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/ Publicado el 14 de febrero de 2006

Psicología y sexualidad.

En el nombre del padre.

El psicoanalista James Herzog reivindica el rol de la figura paterna en el control de la agresividad y el desarrollo sexual de los hijos.

En el filme "Secreto en la Montaña", dos cowboys del lejano Oeste mantienen un affaire homosexual durante décadas. Para los críticos de cine es una obra maestra y candidata al Oscar. El psiquiatra infantil y psicoanalista norteamericano James Herzog, autor del libro "Father Hunger" (hambre de padre), coincide pero le encuentra un valor agregado: la película sirve para graficar la importancia de la figura paterna y cómo una relación traumática con el padre afecta la evolución de la sexualidad.

"Los efectos de la presencia o ausencia del padre en los primeros años del niño pueden persistir el resto de la vida", destaca Herzog a NOTICIAS, durante su primera visita a Buenos Aires. Profesor asistente de Psiquiatría de la Universidad de Harvard y analista supervisor del Sociedad Psicoanalítica de Boston, Herzog señala que el rol del padre en el desarrollo de la personalidad de los hijos nunca fue tan estudiado o valorado como la influencia de la madre.

"El padre es el madurador y organizador de las pulsiones y fantasías agresivas", asegura Herzog, quien tiene dos hijos. Y cuando el padre está afuera de esa pintura, ya sea por un divorcio o desarreglos en la pareja, el varón o la nena desarrollan un fuerte anhelo de llenar ese espacio, lo que influye sobre sus conductas o inclinaciones sexuales posteriores.
Erlkönig. En la mitología alemana y escandinava, "erlkönig" es un espíritu demoníaco que acecha y amenaza a los chicos. En un escalofriante poema de Johann Goethe de 1782, un niño agoniza en los brazos de su padre tras ser atacado por el erlkönig. Para Herzog, todos los niños tienen adentro un erlkönig que representa sus propias instintos agresivos, y el rol de los papás es ayudar a dominarlos o ponerlos bajo control.

El erlkönig se entrelaza con el "hambre de padre", o el anhelo persistente de una figura masculina que llene ese rol. Herzog acuñó el término en 1980, después de estudiar a doce chicos de 12 a 18 meses que sufrían de terrores nocturnos. En todos los casos, los papás no habitaban en sus casas porque se habían separado de las madres. "Los chicos estaban aterrorizados de cosas agresivas, y expresaban un fuerte deseo de que sus padres estuvieran allí para protegerlos y ayudarlos", recuerda el especialista.

Herzog llegó a la conclusión de que a los chicos no los aterrorizaba un elemento externo, sino sus propios sentimientos de agresividad. Los trastornos de sueño reflejarían así la preocupación y el miedo que experimentan los niños cuando no está el papá para salvarlos del erlkönig o impulso agresivo interno.

Los estudios revelan que tanto niños como niñas pueden sufrir el "hambre del padre", explica Herzog, quien también trabaja como profesor adjunto de Psiquiatría de la Universidad de Hamburgo (Alemania) y analista supervisor del Instituto Sigmund Freud de Zürich, Suiza. "La principal secuela del hambre del padre en hombres y mujeres es una dificultad para manejar la agresión, la capacidad de dirigir sus energias en forma asertiva hacia el mundo exterior o hacia uno mismo", enfatiza. Los hombres tienden a ser más violentos o menos cooperativos, mientras que las mujeres son más propensas a dirigir la agresión hacia ellas mismas, lo que favorece ciertas formas de depresión.

El manejo de la propia sexualidad y los sentimientos sexuales también constituyen un fruto del "hambre del padre", porque los chicos varones que sufren en gran medida la ausencia paterna tienden a desarrollar, más tarde, fantasías y deseos homoeróticas. "Es distinto a ser homosexual: es el deseo por un mentor, un coach o un amigo masculino cercano. Y mientras mayor sea el hambre de padre, mayor es la probabilidad de sexualizar esos sentimientos", afirma el experto.

La búsqueda de esa figura masculina que llene el hueco del padre también ayudaría a explicar la adhesión que suscitan líderes políticos totalitarios, como ocurrió con Adolf Hitler .

En el caso de las mujeres, el "hambre del padre" puede conducir a un incremento en el número de compañeros sexuales, pero con mucho menor grado de satisfacción, explica Herzog. "Es una consecuencia muy desafortunada", lamenta.

