El objetivo del estudio fue darles voz a las personas que sufren; de hecho, el informe de America Health Foundation se titula “Migraña en América latina: la experiencia del paciente”. Y los resultados sorprenden. Veamos por qué…
Entre febrero y agosto de 2025, y –destaca la organización– “con apoyo de organizaciones de pacientes, profesionales de la salud y difusión en redes sociales”, se diseñó y se llevó adelante una encuesta integral dirigida a personas con migraña moderada a grave de siete países latinoamericanos: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Perú.
La muestra más grande fue la de Brasil, con 754 participantes que cumplieron con los criterios diagnósticos. El objetivo eran personas adultas a las que se les hubiera diagnosticado formalmente la enfermedad o informaran síntomas consistentes con criterios diagnósticos de la Clasificación Internacional de Trastornos de Cefalea:
- al menos cinco ataques en la vida,
- duración de 4 a 72 horas,
- dolor unilateral, pulsátil, moderado o grave, agravado por la actividad física,
- síntomas asociados como náuseas, vómitos, fotofobia o fonofobia.
Y ya desde esa búsqueda la feminización de la enfermedad quedó clara: el 93 % de quienes participaron de la encuesta son mujeres; y sobre esa base es que surge el alarmante dato latinoamericano: entre nosotros, la migraña afecta desproporcionadamente a las mujeres, con una relación de 13:1, en comparación con el 3:1 global.
Aunque el desbalance se mantiene, los porcentajes varían un poco de país a país; hay que tener en cuenta que también varía la cantidad de respuestas, y que por ser muy baja la cantidad en Colombia (10), no se incluyen en este informe:
· Argentina: 96 % son mujeres.
· Brasil: 97 % son mujeres.
· Chile: más del 95 % son mujeres.
· Costa Rica: casi el 100 %.
· México: más del 75 % son mujeres.
· Perú: 82 % son mujeres.
El estudio, de diseño transversal y para el que obtuvieron 2027 respuestas, aplicó online un cuestionario anónimo de 58 preguntas de respuesta múltiple a personas con migraña moderada o grave en América Latina. Buscaba evaluar ocho dimensiones: perfil sociodemográfico; diagnóstico; síntomas; impacto psicológico y en la calidad de vida; productividad laboral; carga económica; acceso a la atención y nivel de conocimiento sobre la enfermedad. La recolección de datos se realizó de manera anónima y voluntaria, con apoyo de organizaciones de defensa de pacientes. El trabajo consiste en un informe regional y uno por cada uno de los países participantes.
En términos generales, se estableció que la migraña en América Latina se manifiesta con ataques frecuentes, prolongados y en varias fases. Un 40 % de las personas indicó que sufren entre 4 y 14 días de migraña al mes, mientras que un 28% padece migraña crónica, es decir, más de 15 días al mes. Un 10 % enfrenta crisis diarias y un 19 % supera las dos semanas de dolor cada mes. Los episodios no solo son repetidos, sino también prolongados: casi la mitad de las personas encuestadas (49 %) indicó que sus crisis duran más de 24 horas y un 17 %, más de tres días.
Edad: la mayoría eran mujeres en sus años productivos (entre 25 y 54 años), con hijos menores de edad (46 %) y con estudios universitarios (77 %). Pero, a la hora de desglosar los datos, se observa que la de Chile fue la muestra más joven: un 51 % de participantes tenía entre 18 y 24 años, y un 83 % menos de 35. En contraste, en Costa Rica más del 68 % de participantes tenía 45 años o más, seguida de Perú (57 %). Argentina y Brasil reflejaron más de cerca el patrón regional, con la mayoría concentrada entre los 35 y 54 años. Muy pocos participantes eran menores de 18 años (1 % a nivel regional) y solo un 3 % tenía más de 65.
