Ya antes de la irrupción de la moderna quimioterapia antituberculosa, Canetti había expresado, con referencia al papel del bacilo y el organismo, que se deben conocer bien ambos componentes, sino seria como "escribir la historia de una guerra sin mencionar a alguno de los adversarios". De tal modo "se llega de la manera mas natural a inventar aquello que se ha despreciado estudiar, se hacen intervenir acciones y mecanismos oscuros, fuerzas imaginarias, influencias poco posibles y así se multiplica la parte de hipótesis inevitable en toda explicación", concluye Canetti (1).
La tuberculosis humana es una enfermedad antiquísima, que hasta mediados del siglo pasado solo se tenia de ella vagas ideas acerca de su etiología, patogenia y tratamiento.
Los trabajos de Villemin (18271892) y de Koch (18431910) fundamentaron - ambos por igual - la etiología y patogenia de la tuberculosis, iniciando el camino de la moderna tisiología.
Así se llega a mediados de esta centuria, con una pre-munición, BCG, bien establecida, aunque de discutido valor, y a una muy eficaz quimioterapia y antibiotioticoterapia. Trabajos fundamentales de Rene J. Dubos, a los que siguieron entre otros, los de Waksman, Domagk y Lehman, fueron los artífices de estos logros. Estas notables conquistas parecieron señalar, en las décadas sesenta y setenta, el fin de la tuberculosis.
Pero, desgraciadamente, quedaban problemas no resueltos en esa época, tales como el valor de la premunición con BCG, el papel de los fenómenos de hipersensibilidad, la diferencia entre "infección tuberculosa" y "enfermedad tuberculosa", la ignorancia de la interpretación puntual de factores - en que hizo referencia Canetti - todavía con plena vigencia en la génesis de la tuberculosis, tales como el "terreno", "defensas naturales", "predisposición", "determinantes ecológicos", "factores genéticos" entre otros, que estaban flotando en el horizonte de la tuberculosis. Luego se agregaron los de resistencia bacteriana a los antibióticos y quimioterápicos, y la muy reciente aparición del SIDA. Todo ello llevó al recrudecimiento actual de la morbimortalidad por tuberculosis, al mismo tiempo que los tratamientos habituales perdían, en gran parte, su valor terapéutico. Ejemplifica esto el hecho de que, según la Organización Mundial de la Salud, durante el año 1995 ocurrió el mayor número de muertes por tuberculosis en el mundo en relación a toda la historia de la humanidad.
Por esto se vuelve a reconceptuar la etiología de la tuberculosis, adquiriendo vigencia la conocida postulación: "el bacilo de Koch es causa necesaria pero no suficiente de la tuberculosis". Emerge así, una constelación de otras "causas" o "concausas" o "cofactores", que ya mencionamos, englobados en los "rótulos de ignorancia". Estos factores, descriptos hace medio siglo por Rist (2) en su magistral tratado Patogénesis de la Tuberculosis eran los que se invocaban para explicar porque el mismo germen, el bacilo de Koch, en unos organismos produce una tuberculosis progresiva que lleva a la muerte; en otros, una enfermedad de curso benigno y hasta de curación espontánea; en otros la "infección tuberculosa", que solo se manifiesta por marcadores inmunológicos; y en otros no produce nada.
La historia de la moderna quimioterapia de la tuberculosis comienza con Rene J. Dubos, quien, trabajando con Selman A. Waksman en Estados Unidos, estudió la actividad de las enzimas producida por gérmenes del suelo, sobre otros gérmenes. Así descubrió un poderoso agente antimicrobiano, la tirotricina, producida por el Bacillus brevis y también la gramicidina.
Estos pioneros trabajos de Dubos llevaron a Waksman a estudiar la producción por microorganismos del suelo, de sustancias activas sobre gérmenes patógenos. Así nació la estreptotricina y luego, con la colaboración de Schatz, en 1944, la estreptomicina. Feldman e Hinshaw, así como Pfuetze, fundamentaron ese mismo año, su empleo en tuberculosis. El ácido paraaminosalicílico (PAS) fue desarrollado por Jorgen Lehman, en 1943, basado en los trabajos de Bernheim sobre la acción estimulante sobre el bacilo de la tuberculosis, del ácido salicílico, y basado en el conocido principio de inhibición competitiva de sustratos.
La isoniacida o hidrazida del ácido isonicotínico, fue hallada por la búsqueda sistemática de derivados de las tiosemicarbazonas - débil tuberculostático desarrollado por Domagk a principios de la década del cincuenta - simultáneamente por los laboratorios de investigaciones de Hoffman La Roche, Squibb y Bayer. Los nombres de Dubos, Waksman, Lehman y Domagk jalonan así, el nacimiento de la moderna quimioterapia antituberculosa, desarrollada en la década que va del comienzo del cuarenta al cincuenta.
Publicado el 23 de octubre de 2001
Nuevas perspectivas
Empleo de los antioxidantes en tuberculosis
Para fundamentar el empleo de los antioxidantes en tuberculosis, es necesario referirse a aspectos básicos de la etiología, patogenia y epidemiología de esta enfermedad.
Autor/a: Académico Profesor Dr. Meny Bergel
Fuente: Revista de la Asociación Médica Argentina – 2000, 4, pag. 9