Destino. Herzog dice que se transformó en psicoanalista y en estudioso de la figura paterna por la propia interacción conflictiva que tuvo con su padre, un sobreviviente de la persecuación nazi. En una curiosa vuelta del destino, el profesor Herzog fue contratado en los años 80 y 90 como consultor del gobierno alemán, donde estudió las secuelas del Holocausto y entrenó a colegas y docentes germanos en aspectos "preventivos" vinculados al desarrollo infantil. "Los chicos en Alemania se podían ver pero no se podían escuchar", murmura, como buscando una explicación a lo inexplicable.

Aunque los estudios de Herzog se concentraron sobre todo en el rol paterno, no pierde de vista la importancia de la participación de la madre. Desde su perspectiva, los chicos necesitan desarrollar un sentido de "realidad triádica", en las que el ego esté compuesto de tres representaciones: una con el padre, otra con la madre, y otra con la madre y el padre juntos. "Estas tres representaciones existen en la mente e interactúan entre sí, y permiten que la mente pueda ver las cosas desde distintos puntos de vista", señala Herzog.
En un paper publicado en la edición de octubre del "Psychoanalytic Quarterly", el experto afirma que el sentido de "realidad triádica" se vincula con la capacidad de amar. La ausencia del padre, o el hecho de que tenga una mala relación con la madre, impactan en el chico y le hacen perder el interés en relaciones afectivas duraderas, ya sea con personas del mismo o de distinto sexo.

"La representación del padre junto a la madre, es crítica para el desarrollo infantil. En mi opinión, un hombre y una mujer deberían pensar muy bien la viabilidad de la pareja antes de concebir un chico. Cuando una pareja se separa y se establece un régimen de tenencia compartida, yo creo que lo mejor para el chico sería que siguiera en su casa y que los padres se turnaran para vivir con él", dispara Herzog.

No obstante, el experto acepta que ciertas situaciones familiares tornan el divorcio inevitable, y, en esos casos, recomienda que el padre y la madre no le hablen mal al chico de sus respectivos ex cónyuges.

Juegos. Herzog dice que, como todo psicoanalista, trabaja con realidades interiores y sólo puede formular hipótesis y no contrastarlas empíricamente. Sin embargo, sostiene que cuando se juntan datos y esos datos son replicados por otras personas, se abre la puerta a un nuevo tipo de conocimiento.

Es el caso de los estudios sobre juego que Herzog realizó junto a su esposa y colega, Eleanor (Lenny), quien también enseña en la Universidad de Harvard. Durante meses, el matrimonio Herzog filmó a padres y madres jugando con sus hijos de un año a un año y medio. Los investigadores hallaron que la interacción que se establece entre el hijo y sus padres es dismórfica (diferente según el sexo), lo que confiere la ventaja evolutiva de exponer al chico a una rica variedad de experiencias.

Cuando la madre juega con el hijo, lo iguala y trata de mostrarle el camino para que resuelva el desafío. Por ejemplo, lo orienta para que coloque un ladrillo de plástico en el lugar adecuado para armar una torre. El padre, en cambio, adopta un rol más "disruptivo". En el caso de los ladrillos, derriba la torre y le muestra al niño que hay otra manera de hacerla.

"El chico se excita, porque le gusta, y es posible que empiece a arrojar los ladrillos por el aire. Entonces, el mismo padre que había iniciado el desborde, le pone freno. Así es como el padre ayuda a manejar la agresión, estimulándola primero y luego apaciguándola", dice Herzog.

Los efectos son visibles y se proyectan en la vida cotidiana. Para el investigador, resulta sugestivo que los niños de 3 ó 4 años que no sufrieron la ausencia del padre, se pelean con compañeros del jardín o amigos pero están más dispuestos a hacer las paces. Por el contrario, quienes tuvieron o tienen "hambre del padre", una vez que engranan es muy difícil que se calmen.

Controversia. Herzog es un clínico e investigador respetado y reconocido por colegas y pacientes. Cuando publicó una actualización del libro "Father Hunger", en el 2002, "The New England Journal of Medicine" celebró la obra como un libro "apasionado y revelador (...) sobre el universo infantil".

Eso no le impidió agitar olas en temas controvertidos, como la génesis de la orientación sexual. Cuando las asociaciones de homosexuales en los Estados Unidos revisaron los textos de Herzog, lo criticaron por enfatizar el rol que tiene la influencia paterna temprana por sobre los factores biológicos o genéticos.

Herzog aclara: "Yo creo que la sexualidad humana tiene un aspecto biológico pero también un gran componente psicológico. La homosexualidad no es una condición patológica. Pero si miras en personas de cualquier sexo, la ausencia del padre lleva a un mayor anhelo por una figura paterna. Sospecho que muchos hombres heterosexuales, que sólo tienen sexo con mujeres, tienen deseos erotizados por figuras masculinas aunque no se permitan actuar sobre ellos." l