Noticias médicas

/ Publicado el 29 de junio de 2007

En San Miguel de Tucumán

En una maternidad, las pacientes deben compartir las camas

Se trata del Instituto Nuestra Señora de las Mercedes; hay 900 partos mensuales.

SAN MIGUEL DE TUCUMAN.– Cuando Laura Robles empezó con dolores de parto, su mamá la acompañó al hospital y creyó que faltaban sólo pocas horas para conocer a su nieto. Lo que no se imaginó fue que esas interminables horas de contracciones, dolor y espera iban a ser realmente tortuosas para su hija. Porque Laura tuvo que hacer el trabajo de parto acostada en la misma cama que otra mujer que acababa de tener un bebe. Laura debía moverse con cuidado para que no se le desconectara el suero intravenoso. Compartieron el colchón acostadas una de ida y la otra de vuelta, como las sardinas.

Ocurrió en el sector 3 del tercer piso del Instituto de Maternidad y Ginecología Nuestra Señora de las Mercedes, la principal maternidad pública de Tucumán. A ambas se les asignó la cama número 22.

“Fueron un par de horas, porque, por la mañana, a la otra señora le dieron de alta. Pero fue muy feo, porque yo me sentía mal y a la vez sentía que estaba incomodando a la otra señora, que recién había sido mamá y estaba dolorida”, contó Laura anteayer a LA NACION.

Pero su caso no fue el único, según comprobó este diario durante una recorrida por los pabellones de la maternidad durante el horario de visitas. En el tercer piso, dos embarazadas a término dormían acurrucadas en el mismo lecho. Otras, que acababan de dar a luz, esperaban de pie o en una silla en la sala, en solidaridad con la otra mujer que estaba más dolorida. Es el caso de Elizabeth Paz. Con su hijo en brazos, esperaba de pie junto a la cama 25 del sector 3. Acostada, había una mujer dormida, pálida y conectada al suero. "Pobre, a ella la acaban de operar", se compadeció Elizabeth.

Después de la recorrida, LA NACION consultó a la directora médica de la maternidad, María Cristina Majul, acerca de si el hospital estaba "desbordado". Majul respondió que no. "Está trabajando con la capacidad habitual, lo que ocurre es que aquí trabajamos con sistema de cama caliente", precisó.

Entonces, se le preguntó si "cama caliente" significaba que las madres debían compartir el lecho con otra mujer. La directora negó que ésa fuera una práctica en ese centro de salud. Cuando se le explicó que ésa era la realidad que LA NACION había encontrado en las salas durante el horario de visitas, Majul se indignó y amenazó con iniciar acciones judiciales.

"Yo les voy a hacer juicio. Ustedes no pueden irrumpir en un hospital de esa manera y embarrar la imagen de una institución como la nuestra, que promueve el parto humanizado", se indignó. LA NACION ingresó en el horario de visita y sin que ninguna autoridad o responsable de seguridad interrogara acerca de a quién se iba a visitar para, por ejemplo, evitar el robo de bebes.

- ¿Cómo se compatibiliza un parto humanizado con un posparto en el que la madre debe compartir el colchón con otra mujer?

-Bueno, si me pregunta es horrible, yo me muero si tengo que compartir la cama con una desconocida. Pero aquí, cuando llega una mujer a punto de dar a luz, la tenemos que recibir, no le podemos cerrar la puerta en la cara -dijo Majul.

En la maternidad se producen unos 900 partos y cesáreas mensuales. Y es, según Majul, "el centro con mayor número de partos del país".

Recorrer los pisos superiores de la maternidad es encontrarse con una realidad dolorosa. El edificio tiene 160 años. Está situado sobre la avenida Mate de Luna 1551. Los primeros dos pisos fueron remodelados con financiamiento del Ministerio de Salud de la Nación y reinaugurados en septiembre de 2006 por el gobernador de la provincia, José Alperovich, en un acto del que participó el ministro Ginés González García.

"No hay hospital público en el país que tenga las comodidades de la maternidad ni tampoco un sanatorio privado de Tucumán. Pero esto no hubiese sido posible sin la ayuda incondicional del presidente Kirchner para todos los tucumanos", había expresado Alperovich en el acto, según consta en la gacetilla informativa del Ministerio de Salud de la Nación.

El martes pasado, un día antes de que LA NACION concurriera a la maternidad, Alperovich había recorrido el centro de salud, contó la directora. Pero las pacientes de los pisos superiores, o sea, los pabellones que aún esperan ser remodelados, allí donde se alojan dos madres en muchas de las camas, dijeron que no vieron al gobernador.

María Díaz sí se enteró de la visita, porque en esos momentos llegaba con contracciones y un posible parto prematuro de siete meses. Los médicos la internaron e intentaron detener el nacimiento. La trasladaron al sector 8 del piso 4. Pero la cama que le tocó estaba ocupada. "Me sentí muy mal, porque hicieron levantar a una mujer que dormía con su bebe recién nacido y la hicieron acostar en la cama de al lado, con otra mujer que también tenía su hijo en brazos. Pasaron toda la noche y esta mañana les dieron de alta. Lo peor es que tenían sólo una cuna. La otra señora tuvo que dormir con el bebe encima", relató la mujer.

Por Evangelina Himitian
Enviada especial

Opinión
Corregir los desatinos sanitarios

Por Mario Sebastiani
Para LA NACION

La noticia que nos llega de una maternidad tucumana, independientemente de que nos agravia como sociedad, nos muestra las dificultades marcadas con las que se enfrentan las mujeres de escasos recursos.

Sería sencillo buscar un único responsable y en él cargar las culpas, pero mucho me temo que somos todos responsables de no haber sabido construir una sociedad más justa y equitativa. Compartir la cama durante un puerperio es biológicamente inadecuado. Una mujer, luego de un parto, presenta una pérdida hemática, lo que requiere frecuentes cambios de apósitos para absorber estos fluidos.

Luego de un parto, es necesario un reposo reparador para recuperar las energías propias del esfuerzo del trabajo de parto y del parto. Requiere una posición cómoda para iniciar precozmente la puesta al pecho del hijo, que sea augurio de una lactancia natural, efectiva y prolongada. Sin duda, compartir la cama hará que el logro de estos objetivos sea más complejo, menos íntimo. Alguna vez hemos visto compartir una misma cuna a dos bebes, lo que significó un grave riesgo para la salud de los recién nacidos.

¿En qué hemos fallado? Se me ocurren distintas cosas que no atañen solamente al ámbito médico. Hay dineros que han sido gastados en otros rubros en vez del logro de objetivos primarios en salud. La pobreza y la falta de inversiones en planes sociales muestra cómo se afecta la salud de la población. No hemos sabido promover la equidad de género; a las mujeres se les pide este esfuerzo, pero no veo escenario similar que pueda darse donde dos hombres compartan un mismo lecho hospitalario sin que se origine una grave protesta y condena social.

Las mujeres sufren en silencio. Los médicos y las sociedades científicas sabemos cuáles son las soluciones. El Ministerio de Salud de la Nación dio muestras de conocer, aceptar y promover estrategias que, basadas en la evidencia científica, podrían corregir estos desatinos sanitarios. Es hora de que los políticos pongan en marcha soluciones concretas que permitan que los verbos se transformen en hechos.

El autor es doctor en medicina y especialista en obstetricia.