Arte & Cultura

/ Publicado el 14 de febrero de 2026

Boceto

Ensayo para una clase sobre Psicología/Antropología Criminal

Se buscan, desde una mirada científica concisa pero amplia, las diversas concepciones acerca de la conducta criminal a lo largo de la historia; para finalizar con una invitación a la reflexión desde la mirada de un artista.

Indice
1. Contenido
2. Referencias

El médico Veronés Marco Ezechia Lombroso, más conocido como Césare Lombroso. O mejor dicho, quien se hacía llamar “César” por sus subalternos, en 1876 escribió un artículo en el que decía que se podía identificar a los criminales por su constitución física. Los delincuentes -según él- tenían brazos largos y orejas grandes1,2,3.

Afirmaba que había delincuentes de nacimiento (destinados a incurrir en el delito en forma inevitable y en forma recurrente). Por otro lado, había delincuentes ocasionales; quienes solo ante determinado contexto o situación cometían delitos, pero sin chance alguna de reincidencia3,4.

Está claro que “il Dotore” Lombroso, a la hora de escribir, muy posiblemente tomaba varios de los químicos y estupefacientes que guardaba en su despensa; pero la pregunta que nos dejó es verdaderamente interesante: ¿Existe alguna característica física o biológica hereditaria que sea la causa de todos los delitos?

Verbigratia, si hubiese alguna característica que permitiese identificarlos en forma inequívoca, sería posible determinar previamente quién es delincuente y quién no. Pudiéndose así, mediante el poder público, separarlos de la sociedad en aras de una supuesta protección. O aún castigarlos con todo el rigor de la Ley, mucho antes que cometan ilícito alguno (recuerden aquí la novela The Minority Report de Phillip K. Dick, magistralmente llevada al cine por Steven Spielberg en 2002)5.

Si así fuera, la pregunta que sigue es: ¿Con qué clase de derecho podemos justificar la faena de coaptar sus libertades fundamentales por el simple hecho de ser portadores de una tara genética? ¿O qué clase de prestaciones previsionales debe asumir la sociedad en su conjunto para destinarlos a un “discapacitado genético” cuya “discapacidad” atenta contra el orden social? Claramente, el planteo carece no solo de respuestas adecuadas, sino también de preguntas verdaderamente pertinentes que echen un poco de luz a esta nube de divagues.

Por suerte, la realidad tiene mejores respuestas, una vez que el vecino amistoso y amigable del barrio (ese que es adorado por todo el mundo –lo cual debe ser exasperante, pues que adoren a una deidad o a un equipo deportivo vaya y pase, pero a una persona de carne y hueso es insoportable-). Y ese mismo vecino perfecto se revela como asesino serial, tirando por la borda toda esta sarta de afirmaciones seudocientíficas, como hiciera en su oportunidad John Wayne Gacy.

Más cerca a nuestro tiempo, algunos autores sostienen la teoría que todos somos buenos, pero que podemos ser malos en cuanto las circunstancias sean determinantes y delinquir meramente solo por una conjunción de factores externos. O sea una especie de “posesión demoníaca” transitoria (no crean que las teorías que sostienen estos argumentos poseen mayor asidero científico). Al menos, la demonología lleva un registro, digamos taxonómico, un poco más meticuloso, a pesar que no explique nada ni dé pruebas de aquello que estudia, pues solo es una disciplina descriptiva.

Desde ya que el mundo no es una cosa simple y unívoca, sino compleja y profundamente analógica. De allí que tampoco sea simple y unívoco el fenómeno humano del delito. Por ello, estas visiones simplistas decaen ante la menor patencia de la realidad que las voltea de una estocada o un disparo certero, por dar ejemplos.

Aún persisten en pleno debate los actuales dislates filosóficos cuando presentan una visión en la que las personalidades con estilos predominantemente narcisistas y/o egocéntricos y/o manipuladores y/o carentes de empatía resultan rasgos evolutivamente beneficiosos (Johnatan Goodman de la Universidad de Cambridge en
2023)6, por el mero hecho de ser características observables con muy modesta frecuencia en sujetos exitosos en determinados ámbitos de poder o de negocios. Tengan tranquilidad que el insignificante soporte científico y mediático de esta grotesca propuesta la convierten en una simple anécdota.

Después de todo, la pregunta permanece y sigue siendo válida: ¿Qué clase de naturaleza tiene el delincuente?

Los humanos hemos matado naturalmente para conseguir nuestro alimento en épocas pretéritas, para defendernos de la fauna o por supervivencia. Es parte de nuestro lado “animal”; pero el delito en sí o los delitos más graves no tienen nada que ver con instintos de supervivencia. A modo de ejemplo, sirva la masacre del Pógromo de Kaunas (durante junio de 1942 en Lituania), donde familias con sus hijos asistían a ejecuciones públicas espontáneas de judíos llevadas a cabo por ciudadanos locales en fervoroso aplauso y bautizadas por los jerarcas nazis ocupantes del territorio como: “actos espontáneos de autolimpieza”.

La crueldad no es algo típico de la conducta de los animales; eso es algo muy humano, que no es dominio exclusivo de “locos” y/o “criminales innatos”. Al contrario, todo el mundo puede ser cruel, pero, y esto es muy importante, no en la misma medida.

Las personas con una emocionalidad positiva, es decir, satisfechas consigo mismas (he aquí la nunca bien ponderada autoestima), que tienen objetivos (se proyectan a sí mismos en un futuro posible y alcanzable conforme una sucesión de hechos identificables) y con una vida social más o menos plena (afectos y amistades como red de contención), tienden a cometer muchos menos delitos que aquellos con una personalidad pobre (débil formación de carácter, baja tolerancia a las frustraciones del cotidiano vivir), o quienes se preocupan en exceso ante eventos o situaciones que no lo ameritan (proyección como estrategia cognitiva de afrontamiento a lo adverso), o estresan con facilidad (insuficiente formación de un YO cohesivo), o que se sienten constantemente víctimas de otras personas (actitudes y/o percepciones paranoides), o que viven insatisfechos en forma permanente (tal como las personalidades psicopáticas y antisociales), o que son incapaces de lidiar con el dolor de una pérdida (no desestimemos el poder del trauma en la génesis de nuestra comportamiento observable y nuestra psicología profunda); son aquellos que DECIDEN tomar una conducta en contra de personas o de cosas, dañándolas o sometiéndolas a su arbitrio, muchas veces como objetos carentes de valor intrínseco. Eso es causa suficiente la mayoría de las veces7,8,9.

Nuevamente, ¿Qué clase de naturaleza tiene el delincuente?… simplemente humana.

Y para terminar, no podemos dejar de lado aquellas miradas que puede aportarnos el arte. Piensen que los grandes artistas han sido también geniales observadores, pues han podido plasmar en sus creaciones estéticas las vivencias más profundas de la experiencia humana.

El filósofo y poeta Friedrich Wilhelm Nietzche, alguna vez escribió que una vida sin música sería un error (en alemán: Ohne Musik wäre das Leben ein Irrtum)10. En ese espíritu y para este caso, quiero compartirles una pequeña canción que compuso un artista plástico y músico argentino de formación autodidacta, quien fue Jorge De La Vega (1930-1971), aquel que libre de todo condicionamiento por erudición, nos presenta una certera mirada acerca del tema que nos ocupa.

Agradeciéndoles por leer hasta aquí, los dejo pues con el maestro Jorge De La Vega.11

Los Malditos

Los carceleros y los delincuentes,

los asesinos y los malvivientes,

los dictadores y sus confidentes y

los depravados más vehementes,

los inmorales y los insolentes,

los indeseables y los indecentes,

los traficantes de estupefacientes,

los antropófagos más eminentes,

los opresores de la gente decente,

los usureros y todos sus parientes,

los onanistas y sus asistentes,

los inquisidores con sus detergentes,

los chupasangres y los miserables,

los torturadores y los sobornables,

los asaltantes con sus impermeables,

los degenerados más memorables,

los impostores y otros muchos crápulas,

los camanduleros junto a sus camándulas,

los demagogos con sus caras trágicas,

los hombres lobo y los condes drácula,

los que liquidan al inocente,

los especímenes más deprimentes,

se fabrican como usted

empezando por un bebé.

 


* Mariano G. Fernández, Médico Especialista en Oncología Clínica, Medicina Legal y Psiquiatría Forense. Profesor Titular Ordinario de Ética Biomédica, Universidad del Salvador. E-mail: marianogfer@gmail.com.