Diagnóstico: la mayoría de las personas consultadas dijo haber recibido un diagnóstico formal, pero el camino suele ser largo: tres de cada diez esperaron más de cinco años para obtenerlo. Las tasas más altas de diagnóstico se registran en Perú (94 %), Argentina (90 %) y Chile (89 %), mientras que México (61 %), Costa Rica (63 %) y Colombia (67 %) muestran rezagos, lo que refleja desigualdades en el acceso a la atención. Solo un 18 % recibe el diagnóstico en los primeros seis meses y un 38 % consulta a tres o más médicos antes de conseguirlo. Más de la mitad afirma que sus síntomas fueron ignorados y uno de cada cuatro fue mal diagnosticado, generalmente con estrés, ansiedad o sinusitis. El 73 % reportó que la migraña interfiere con actividades diarias (en Chile, el país con mayor porcentaje de reportes, llega al 77 %) y el 62 %, con el sueño.
Síntomas reportados: el 70 % reportó sensibilidad a la luz y al sonido; el 49 % experimentó ataques que duraron más de 24 horas, el 44 % tuvo dificultades para comer durante los episodios, debido a náuseas, y el 78 % síntomas postdromales, como fatiga y cambios de humor. Y se advierte otro tipo de impacto, más allá de los síntomas físicos: el 73 % reportó que la migraña interfiere con actividades recreativas y el 62 % con el sueño. El 70 % sintió frustración o ira frecuentemente; el 57 % reportó tristeza o depresión, y el 69 % sintió que otros minimizaban su condición, lo que contribuye al aislamiento social.
Tratamiento: la mayoría de las personas participantes depende de tratamientos farmacológicos, pero solo el 34 % se sintió satisfecho con su efectividad. El 47 % visitó la sala de emergencias al menos una vez en el último año, y el 29 % usó medicamentos diariamente. Además, solo el 35 % de los participantes no visitó la sala de emergencias por migraña en el último año, mientras que el 47 % reportó entre una y cinco visitas, y el 17 % más de cinco.
Esta dependencia de servicios de emergencia –señala el informe– indica falta de atención preventiva y de educación sobre el autocuidado, y representa una carga financiera considerable para el sistema de salud. Como agravante, se observa que el acceso a especialistas en migraña es difícil para la mayoría (58 %), lo que limita la atención adecuada. Por otra parte, solo el 3 % describió que los recursos del sistema de salud como adecuados; el 61 % consideró que los tratamientos son costosos o muy costosos y el 37 % indicó que el tratamiento estaba solo parcialmente cubiertos por el seguro.
Nivel de conocimiento de la enfermedad: el 19 % solicitó más información sobre opciones de tratamiento; el 15 % sobre educación general y el 13 % sobre cambios en el estilo de vida. Por otra parte, el 74 % no sabía que existían grupos de apoyo para migraña.
Con esta información, el equipo investigador plantea la necesidad de acciones coordinadas para abordar las barreras en el manejo de la migraña en la región. “Las soluciones efectivas requieren la colaboración de profesionales de la salud, responsables de políticas públicas, aseguradoras, empleadores, organizaciones de pacientes y la industria farmacéutica para mejorar el diagnóstico, el tratamiento, la educación y el apoyo a las personas que viven con migraña”, destaca el documento del informe regional.
Y, en una muestra que hemos sintetizado, junto con los llamados de atención propone:
- Reconocer la migraña como enfermedad neurológica mediante campañas públicas.
- Sensibilizar a autoridades y tomadores de decisión sobre su impacto sanitario y económico.
- Capacitar a médicos generales y de primera línea para reducir retrasos diagnósticos.
- Combatir el sesgo de género, validando los síntomas de las mujeres.
- Ampliar la cobertura y reducir costos de terapias farmacológicas y no farmacológicas.
- Incorporar salud mental al tratamiento integral de la migraña.
- Desarrollar apoyos para madres y familias que enfrentan crisis incapacitantes.
- Fortalecer la educación y redes de apoyo a pacientes, incluyendo asistencia financiera.
- Visibilizar grupos de apoyo y empoderar a los pacientes en su autocuidado.
- Adoptar adaptaciones laborales, como teletrabajo y espacios de descanso, para reducir el ausentismo.