Viceversa
Por Nora Bär
El Premio Gruber, el Nobel de la cosmología, se otorgó este año a dos equipos de científicos que descubrieron cuál será el destino del universo.
¿Para qué sirve conocer qué sucederá... dentro de miles de millones de años?
Una respuesta factible sería que el cerebro humano se alimenta desesperadamente de la belleza del conocimiento. Claro que en épocas en las que impera la razón económica semejante argumento no parece muy convincente... Tal vez por eso, esta pregunta y otras similares (como, por ejemplo, "¿en qué nos afecta esto?") causan las desventuras de los investigadores que se dedican a la ciencia básica (y atormentan a los periodistas dispuestos a anunciar estas noticias en la sala de redacción).
Cédric Foellmi, un astrónomo de la Universidad de Grenoble que estudia los agujeros negros, ofrece una respuesta y traza un completo mapa de las aflicciones de muchos científicos en una carta abierta al presidente francés que acaba de publicar Le Monde .
"Observo las estrellas -dice-. Mi especialidad son las que se transforman en agujeros negros. ¿Sorprendente, no? Sin embargo, usted no se imagina hasta qué punto me necesita, señor presidente. (...) Seguro que usted ya utilizó un GPS. Y bien, un ingrediente esencial del GPS proviene directamente de la investigación básica que se llama relatividad general, descubierta por Albert Einstein. Es tan simple como eso: sin relatividad, no hay GPS."
En su carta, Foellmi pone sobre el tapete algunas de las discusiones más candentes de la ciencia actual: que para desarrollar ideas originales es necesario tener estabilidad ("Tenemos los mejores equipos de la historia de la humanidad, pero reflexionamos tan lentamente como en la antigüedad"); que el criterio de excelencia de la investigación no puede ser la rapidez de la ejecución de un proyecto, ni el número de patentes, sino la libertad de sus protagonistas ("Señor presidente -escribe-. ¿Cómo quiere que yo desarrolle una investigación de calidad si mi horizonte material es de dos años; es decir, el tiempo de realización de una sola idea?"); que "vincular la ciencia básica con sus aplicaciones industriales es destruir la primera hoy y la segunda mañana".
En estos días dominados por la utilidad económica, no está de más elogiar la inutilidad (aparente), madre de todas las ciencias.
Por Nora Bär
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