personales, lugares en los que donó y estado de salud de su sangre en la última donación.

Pero cada detalle del relato de cómo Contreras Arriagada organizó el banco de sangre inglés tiene un origen común: la decisión política de contar con un sistema de calidad. "Se necesita un marco legal y estándares nacionales para el reclutamiento y la selección de donantes, el procesamiento de la sangre, además de la informatización del sistema y un adecuado manejo del stock, que debe ser nacional y llegar a los hospitales a través de los centros regionales de transfusión", resume.

A su vez, ese servicio debe tener una "cabeza única" y experta en medicina transfusional. "No puede ser un político ni un administrador porque debe desarrollar una estrategia de manejo y uso de la sangre -precisa-. Y la Argentina tiene profesionales excelentes, pero carece de infraestructura y marco legal adecuados. Tiene los estándares y las guías clínicas, pero no se cumplen de manera uniforme. Y la responsabilidad de que esas normas se cumplan es del Ministerio de Salud."

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION