Noticias médicas

/ Publicado el 17 de mayo de 2006

Historias de una enfermedad con incógnitas

Ensayan 32 tratamientos para dar batalla al mal de Alzheimer

Es una enfermedad aún sin cura. Y se anticipa que aumentará a medida que la población envejezca. Buscan atacar sus causas y preservar la calidad de vida. En la Argentina hay unos 400 mil afectados.

Valeria Román

Hace cien años se identificó la enfermedad que puede empezar con olvidos persistentes del nombre de un nieto o de dónde se dejó el auto y que, tras un deterioro progresivo de las neuronas, puede desencadenar una demencia. Aún no existe una cura, pero ya están en ensayo 32 tratamientos para atacar con todo las causas de la enfermedad de Alzheimer y preservar todavía más la calidad de vida de los pacientes.

La carrera por conseguir mejores tratamientos se realiza desde la investigación básica (que descubre los detalles del misterioso mal) y desde la investigación clínica, que prueba los fármacos del futuro. El apuro se debe a que el mundo desarrollado está preocupado por las consecuencias del "Baby Boomer", como se llama a la generación que nació después de la Segunda Guerra Mundial que gozará de vivir más años que sus progenitores. Así, habrá más gente con chances de sufrir Alzheimer y crecerán los costos para los sistemas de salud.

Según informó a Clarín, Lennart Mucke, director del Instituto Gladstone de Enfermedad Neurológica de la Universidad de California, en San Francisco, hoy se gastan mil millones de dólares por año para tratar a los 4,5 millones de pacientes con Alzheimer que hay en los Estados Unidos. Se predijo que para el año 2050 la cantidad de enfermos podría triplicarse. En la Argentina, se estima que hay 400.00 personas viviendo con Alzheimer.

Los pacientes se tratan hoy con medicamentos (como los inhibidores de la colinestarasa y la memantina) con los que se intenta conservar la función de la memoria o controlar síntomas. "También se trabaja con estimulación cognitiva para que el paciente pueda organizar su vida cotidiana y con el apoyo psicológico para los familiares", dijo Ricardo Allegri, investigador del Conicet.

En los laboratorios científicos, ahora se apunta a entender las causas y a ver los efectos de los 32 productos que están probándose. "Si bien hace 100 años que la enfermedad se descubrió, recién ahora se empieza a entenderla —señaló Eduardo Castaño, jefe del laboratorio de Amiloides y Neurodegeneración del Instituto Leloir—. La hipótesis que más prevalece es que ciertas proteínas amiloides se van acumulando en placas en regiones del cerebro que están relacionadas con la memoria y el aprendizaje". El cerebro no podría remover niveles altos de placas y así falla.

"Ahora, sabemos que no habría una causa de la enfermedad sino varias que interactúan. Por lo cual es probable que necesitemos intervenir en varios procesos para tratarlo con terapias múltiples", agregó la argentina Verónica Galván, del Instituto Buck, de EE.UU., quien consiguió que, con manipulaciones genéticas, ciertos ratones sufran Alzheimer, pero no sus síntomas.

En el mundo se llevan a cabo ensayos con 32 productos, según el Foro de Investigación del Alzheimer. Algunos podrían ser útiles para frenar la producción de las placas de amiloides (uno de los ensayos está en la última fase) o para removerlas (con una vacuna terapéutica o con anticuerpos monoclonales). Y también se estudia si los antioxidantes, como la vitamina E y el Gingko Biloba, los estrógenos y un antagonista de receptores celulares podrían proteger a las neuronas para mantenerse fuertes.

Claro que ningún fármaco será efectivo si los familiares no acompañan. "Una familia que sabe contener hace que la buena calidad de vida del paciente se extienda", dijo Fernando Taragano, psiquiatra e investigador del Instituto Universitario del CEMIC.

"A través de una comunicación sincera con los médicos, la familia tiene que aprender sobre la enfermedad y sus síntomas y aceptar que los pacientes no se mantienen inquietos o con olvidos a propósito. Tienen que anticiparse a cómo cambiará la vida cotidiana con el deterioro del paciente. Así los mismos familiares bajan las chances de sufrir depresiones e infartos".

El caso de Augusta D.

El médico alemán Alois Alzheimer fue el primero en describir este mal en 1906. Fue luego de analizar el caso de la paciente Augusta D, que sufría de delirio, pérdida de memoria, alucinaciones y desorientación.

Números
Eliana Galarza
egalarza@clarin.com

"El Alzheimer es más costoso que el cáncer y los males cardiovasculares juntos" reveló el Instituto Karolinska, de Suecia, hace dos años. Se refería a los 160 mil millones de dólares anuales que se gastan en los sistemas de salud de todo el mundo para controlarlo. A medida que la gente viva más años y haya más ancianos, también esa cifra crecerá. Gobiernos y laboratorios lo saben. El "gasto" es tan grande y las ganancias en fármacos tan tentadoras que, por eso, prefieren ocuparse de él más que de otros males. Los números mandan.

Ya hay bancos de cerebros

En los países desarrollados, ya funcionan más de 70 bancos con cerebros congelados. "Se usan para confirmar los diagnósticos probables de enfermedad de Alzheimer que los médicos dieron cuando los pacientes aún estaban con vida. Y para aclarar sus causas y desarrollo", dijo a Clarín Juan Troncoso, co-director de uno de esos bancos en la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU..

En la Argentina ya tienen el equipamiento y los recursos humanos para ponerlo en marcha en el centro médico Fleni de Capital. Incluirán cerebros de personas con trastornos motores y de memoria (sus familias tienen que dar el consentimiento firmado) y que hayan sido monitoreadas por sus médicos para obtener información clínica, explicó el médico Marcelo Merello.

Según Troncoso, los primeros bancos tuvieron sus inicios en las colecciones de los patólogos de fines del siglo XIX. Los modernos se inauguraron en torno de ciertas trastornos, como la esclerosis múltiple. El Alzheimer empezó a tenerse en cuenta en los años 80. Fue cuando se empezó a percibir la magnitud que alcanzaría.

No sólo guardan cerebros que padecieron este mal. Tienen otros que sirven como controles en las investigaciones sobre cerebros dañados. Según Miguel Riudavets, a cargo del banco del Fleni, el proyecto tiene un beneficio para las familias: confirmar el diagnóstico. Así los familiares saben que deberán estar precavidos para prevenir esta dolencia. "Alguien podría decidir comprar un seguro si sabe que tiene altas chances de tener la enfermedad", dijo Troncoso.

Para conservar los cerebros, se hace una remoción del encéfalo. Una mitad se guarda en formol y la otra se congela a menos de 80 grados centígrados. Cuando se quiere hacer una investigación, no se lo descongela totalmente para evitar el deterioro del ADN. El nombre del paciente fallecido, además, permanece anónimo.

Cómo mantener la mente en forma

No sólo hay que mantener el cuerpo en forma. También hay que preocuparse por el cerebro. "Las elecciones de estilo de vida pueden ser tan importantes como la genética para determinar cómo envejece el cerebro", dijo Gary Small, director del Centro de Envejecimiento de la Universidad de California en Los Angeles.

Sus consejos para prevenir el Mal de Alzheimer son:

Mejorar la dieta: Aconseja evitar los alimentos con alto contenido de grasas y colesterol, y elegir los ricos en ácidos grasos omega-3 (pescados y nueces), antioxidantes (frutas y vegetales de piel oscura) y vitaminas. Consultar con el médico antes de ingerir suplementos vitamínicos. Decir que no al tabaco y al exceso de alcohol.

Hacer ejercicios físicos: que protegen contra la hipertensión, el colesterol alto, la diabetes, que son factores de riesgo del Mal de Alzheimer.

Mantener contactos.

Ejercitar la mente con actividades que impliquen concentración, como los crucigramas.

Controlar el estrés.

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